¿Qué diablos es el crimen organizado?
Una definición que puede no ser exacta -pues ha sido entregada por la inteligencia artificial- señala que:”El crimen organizado es la actividad delictiva desarrollada de manera coordinada y sostenida en el tiempo por un grupo de personas que se organiza para cometer delitos y alcanzar un beneficio o propósito común, mediante una estructura que puede ser jerárquica o flexible y en la que sus integrantes pueden cumplir distintas funciones”. Más allá de la precisión jurídica de esta definición, es una idea que cuesta comprender desde el lenguaje común, desde el vulgo. Siendo este un problema del que ya se ha hablado majaderamente -tanto, que pareciera que corremos el riesgo de normalizarlo- puede enfrentarse, o al menos conversarse, desde una perspectiva bastante más simple. Y es precisamente la que planteamos a continuación.
Pensemos en la colusión. En Chile hemos conocido varios casos y algunos de ellos han involucrado a importantes empresas y ejecutivos que, en lugar de competir, se han coordinado para obtener determinados beneficios. Entonces surge una pregunta incómoda, pero interesante: ¿La colusión, cuando supone personas que se organizan, coordinan sus acciones, mantienen esa conducta en el tiempo y persiguen un beneficio económico ilícito, no comparte algunos de los elementos que asociamos al crimen organizado? O, dicho de manera más directa: ¿Por qué cuando pensamos en crimen organizado imaginamos inmediatamente narcotráfico, armas o bandas criminales, pero rara vez pensamos en personas de traje y corbata coordinándose para infringir la ley?. Son delincuentes o no?.
Así, están los casos de Farmacias (2007–2008); Cruz Verde y Salcobrand que fueron condenadas por coordinación de precios de medicamentos; Farmacias Ahumada había reconocido los hechos mediante conciliación -lo que en mi opinión no elimina la falta o delito- . Agrosuper, Ariztía y Don Pollo fueron condenadas por un acuerdo que involucró la producción y asignación de cuotas de mercado; CMPC y SCA/PISA acordaron cuotas de mercado y precios de productos como papel higiénico, servilletas y toallas de papel; Cencosud, SMU y Walmart fueron condenadas por una práctica concertada destinada a fijar precios mínimos de venta de carne de pollo fresca; diversas compañías navieras participaron en acuerdos relativos al transporte marítimo de vehículos hacia Chile; también se han acreditado colusiones vinculadas a licitaciones públicas de medicamentos inyectables y suero fisiológico. Y sigue y sigue.
No estaremos en presencia del crimen organizado?. Si esta es una actividad delictiva desarrollada de manera coordinada y sostenida en el tiempo por un grupo de personas que se organiza para cometer delitos y alcanzar un beneficio o propósito común, mediante una estructura que puede ser jerárquica o flexible y en la que sus integrantes pueden cumplir distintas funciones. Este listado presenta una conducta que desde el punto de vista del bulgo, pareciera crimen organizado. Existen organizaciones con personas que se coordinan durante años, de lo cual es imposible tomar la hebra para verificar el principio, actúan concertadamente y de esa forma infringen deliberadamente la ley, obtienen beneficios económicos, perjudicando a miles de consumidores y sin embargo no forman parte de aquello que, en el lenguaje común, llamamos crimen organizado. Claro alguien me dirá que históricamente el derecho de la competencia trató la colusión principalmente como un problema de funcionamiento de los mercados, y así, la ley por curiosa coincidencia, la deja de lado pues esta diferencia parece que les conviene a algunos. Sospechosa la cuestión.




