Necrológicas

Dos acontecimientos de la aviación regional que marcaron un 1 de noviembre

Lunes 2 de Noviembre del 2026

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Recordamos que, en la niñez, la gente se preparaba con antelación para ir al Cementerio Municipal a visitar a sus familiares; en torno a los bandejones ubicados entre calles Maipú y capitán Guillermos se colocaban numerosos puestos ofreciendo flores. Las personas convergían en masa hacia la necrópolis desde distintos lugares de la ciudad.

En esa época, digamos unos cincuenta años atrás, al día 1 de noviembre se le decía ‘de Todos los Santos’, aunque yo no sabía bien por qué. Papá repetía a veces, que se conmemoraba un aniversario más del descubrimiento del estrecho de Magallanes. Cuando empecé a ir a la escuela y luego al liceo, lo tuve más claro. Después de esperar desde el 21 de octubre de 1520 con las naos Trinidad y Victoria en el sector que denominó como de ‘las once mil vírgenes’ (hoy cabo Vírgenes) que las otras dos naos, Concepción y San Antonio regresaran de su viaje exploratorio y le comunicaran la esperada noticia de que, al parecer existía una salida que conectaba ese mar con el Océano Pacífico, Hernando de Magallanes, un navegante portugués al servicio de España, dio la orden, el 1 de noviembre de 1520, de ingresar y recorrer el canal que hoy lleva su nombre.

El sacerdote salesiano argentino Lorenzo Massa asegura en su “Monografía de Magallanes” (1945), que Antonio Pigafetta, el cronista de la expedición, bautizó aquel paso marítimo con el nombre de ‘estrecho de los Patagones’ y escribió en su famosa bitácora: “creo que no hay en el mundo un Estrecho mejor que éste”. En algunos libros impresos del siglo XVI se encuentra el nombre fabuloso de: ‘estrecho de la cola del Dragón’, mientras que, otras publicaciones le llamaron ‘estrecho de la victoria’; en tanto, el ilustre marino y capitán español Pedro Sarmiento de Gamboa, un devoto de la Virgen María, le dio el nombre de ‘estrecho de la Madre de Dios’. Lo cierto es que, si bien, Magallanes le entregó el nombre de ‘estrecho de Todos los Santos’, la Junta de Yelbes-Badajoz que estudiaba las dimensiones del Planeta Tierra, lo denominó también, como ‘estrecho de las Molucas’, pero, fueron finalmente, los distintos navegantes que surcaron sus aguas, los que le llamaron ‘estrecho de Magallanes’, nombre con el que fue conocido en Europa por cartógrafos e historiadores, quedando así para la posteridad.

Con el tiempo, el 1 de noviembre ha ido perdiendo importancia como fecha de conmemoración histórica, remplazado por el 21 de octubre e institucionalizado como Día de la Región. Para nosotros en cambio, sigue siendo el día que recuerda dos momentos épicos de la Aviación en Magallanes, encarnado en la audacia y la tragedia de dos bravos pilotos, David Fuentes y Carlos Fischer, cuando se pensaba que la aeronavegación podría conectar al austro con Chile y el resto del mundo.

David Fuentes Sosa

Es uno de los personajes más enigmáticos y fascinantes de la aeronáutica nacional, pero a la vez, uno de los menos conocidos. Nacido en Talcahuano en 1885, provenía de una familia de muchos recursos. Su padre, había acumulado una fortuna con el ejercicio de su profesión como martillero público de Concepción, el corretaje de propiedades y su participación como socio en la industria ballenera. Para las fiestas del centenario en 1910 envió a su hijo David a Europa con la idea de que realizara estudios industriales en Francia y se empapara de la cultura del viejo mundo.

En París conoció a los tenientes del Ejército de Chile, Manuel Avalos y Eduardo Molina, quienes lo llevaron a la escuela Blériot para que realizara un curso de piloto, en vista que en Frankfurt logró su licencia de automovilista, una de las primeras obtenidas por un chileno, lo que le permitía participar en actividades deportivas. Fuentes Sosa obtuvo su carné de piloto aéreo el 22 de octubre de 1912 con el N°1.078 adquiriendo en Francia un aeroplano biplaza de 80 caballos de fuerza al que llamó ‘Talcahuano’. A principios de 1914 regresó a Chile.

