Necrológicas

Crisis en el recambio generacional

Por Eduardo Pino Viernes 30 de Octubre del 2026

Compartir esta noticia
34
Visitas

Cada vez la realidad demográfica resulta más alarmante en muchos países, especialmente desarrollados. La pérdida de interés en asumir roles de maternidad o paternidad ha dejado de ser un fenómeno pasajero para instalarse como una tendencia que traerá consecuencias sociales y económicas difíciles de evaluar. Cuando la tasa de recambio generacional de la población disminuye respecto al mínimo que permite mantener el equilibrio entre las generaciones, ósea 2 hijos por pareja, la consecuencia inevitable es que la cantidad de adultos mayores será cada vez más abundante en contraste con los infantes.

El año pasado el Ine informó que la cifra de nuestra tasa de recambio generacional fue de 0,99; menos de la mitad del mínimo, lo que resulta consistente con la tendencia de no desear tener hijos por parte de muchos jóvenes, además de aumentar considerablemente las familias que contemplan un hijo único. Entre las razones que se argumentan están el privilegiar un desarrollo personal y profesional, lo oneroso de criar hijos contextualizado en un ambiente donde la incertidumbre de todo tipo pareciera ser la característica de nuestros tiempos, la creencia que el mundo se encuentra ante muchas amenazas como para pensar traer a un hijo al mundo o que los roles de crianza se presentan de manera muy inequitativa, por lo que las mujeres tendrían mayores resistencias debido a que se llevarían gran parte del trabajo en contraste con los varones.

Pero una de las razones que más llama la atención para desistir de asumir el rol materno o paterno es la percepción de cómo debería ser la crianza de los hijos. Lo que en décadas pasadas resultaba natural y se iba desarrollando a medida que la experiencia se presentaba, es decir se iba aprendiendo a ser mamá o papá, ahora parece abrumar en demasía a las nuevas generaciones. La ansiedad de equivocarse y enfrentar los problemas típicos de hacerse cargo de una nueva vida ya no parecen evaluarse como un costo necesario de asumir, especialmente porque la influencia de las redes nos muestra realidades perfectas a las que quedamos expuestos. Hace décadas nuestra crianza era vista, parcialmente, por personas cercanas en diferentes niveles, desde familia hasta amistades, por ejemplo. Hoy con jóvenes (y otros no tanto) que postean y comparten muchas de sus actividades, e incluso lo que comen, de manera frecuente para mostrar su cotidianeidad con límites difusos respecto a su alcance, no resulta lejano inferir que si deben asumir una crianza resultaría inevitable compartirla con una gran cantidad de personas que evaluarán la perfección con que se asumirían las tareas de cuidado, estimulación, protección, enseñanza y afecto. El miedo de equivocarse, de mantener una fidelidad entre lo que se pensaba debía ser y hacer un(a) buen(a) cuidador(a) en contraste con lo que sucederá en la realidad, en un escenario donde cualquier crítica duele más de lo conveniente; parecieran llevar a la omisión de trascender en el tiempo al quedar una parte de nosotros en este planeta cuando dejemos de existir.

Todos los incentivos ofrecidos para aumentar la natalidad en países desarrollados han resultado inútiles. La decisión sigue siendo personal respecto a los intereses y necesidades que cada persona legítimamente posee. Y es que no puede ser de otra manera, la importancia de asumir de manera libre y convencida uno de los roles más relevantes (probablemente el más importante en nuestras vidas), da por resultado uno de los aprendizajes más completos y desafiantes de sí mismo. Ser padre o madre es un complejo laboratorio de experiencias que nos da cuenta de un proceso fascinante y único, donde querer o creer que se tiene todo asegurado desde el principio para lograr la perfección es sólo una utopía que nos refleja lo humanos que somos. Si recuperamos para las nuevas generaciones esa motivación de permitirse cometer errores, descubrir virtudes y falencias, experimentar sentimientos únicos y encontrar en la vida un sentido que va más allá de la propia individualidad; podríamos ver el futuro con mucho mayor optimismo.          

Pin It on Pinterest

Pin It on Pinterest