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Catástrofe.plop III

Por Diego Benavente Viernes 28 de Agosto del 2026

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La increíble crisis climática que se ha estado experimentando en gran parte del país, desde Atacama hasta Los Lagos, que ha provocado millonarios daños, me trae a la memoria que en junio de 2000 y de 2024, en un espacio como este y otro medio de comunicación, se me publicaron columnas titulada como la actual, de ahí que ahora le agregamos el número III. En ellas comentábamos lo que las catástrofes naturales dejan en evidencia en nuestro país. Cual es, una serie de debilidades respecto a la ubicación de determinada infraestructura, viviendas e incluso a veces edificios y poblaciones, las cuales muchas veces se han construido irresponsablemente en antiguas zonas de inundación por crecidas de ríos, los cuales cada cierto tiempo y conforme al clima y pluviometría, vuelven a retomar sus antiguos cauces e inundan las mismas áreas que siempre han inundado cada 10, 30 o 50 años. Esto también se produce con los terremotos y otros fenómenos como las erupciones, en general rara vez aprovechamos la experiencia de las catástrofes para corregir nuestras conductas y aplicar medidas que eviten correr riesgos innecesarios. Esta reciente crisis climática es una prueba palpable de aquello. Asimismo para los temporales de julio del 2006 también lo denunciamos en otra columna denominada “Planificación cero”. Y en aquel entonces decíamos “parece que somos secos para tropezar con los mismos peñascos”, y lo triste es constatar que la telenovela continua en la actualidad. Habría que agregar que nuestras elites de todo tipo y en especial políticas, no aprenden ni a cachuchazos. Y como no aprenden, aprovecho de repetir a continuación lo expresado en la última columna de junio de 2024.

“Si bien la primera responsabilidad corresponde a quien construye en lugares sujetos a riesgos, una gran responsabilidad y no menor, recae en los municipios, ministerios y servicios encargados de regular estos aspectos, en particular en los profesionales que avalan este tipo de construcciones. No se puede dejar crecer la capital y las ciudades hasta el infinito, construir un paso bajo nivel sin contemplar la evacuación de las aguas lluvias o radicar un campamento, por muchos votos que estén en juego, en un lugar que es inundado por crecidas de río, esteros o tiene riesgos de verse afectado por cualquier tipo de catástrofe natural.” En aquel entonces, es decir hace 26 años, decíamos que era hora de usar la experiencia, identificando las distintas zonas con posibilidades de ser afectadas por cualquier tipo de catástrofe natural o remoción en masa, no sólo en el plano regulador sino también mediante letreros metálicos, difíciles de derribar, como hitos visibles “in situ” que lo anuncien y además estipulen sanciones, para que, quienes tengan la memoria frágil, no se atrevan a ocuparlos. Adicionalmente se debería legislar para que en cada obra de infraestructura pública o población, se incorpore un placa metálica en un lugar visible y alto, sobre el nivel de inundación, con la nómina de los ingenieros y arquitectos que calcularon, revisaron y visaron la respectiva obra, tanto de la empresa privada que construyó las obras, como del sector público que lo revisó y recepcionó. Esto permitirá a los medios de comunicación denunciar gráfica y responsablemente este tipo de situaciones y no sólo buscar el impacto público que provoca la desgracia humana.

Espero que en los próximos años no tenga que volver a escribir nuevas columnas tituladas con Catástrofe.plop IV o V, ¿quien se atreve a apostar?

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