Al mando de su aeronave efectuó varias pruebas relevantes, como el primer vuelo nocturno que unió las ciudades de Talcahuano y Concepción. Para conmemorar las Fiestas Patrias de ese año, intentó cubrir en una sola etapa el trayecto Concepción-Santiago, que cumplió en parte, porque la cantidad de combustible de reserva no alcanzaba para llegar en vuelo directo, de modo que decidió aterrizar en Paine, emprendiendo viaje al día siguiente. Este evento reveló una característica de la personalidad de David Fuentes: jamás realizó un vuelo sin tener conocimiento cabal del rendimiento de un avión. Analítico y metódico, gustaba informarse del clima de las regiones que visitaba, la cantidad de precipitaciones, la nubosidad y el viento; llevaba una estadística de sus vuelos, consignando distancias y tiempo de duración, consumo de combustible, y el promedio de altura empleado.

En el N°249 de la Revista de la Fuerza Aérea del trimestre septiembre-diciembre de 2009 se recordaba que, debido a su pericia y maestría como piloto, pudo integrarse como alumno en el curso de vuelo para aviadores militares, que, en ese entonces, no consideraba a civiles. Allí tuvo de condiscípulos a glorias de la aeronavegación chilena como Armando Cortínez y Dagoberto Godoy, logrando en diciembre de 1915 su título de piloto militar con un antecedente a consignar: al igual como había ocurrido en Francia, sin ningún accidente que lamentar.

Debido a sus méritos como aviador y su vasta cultura, el Aero Club de Chile lo designó para que trasladara en su Blériot ‘Talcahuano’ desde Santiago a Viña del Mar, al insigne aviador y diseñador brasilero Alberto Santos Dumont para que disertara en la Conferencia Aeronáutica Internacional celebrada en nuestro país, en el verano de 1916.

David Fuentes llegó a Punta Arenas acompañado del joven piloto talquino Emilio Castro. Precedido de una serie de récords sudamericanos, viajes nocturnos con y sin pasajeros y más de cinco mil kilómetros recorridos en 454 vuelos, su objetivo era realizar varias demostraciones aéreas, sobrevolando Punta Arenas con algún copiloto voluntario.

Alberto Fernández Donoso en su libro “La Aviación en Magallanes” (1994) documentó en detalle las actividades de Fuentes en nuestra ciudad. El 12 de octubre el ‘Talcahuano’ hizo un vuelo de reconocimiento en el Club Hípico tal como lo hiciera Luis Omar Page con sus recordadas demostraciones dos años antes. El domingo 15 llevando a Guillermo Grace de pasajero, inició un recorrido aéreo por el centro de Punta Arenas, al que siguieron, los despegues con Carlos Braun Menéndez y con el capitán del Ejército, Carlos Cruz Hurtado. Las tres mil personas que colmaban el hipódromo austral, pagaron entradas de $6 en cancha, $5 en tribuna especial, $2 en galería y $1 los niños.

En los días siguientes, se supo que Fuentes haría un viaje a Porvenir cruzando con el ‘Talcahuano’ el estrecho de Magallanes. La expectación cundió entre la población. La Sociedad Rural organizó un programa hípico para recaudar fondos, los directores Mauricio Braun, Francisco Campos y José Menéndez, contribuyeron con $800. Además, se obtuvo plata de los partidos de fútbol del domingo y de la rifa del anillo de oro obsequiado para la ocasión por una dama puntarenense.

En principio, se pensaba que Fuentes sería el piloto en el vuelo de ida y Castro comandaría el regreso desde Porvenir. La Armada comisionó a la escampavía ‘Meteoro’ al mando del comandante Edgardo von Schroeders (quien después tendría destacada participación en los sucesos revolucionarios que afectaron a la Armada en 1931) a bahía Chilota para que estuviera dispuesto a prestar ayuda ante cualquier emergencia. El 27 de octubre se intentó el despegue, pero el mal tiempo obligó al ‘Talcahuano’ retornar al Club Hípico. El momento esperado llegó el 1 de noviembre. Fuentes, acompañado del capitán Cruz Hurtado elevó su pequeño avión ante la sorpresa de la gente, que vieron cómo se perdía entre la línea del horizonte y el mar, aterrizando 23 minutos después en un sitio eriazo, en las inmediaciones de Porvenir.

