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A cuarenta años de su fallecimiento

Armando Braun Menéndez, posiblemente el primer gran historiógrafo magallánico

Domingo 4 de Octubre del 2026

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or sorprendente que parezca, la serie de eventos oficiales realizados en Punta Arenas para conmemorar el bicentenario de Chiloé refrendado en la incorporación del archipiélago a la República de Chile en 1826, junto con celebrar un nuevo aniversario de la Toma de Posesión del estrecho de Magallanes y sus tierras adyacentes, hazaña consumada por la goleta Ancud y su tripulación, el 21 de septiembre de 1843, nos hizo recordar la figura de Armando Braun Menéndez, posiblemente, el primer gran historiógrafo magallánico.

En la velada de gala del Teatro Municipal José Bohr, el domingo 20 de septiembre, como en el acto celebrado el día lunes 21 a los pies del monumento a la goleta Ancud, distintas autoridades de gobierno, parlamentarios, gobernadores y alcaldes, manifestaron en sus respectivos discursos, frases repetidas por la clase política en los últimos años, pero que nos sirve de excusa para hacer una reseña sobre este autor, fallecido en Buenos Aires hace cuatro décadas, el 1 de octubre de 1986.

Recuento bibliográfico

En el último tiempo, a excepción de los artículos publicados por Marino Muñoz Agüero en su tradicional columna de El Magallanes, no recordamos -salvo cuando se le critica por su posición conservadora nacionalista, su pasado familiar o por la omisión que se observa en su obra acerca de la desaparición de los pueblos originarios de Tierra del Fuego- , escritos que se refieran a la posible contribución de su trabajo historiográfico sobre una comprensión de lo que significa el ser ‘magallánico’.

El académico Ernesto Livacic Gazzano en su clásico trabajo, “Historia de la literatura de Magallanes” nos hace ver que, Armando Braun Menéndez con su dominio de las fuentes de información, su estilo magistral, pulcro y ameno, fue el primer autor en despertar el interés de la comunidad austral por conocer su pasado.

Antes que él, se conocieron trabajos de indudable valor histórico entre otros, en las figuras de Robustiano Vera, “La colonia de Magallanes y Tierra del Fuego” (1897), “Censo general del Territorio de Magallanes” (1908) tomos 1 y 2 de Lautaro Navarro; “Magallanes en 1925” (1925) tomos 1 y 2 de Manuel Zorrilla, pero, se trataba de obras únicas y específicas, mientras que, lo de Braun Menéndez respondía a un intento sistemático de dar a conocer nuestro patrimonio histórico. 

Nacido en Punta Arenas el 19 de septiembre de 1898 era uno de los hijos del matrimonio entre Mauricio Braun Hamburger y Josefina Menéndez Behety. Al respecto, en un artículo publicado en el suplemento literario de El Magallanes con motivo de cumplirse el primer mes de su fallecimiento, el escritor Osvaldo Wegmann recordaba una conversación donde Armando Braun le aseguraba que había llegado a este mundo en una vieja casona ubicada al frente de la Plaza de Armas Benjamín Muñoz Gamero, aunque su domicilio particular era el palacio que hoy día cobija al Museo Regional de Magallanes, al que solía visitar todos los veranos en compañía de su esposa y alguna de sus hermanas, por lo menos hasta comienzos de los años 80s, cuando la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos, Dibam, se hizo cargo para su reacondicionamiento e implementación.

Los estudios primarios y secundarios los efectuó en Punta Arenas, Valparaíso y Ginebra, en Suiza. Después ingresó a la Universidad de Chile donde se tituló de abogado en 1923. La revista Argentina Australndio a conocer en 1931 su primera publicación de carácter ensayístico-histórico: “De cómo la Patagonia hubo de ser una monarquía”. Varios de los más de dos centenares de artículos impresos en ese medio escrito fueron ampliados, convertidos más tarde, en libros y monografías que revelaron el carácter y el estilo del futuro historiador: a partir de episodios olvidados o subestimados por la mayoría de los académicos, Braun Menéndez va rescribiendo los hechos como si se tratara de una novela histórica con tintes de ficción.

