Soberanía, desmentidos y el desafío logístico en el Estrecho
Las recientes declaraciones del ministro de Defensa de Argentina, Carlos Presti, volvieron a encender la polémica bilateral al asegurar que existen patrullajes militares combinados entre Chile y Argentina en el estrecho de Magallanes y en el Mar de Drake.
La respuesta del Gobierno chileno fue inmediata y categórica: tanto el Presidente de la República, José Antonio Kast, como el ministro de Defensa, Fernando Barros, desmintieron de manera tajante la existencia de patrullajes conjuntos en el paso interoceánico, recordando que toda embarcación que navegue por el estrecho exige obligatoriamente la presencia de un práctico chileno y reafirmando que la soberanía nacional sobre dicho territorio es indivisible y no está sujeta a discusión.
El ministro Barros detalló que la cooperación naval entre ambos países se limita a dos acuerdos específicos: la Patrulla Antártica Naval Combinada (PANC) -que opera por turnos estivales en aguas internacionales fuera de jurisdicción chilena para atender emergencias marítimas- y el ejercicio Vikerén en el Canal Beagle, sin que ninguno implique patrullajes compartidos en las aguas del estrecho de Magallanes o del mar de Drake.
Sin embargo, la controversia puso de manifiesto un segundo frente estratégico, cual es la intención declarada de Buenos Aires de potenciar Ushuaia y la Base Antártica Petrel como un polo logístico para competir directamente con Punta Arenas, ciudad desde donde actualmente entre 25 y 30 países inician sus campañas antárticas.
Ante este escenario, autoridades locales como el alcalde Claudio Radonich y los senadores Alejandro Kusanovic y Karim Bianchi coincidieron en que Chile no puede quedarse en los laureles y exigieron acelerar las inversiones públicas pendientes en el puerto de Punta Arenas, los terminales aéreos regionales y la infraestructura aeroportuaria en la Antártica y Puerto Williams.
Más allá de algunas aclaraciones desde el otro lado de la cordillera, la postura argentina sobre el extremo austral, en particular el estrecho, el Mar de Drake y la proyección antártica, está clara. Es indudable que los lazos seguirán tensionándose, mientras Argentina apueste a contar con el respaldo circunstancial de los gobiernos de Estados Unidos e Israel.
La soberanía sobre nuestro territorio no sólo se defiende con desmentidos diplomáticos, sino consolidando a Magallanes como la puerta de entrada indispensable al Continente Blanco mediante inversión estatal y desarrollo territorial.