En la capital fueguina fueron tratados como héroes. El profesor Carlos Garay Miranda en su libro “Porvenir, un paseo histórico por la Tierra del Fuego chilena” (2018) relata que, los alumnos de la Escuela Mixta N°5 observaron el aterrizaje del ‘Talcahuano’ hito histórico de la aeronavegación y luego, disfrutaron de la charla que Fuentes brindó a los asistentes, incluso, proyectaba ofrecer una demostración aérea por el poblado, pero, uno de los tirantes del aeroplano se cortó, por lo que debieron volver a Punta Arenas por vía marítima. En Porvenir fueron agasajados y premiados con $800.

En la capital del territorio, se ignoraba la suerte de los aviadores, salvo por las publicaciones entregadas en los diarios El Comercio y El Magallanes referidas al éxito del raid. Se envió entonces, al vapor Eduardo para que embarcara a Fuentes, Castro, al mecánico Alfredo Vidal y al averiado ‘Talcahuano’ los que arribaron a Punta Arenas el 4 de noviembre. Una semana después, partían en el vapor Casma al norte del país.

Las actividades aéreas de David Fuentes continuaron durante unos cuatro años más. En diciembre de 1916 llevando un pasajero y un bolso de cartas, unió Ancud con Puerto Montt. Este vuelo es recordado como el primer correo aéreo que se hizo en Chile. A comienzos de noviembre de 1919, acompañado nuevamente por Emilio Castro cruzó con el ‘Talcahuano’ bajo el viaducto del Malleco, en un evento donde Fuentes mostró su prolijidad: ´para asegurar el éxito de su vuelo, estudió los accidentes geográficos del lugar, la cablería telegráfica, y la postación.

Antes de ingresar a trabajar para la policía de seguridad, en el Ministerio de Obras Públicas y en la Policía de Investigaciones, David Fuentes fue instructor aéreo del ciudadano español Camilo Pinal, primer alumno de vuelo a cargo de un civil. La experiencia adquirida en el curso de la Escuela de Aeronáutica dio sus frutos. Nombrado teniente 2° de reserva del Ejército primero, en 1945, el Senado le confirió el grado de capitán de bandada con derecho a jubilación. David Fuentes Sosa falleció en Santiago en septiembre de 1951 a la edad de 66 años.

Carlos Fischer Hassler

El caso del aviador puntarenense es muy diferente. Desde joven quiso ser aviador motivado por los recuerdos de los vuelos experimentales realizados en el Club Hípico por Luis Omar Page (23-VIII-1914), David Fuentes (1-XI-1916) y Mario Pozzati (29-V-1921).

Hijo del matrimonio de inmigrantes alemanes José Fischer y Margarita Hassler. Fue el mayor de cinco hermanos. Su padre, fue un conocido e innovador empresario del rubro cervecero que falleció cuando era un niño. Solitario y retraído, era un estudioso de la aeronavegación y estaba convencido de que la apertura de rutas aéreas podía sacar a Magallanes de su aislamiento geográfico.

Carlos Fischer fue admirador del célebre aviador naval Gunther Plüschow, quien, con su amigo el mecánico Ernst Dreblow efectuó una serie de investigaciones y reconocimientos en inexploradas zonas de Tierra del Fuego y Ultima Esperanza. La muerte de ambos, producida por un accidente al caer el hidroavión ‘Cóndor de Plata’ en el lago argentino, el 30 de enero de 1931, hizo que Fischer decidiera ser aviador civil.

Además, había tomado nota del vuelo titánico materializado por Arturo Merino Benítez en el verano de 1930 que inauguró la ruta sur austral desde territorio nacional y de los viajes de la Línea Aeropostal de Francia con Antoine de Saint Exupéry a la cabeza y su proyecto de extender la ruta comercial de la compañía, hacia América del Sur y la Patagonia.

Fischer pensaba que se podía extraer lo mejor de ambas iniciativas y obtener una nueva alternativa, que implicaba, entre otros pasos, generar una ruta aérea interior, conectando principalmente, Punta Arenas con Porvenir y Puerto Natales. En lo medular, imaginaba el establecimiento de una línea regular desde Magallanes por la costa Atlántica, la que se podría extender hacia Europa o Sudamérica vía Buenos Aires y otra, de carácter nacional, por la zona de Puerto Montt con internación en los aeródromos o postas que el comodoro Merino Benítez iba creando en Chile.