Ejemplo de lo que esbozamos, además de ser su primer trabajo de este tipo fue, “El Motín de los Artilleros”, texto publicado en 1934 en que el autor, motivado por los relatos de miembros de su propia familia que vivieron la tragedia, revisó informes de funcionarios, memorias de gobernadores, copias de las piezas de los dos procesos instruidos en torno a la insurrección; leyó íntegro el diario de sesiones de la Cámara de Diputados, las editoriales de los diarios de Santiago y Valparaíso con la declaración de sus corresponsales en Punta Arenas; además, de numerosas cartas escritas por particulares, así como el relato de sobrevivientes. 

Braun Menéndez va estableciendo en la narración las causas y la participación de la guarnición, quienes, coludidos con los reos, originaron el motín en la noche del 12 de noviembre de 1877; determina las casas y espacios destruidos; la cantidad de víctimas fatales, los heridos, los prófugos de la justicia. Describe en detalle el posterior fusilamiento de nueve implicados, incluidos los tiros de gracia a dos de ellos en pleno centro de Punta Arenas. En “El Motín de los Artilleros” se puede encontrar el mejor y más completo perfil psicológico del fraile franciscano Mateo Matulski, -perteneciente a la orden de los mercedarios, según Braun- , y su actuación en los interminables días previos al ajusticiamiento masivo del 18 de marzo de 1878.

En ocasiones, las investigaciones del autor se amplifican en anexos con citas y comentarios a pie de página, que esclarecen lo contado en capítulos previos. En “El Motín de los Artilleros” se agrega una quinta parte, analítica y explicativa de las causas generales y determinantes del estallido con sus consecuencias en el progreso de Punta Arenas. En la página 161 (2da edición de 1972) hallamos un dato esencial: el 1 de diciembre de 1877 el gobierno de Aníbal Pinto decidió quitarle a Punta Arenas su condición de colonia penal, lo que significa que, el decreto emitido por el gobierno de Manuel Montt el 8 de julio de 1853 que convertía el asentamiento -luego del motín de Cambiazo- , en territorio de colonización, no tuvo los efectos esperados, porque Punta Arenas tuvo un doble standard y continuó durante un cuarto de siglo más, como recinto penal y lugar para colonizar, lo que retrasó considerablemente su desarrollo.

Una de las características más acusadas de la obra de Braun Menéndez es la construcción de un gran hecho histórico a partir, de antecedentes pequeños, casi pueriles. Aquello se percibe con mayor nitidez en sus posteriores trabajos. Entre 1936 y 1939 se publicaron los breviarios conocidos como “Pequeñas historias”. El primero de ellos, “Pequeña historia Patagónica”, es un texto donde el autor ahonda en la ocupación efectuada por los gobiernos argentino y chileno sobre el mítico territorio de la Trapalanda, enunciada en cartas reales y en documentos eclesiásticos. Armando Braun no tiene reparos en alabar la preocupación materializada por distintas administraciones trasandinas en el poblamiento de la Patagonia oriental, especialmente de la provincia de Santa Cruz.

El caso de “Pequeña historia Magallánica”, (1937) es diferente. El autor parecía obsesionado con las expediciones europeas al estrecho de Magallanes cuando escribió una monografía presentada en el cumpleaños N°75 del historiador y rector de la Universidad de Chile, Domingo Amunátegui Solar, intitulada “Las cuatro fundaciones magallánicas”, las dos primeras llevadas a cabo por el célebre navegante Pedro Sarmiento de Gamboa. El dramático final de “Nombre de Jesús” y “Rey don Felipe”, suponen el punto final en el intento del imperio español de fortificar el estrecho cerrando el paso a embarcaciones enemigas de la corona hispana. Por el contrario, los últimos dos levantamientos, “Fuerte Bulnes” y “Punta Arenas”, señalan el triunfo de la voluntad chilena en su anhelo de extender la soberanía al austro y Tierra del Fuego. Aquí Braun Menéndez se pregunta si el éxito chileno en comparación a lo acontecido por los ciudadanos españoles, se debe a la suerte o, al hecho de que, la llegada de la goleta Ancud estaba asegurada por la presencia del elemento chilote, conocedor de los bravíos mares australes.

