“Dos tercios de las personas que tuvieron una conducta suicida nunca habían pedido ayuda”: el llamado de la jefa de Salud Mental de Magallanes
Un dato resume el principal desafío que enfrenta la salud mental en Magallanes, y a la vez encierra su mayor esperanza: la mayoría de las personas que han llegado a una conducta suicida en la región nunca pidió ayuda. “Dos tercios de ellos no habían tenido ninguna atención de salud”, advierte la psiquiatra Tamara Ojeda Uribe, jefa del Departamento de Salud Mental del Servicio de Salud Magallanes, quien insiste en que ese es, precisamente, el punto donde se puede intervenir para salvar vidas.
En conversación con la Prensa Austral, la especialista plantea que su llegada a la región le ha mostrado dos realidades. Una técnica -el funcionamiento de la red, la demanda, el acceso a tratamiento- y otra más subjetiva, ligada a la percepción de la comunidad. “Hay una particular percepción de que hay gran prevalencia de malestar, de dificultades con el consumo de alcohol y drogas, y de violencia en las comunidades, en la familia y en los espacios laborales”, señala, un malestar que -dice- se percibe en aumento desde la pandemia.
El problema, plantea, es que ese malestar muchas veces no se canaliza hacia los espacios de salud. “Las personas que han tenido riesgo de suicidio y tomaron una conducta suicida no habían pedido ayuda. La situación avanza y empeora hasta llegar a un punto crítico”, explica. Por eso, el foco del trabajo está en reforzar la primera consulta: “Que las personas que hoy están pasando por una situación crítica se atrevan a acercarse a los equipos de salud, a pedir ayuda, a iniciar un tratamiento, para que su situación no avance a la gravedad que finalmente debuta con una muerte por suicidio”.
La doctora es enfática en desmontar la idea de que el malestar debe soportarse en silencio. “Las enfermedades mentales -la depresión, los trastornos ansiosos, del sueño, las adicciones, los del ánimo- tienen tratamiento, se mejoran. No significa que uno tenga que soportarlo indefinidamente. Todas tienen un abordaje y un manejo que existe y está disponible acá en la región”, subraya. A su juicio, el principal obstáculo sigue siendo el estigma, que “impide a las personas transparentar” lo que les pasa.
Una red sin lista de espera
Ojeda detalla que la atención de salud mental está presente en todos los niveles de la red regional: desde la atención primaria hasta el nivel especializado -el Cosam Miraflores en Punta Arenas y el CAE del Hospital de Puerto Natales- y la hospitalización en el Hospital Clínico de Magallanes, único recinto con psiquiatras para los casos más críticos. El sistema opera con consultorías mensuales en las que un psiquiatra visita los centros de salud para evaluar casos y reforzar a los médicos generales.
En ese punto, la especialista destaca una particularidad regional. “Hoy no existe una lista de espera para acceso a psiquiatría que limite temporalmente; puede ser de un mes para otro, quizás, pero no hay una lista de espera como en el resto del país”, afirma. También precisa que la región cuenta con una oferta “casi completa” de dispositivos de tratamiento de adicciones y patología dual, en convenio con Senda, tanto en Punta Arenas como en Puerto Natales, y que se trabaja en mejorar -vía telemedicina- el acceso de quienes viven en Porvenir y Puerto Williams.
Cómo pedir ayuda:
la línea *4141
La especialista explicó el funcionamiento de la línea de prevención del suicidio, el *4141, un número gratuito atendido por profesionales capacitados que brindan una primera contención a quien atraviesa una crisis -no necesariamente suicida- y evalúan el nivel de riesgo. Ese llamado, además, activa la red regional: cada dispositivo de salud de Magallanes cuenta con un “referente de prevención del suicidio”, que monitorea a diario tanto los reportes de la línea como las notificaciones de las urgencias, y deriva a la persona a una atención priorizada, sin tener que esperar los tiempos habituales.
En ese marco, Tamara Ojeda planteó una meta que ilustra su enfoque: aumentar los llamados a la línea. El año pasado se registraron 122 llamados al *4141 en la región. “Mi meta es que para fin de año tengamos más de 122, pero no porque haya más gente mal, sino porque hay personas que decidieron pedir ayuda”, señala. La doctora precisa que, cuando una situación es de riesgo vital inminente, se activa el protocolo de emergencia -incluida la ambulancia-, ya que “si una persona devela un riesgo vital inminente, uno ya no puede respetar el secreto médico: tiene que proteger la vida”.