Carlos Fischer no sólo fue un aviador. Era también un deportista y un dirigente político y social. Cuando el Presidente Carlos Ibáñez del Campo fraccionó en dos partes el gigantesco territorio de Magallanes y creó las provincias de Aysén y de Magallanes el 22 de mayo de 1929, Fischer, al igual que miles de hombres y mujeres, comprendieron que se iniciaba una época en que desde el austro surgirían, instituciones que llevarían la voz de sus habitantes al Congreso Nacional.

Fundador de la Legión Cívica y del partido Regionalista, trabajó incansablemente para que el abogado Manuel Chaparro Ruminot se convirtiera en el primer diputado elegido por votación popular en las elecciones celebradas en Magallanes, el 5 de marzo de 1933.

Un poco antes, el 23 de mayo de 1931 se había fundado el Club Aéreo de Magallanes siguiendo el proyecto formulado por Merino Benítez luego de su llegada a la región el año anterior. Una de las primeras medidas adoptadas fue la conformación de un contingente de aviadores civiles con instrucción militar. De este novel grupo de aeronautas australes, destacó Carlos Fischer, quien obtuvo su licencia de piloto aéreo, primer aviador civil de la historia de Magallanes, el 28 de noviembre de 1932.

Sus servicios como estafeta, sirviendo de ambulancia, o como transporte aéreo, se truncaron, sin embargo, el 1 de noviembre de 1936.

En un año donde la población aún estaba conmovida por las hazañas de Franco Bianco con su histórico raid a Santiago y Buenos Aires, varios aterrizajes de emergencia por fallas de los pequeños Gipsy del Club Aéreo, advirtieron la tragedia. Arturo Solo de Zaldívar dañó la hélice de su avión en isla Riesco. Otro tanto le ocurrió al capitán Manuel Hurtado. El Falcon 27 tuvo un grave desperfecto en Porvenir, incluso, el propio Fischer salvó de milagro cuando se despistó en bahía Catalina, unos días antes de que ocurriera la catástrofe que acabaría con su vida.

A las dos de tarde del 1 de noviembre, Fischer acompañado del teniente Andrés Martínez volaban en las inmediaciones del criadero de zorros ‘El Antártico’ con la intención de registrar unas fotografías del lugar. En ese momento, el motor del biplano comenzó a fallar y el avión empezó a perder altura. Fischer intentó entonces, un aterrizaje de emergencia, pero enredó el tren delantero contra un alambre telefónico, que precipitó la nave hacia el suelo.

Las llamas envolvieron al aparato en pocos segundos. Herido de gravedad, Martínez logró alejarse del incendio; Fischer, en cambio, inconsciente por el golpe recibido cuando el Gipsy se estrelló en el suelo, no consiguió salir de su cabina.

La comunidad de Punta Arenas manifestó hondo pesar por el deceso del joven piloto. Una multitud lo acompañó al Cementerio Municipal donde varias instituciones lo despidieron con honores. Al pie de su tumba, el diputado Chaparro Ruminot esbozó la posibilidad de erigir un monumento en su memoria en el sitio mismo del accidente.

La obra se inauguró un año después con este epitafio: “Recuerdo y homenaje de la Legión Cívica de Magallanes a Carlos Fischer primer aviador magallánico fallecido trágicamente el 1° de noviembre de 1936 en este lugar. Chabunco 1°-XI-1937”. Tres años más tarde, se agregó la siguiente leyenda: “Cumpliendo su deber un día se detuvo su barca en el azul y en su pecho, también su corazón. Club Aéreo Magallanes 1940”.

  

El imponente funeral del aviador civil Carlos Fischer

“El sepelio de los restos del malogrado aviador civil Carlos Fischer dio lugar a una impotente manifestación de duelo de la población”, destacó el diario El Magallanes del 3 de noviembre de 1936. El cortejo fue presidido por el alcalde Ernesto Pisano y las autoridades de la provincia de Magallanes, jefes de la Fuerza Aérea y demás instituciones, y dirigentes del Club Civil Aéreo.

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