En el libro se insertan, además, seis acontecimientos acecidos en Punta Arenas y un capítulo exclusivo dedicado al llamado ‘Abrazo del Estrecho’ referido al encuentro sostenido el 15 de febrero de 1899 entre los presidentes de Chile Federico Errázuriz Echaurren y su par de Argentina, Julio A. Roca. La relación de Punta Arenas y su génesis en el estrecho de Magallanes lleva a Braun Menéndez a la conclusión de que nuestra ciudad, -al igual que Valparaíso-, se creó espontáneamente, careciendo de un acta o decreto que establezca una fecha de fundación oficial. Esta interesante idea fue plasmada en varios artículos en medios escritos trasandinos, aunque existe una publicación de La Prensa Austral verificada el 21 de septiembre de 1977 con el siguiente titular: “Punta Arenas es ciudad espontánea sin fundación”.

Al igual que sus obras anteriores, un artículo aparecido en la revista argentina Atlántida denominado “Tierra del Fuego” fue el motivo central que inspiró la impresión en Buenos Aires (como la mayoría de su obra) de su “Pequeña historia Fueguina” en 1939. En su concepto, cuatro son los hitos principales de la isla, por donde transitaron navegantes y sabios del calibre de Parker King, Fitz Roy, Darwin, Gardiner, Despard, Stirling, Bridges, Fagnano, Beauvoir: primero, los dibujos de los exploradores europeos imaginando Tierra del Fuego; segundo, la llegada de estos aventureros tratando de sacar provecho del territorio; tercero, el descubrimiento de bellezas naturales que sólo en el fin del mundo se pueden encontrar; cuarto, la actividad de misioneros católicos y protestantes con los indígenas.

La trilogía tuvo su corolario final con la aparición en 1971 y 1974 de dos nuevos breviarios: “Pequeña historia Austral” con relatos de famosos navegantes en la conquista del estrecho de Magallanes, tanto de corsarios y piratas, como también, de grandes exploradores científicos y “Pequeña historia Antártica”, que recupera los viajes de expedicionarios polares como Amundsen, Scott, Shackleton y el Piloto Pardo, quienes demostraron, que Punta Arenas era el principal puerto logístico y de conexión con el continente helado.

Armando Braun Menéndez publicó otros libros no menos importantes. “El reino de la Araucanía y la Patagonia” en 1945; “Cambiazo. El último pirata del estrecho” en 1971, trabajo que incorpora el expediente de la causa criminal y el testimonio del capitán Chas Brown, documentos que faltaron a Benjamín Vicuña Mackenna cuando elaboró su famoso libro sobre la sublevación en Punta Arenas y “Mis memorias del año veinte”, texto autobiográfico editado en 1979.

Fuerte Bulnes

Como dijimos, las conmemoraciones de este año nos recordaron, en particular esta obra de Armando Braun Menéndez, a nuestro juicio, la más importante de este autor.

¿Por qué es significativo este libro? Principalmente, porque recrea la epopeya de la goleta Ancud, su construcción, el viaje hacia el estrecho de Magallanes y el drama que implicó para la tripulación, la construcción del Fuerte Bulnes, primer emplazamiento chileno en el fin del mundo, careciendo de zapatos y de calzado adecuados. El autor destaca el hecho de que, la expedición de la Ancud tuvo un carácter militar, algo que muchos historiadores disfrazan, confunden, u omiten.

