Algunas ciudades chilenas y sus canciones 2
En materia de ciudades y canciones, ya señalamos que Valparaíso es la ciudad chilena a la que más composiciones se le han dedicado. A sus muchas contradicciones, este puerto suma la de sus dos canciones más conocidas: el vals peruano “La Joya del Pacífico”, la más popular, la más festiva, la que mezcla la evocación de la niñez, el canto a la belleza de sus rincones y el amor a una “Porteña Buenamoza”. En las antípodas nos encontramos con “Valparaíso”, un vals lento, triste: “Y vino el temporal y la llovizna/ Con su carga de arena y desperdicio/ Por ahí pasó la muerte tantas veces/ La muerte que enlutó a Valparaíso/ Y una vez más el viento como siempre/ Limpió la cara de este puerto herido”. Estrenada en 1972, es obra del legendario cantor porteño Osvaldo “Gitano” Rodríguez, quien nos ofrece un Valparaíso “más real” sin dejar de declararle su afecto: “Pero este puerto amarra como el hambre/ No se puede vivir sin conocerlo…” (este “…no se puede vivir sin conocerlo…” es una proclama de amor incondicional).
Cuando Rodríguez estudiaba la carrera de arquitectura, le mostró la canción a un profesor, quien le hizo una observación respecto de la alusión a la pobreza. La propuesta del “Gitano” era: “Porque YO nací pobre y siempre tuve/ Un miedo inconcebible a la pobreza”, y el profesor le dijo: “Los pobres NO le tienen miedo a la pobreza, le tienen rabia, que es una cosa distinta; nosotros le tenemos miedo a la pobreza”. De ahí el cambio en la letra: “Porque NO nací pobre y siempre tuve/ Un miedo inconcebible a la pobreza”. En 1977, Aquelarre, uno de los grupos símbolos del movimiento del “Canto Nuevo”, grabó la que sería la versión más conocida de “Valparaíso”, esa que se escuchaba en radios, “peñas” y universidades en la década de 1980. “Yo no he sabido de su historia/ Un día nací allí, sencillamente/ El viejo puerto vigiló mi infancia/ Con rostro de fría indiferencia…”.
Si nos vamos al norte de Chile, nos encontramos con “Antofagasta”, un hermoso, melancólico y refinado vals compuesto en 1916 por Armando Carrera, músico profesional y pianista de cine mudo proveniente de Valparaíso. Con letra de Luis Rojas Gallardo, el vals es una historia de amor que ha quedado registrada por más de un siglo en la memoria de generaciones y generaciones de chilenos, una de las más bellas melodías que hemos escuchado a lo largo de nuestra vida. Se cuenta que la composición habría llevado originalmente por título “Rebeca”; lo cierto es que en ninguno de sus pasajes se nombra a la ciudad de Antofagasta y es, entre muchas otras canciones dedicadas a la “Perla del Norte”, la más representativa. “¡Oh! dulce amor mío/ dancemos este vals/ y olvida las penurias/ que trae en su compás/ Tú, nunca te olvides/ del hombre que te amó/ el que con voz sonora/ amores te juró”. Sus grabaciones más conocidas son las del propio Carrera al piano y la del cantante Fernando Trujillo, con el acompañamiento de la orquesta de su hermano Valentín.
En 1968, en Coquimbo, nacen los Viking’s 5, encabezados por el percusionista Juan Núñez, que a poco andar incorpora a su vocalista histórico hasta 2001: su hermano Onofre “Chagua” Núñez. Iniciadores en Chile de la cumbia electrónica, registran su primer álbum para el sello Odeón en 1972. Entre los éxitos históricos de los “Vikings” encontramos precisamente “De Coquimbo soy”, una adaptación que hiciera “Chagua” Núñez de la cumbia “Canto a Colombia”. La composición forma parte del álbum “Cumbias riquitas”, de 1976, y, desde entonces, con su ritmo contagioso y melodía pegajosa, es el himno popular de la ciudad de Coquimbo. “De Coquimbo soy/ Y vengo cantando/ Este guaguancó/ Con sabor cubano… Yo soy coquimbano/ Con buenaventuras/ Y traigo en mis manos/ La buena fortuna”.