La gente suele hacerse la idea de que la llegada del primer contingente de chilotes fue inspirada en la aventura de un grupo, olvidando que el viaje de la Ancud fue planificado desde La Moneda en Santiago y dirigido desde Chiloé por el intendente Domingo Espiñeira. Armando Braun Menéndez aporta interesantes detalles sobre la personalidad de gobernadores y las terribles condiciones de vida que soportaron los primeros pobladores de Fuerte Bulnes, quienes debieron luchar no sólo contra las inclemencias del tiempo, sino también, con plagas de miles de ratones que hicieron casi imposible la existencia en punta Santa Ana.

Junto con agregar reproducciones de los planos originales del Fuerte Bulnes, de precisar las características de la goleta Ancud y de anexar el tratado de comercio suscrito entre la colonia y la etnia aonikenk, Braun Menéndez menciona el incendio del 8 de marzo de 1848 que destruyó la mitad de los edificios del enclave, y que, en cierto modo, fue la ayuda providencial que tuvo el gobernador Mardones, para reconstruir la colonia en el lugar que juzgara más apropiado. Por sus páginas, sabemos del apoyo como transporte de víveres, que el bergantín Cóndor al mando del teniente 1° Patricio Lynch realizó en el traslado a Punta Arenas.

El destino final de Fuerte Bulnes sigue siendo un misterio, pese al epílogo que le dedica el autor en su libro, y la descripción efectuada de los restos de la empalizada por el teniente Skogman, de la fragata de guerra sueca Eugenia, cuya tripulación estuvo en el lugar, en el verano de 1852.

¿Feriado regional
y nacional?

A propósito de los eventos del mes pasado, nos parece necesario señalar que además de los asuetos decretados para el 21 de septiembre en 2017 y 2024 hubo otro, establecido por el presidente Juan Antonio Ríos que tuvo fuerte connotación simbólica, porque se materializó para las fiestas del primer centenario de la Toma de Posesión del estrecho de Magallanes en 1943. Por razones de agenda, el presidente no pudo asistir en septiembre, de modo que la conmemoración se reprogramó para el verano de 1944.

Escribimos dos artículos para El Magallanes publicados los domingos 11 y 18 de febrero de 2024 aludiendo a los ochenta años de esa conmemoración. No es primera vez que se realiza una celebración en que se reconoce la gesta de la goleta Ancud y del pueblo chilote como afirmaron algunas autoridades en los actos últimos. En 1944 el presidente de la República llegó acompañado de casi todos sus ministros, subsecretarios, altos mandos de las Fuerzas Armadas y Carabineros. Periodistas de los más importantes medios periodísticos de la capital cubrieron las actividades durante varios días.

Se reinauguró el Fuerte Bulnes, obra arquitectónica que demoró tres años su reconstrucción; se estrenó el monumento al Ovejero y el monolito a Juan Williams. La comunidades británica y uruguaya no se quedaron atrás y obsequiaron grandes esculturas a la ciudad: el asta monumental en la Plaza de Armas Benjamín Muñoz Gamero y del obelisco en Colón y Avenida España. La Municipalidad reabrió para uso público la Plaza Lautaro, ubicando la piedra de mármol que estaba frente a la catedral traída por Pascual Ríspoli (Pascualini) desde la isla Cambridge y entregó remozada la Plaza Sampaio. Hubo concursos literarios, exposiciones ganaderas e industriales; incluso, el general Ramón Cañas Montalva se dio el gusto de presentar a su audiencia el flamante estudio de radio Militar Austral con nuevos equipos de sonido. El presidente Ríos colocó la primera piedra de dos obras icónicas: para la construcción de la población Punta Arenas, llamada de Carabineros por la gente, en el Barrio Yugoslavo y del futuro Grupo Escolar del Barrio Prat, obra acometida por la Sociedad Constructora de Establecimientos Educacionales.

Se espera que el próximo 21 de septiembre sea feriado en Magallanes y Chiloé, para instaurar a futuro, una conmemoración nacional con acuerdos de cooperación cultural, económica y técnica entre los gobiernos regionales y con municipios del archipiélago y de nuestra región.

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