Felipe Díaz en la delantera celestial
(Por Vladimiro Mimica Cárcamo).
Ayer, familiares y amigos le brindaron la última despedida a un crack de las canchas magallánicas quien, vistiendo la tricota roja de su club el Español o de la selección de Punta Arenas, brilló en una camada plagada de estrellas.
Fuimos amigos de la vida vistiendo siempre distintas camisetas. El punto de encuentro fue La Pandilla de mi Barrio en 1956: El vistiendo la blanca y roja del Esteban Scarpa y yo la mía, copiando a la de River, la sanmiguelina y también alba cruzada por la banda sangre.
Luego el viste la roja del Español, mientras yo, su adversario, la albiceleste del Magallanes o la azul y rojo del Sokol Yugoslavo de aquellos tiempos.
Cuando llegamos a los 17, separamos las aguas. Felipe Díaz debutaba -como crack que era- en la primera división del fútbol regional, mientras yo me encamaraba en lo más alto de nuestro estadio “Ramón Cañas Montalva” para, desde allí, transmitirle a la Patagonia lo que lograba hacer en la cancha con pasta de crack y campeón. Transmitirle partidos y goles a Felipe era un deleite.
CAMPEÓN EL ‘64
Permítanme mencionarle el equipo campeón del ‘64, lo recito aún de memoria: Manuel Fajardo era el Técnico; Córdova (le decían “Cotrotro”) era el arquero; Hernández, el “Zorzal” González y “Carita” Cárdenas, conformaban la línea de tres en el fondo.
Walter Hugo Haros, el inolvidable “Coco” Gallardo y René Leiva en el medio campo; Telchi, “Milipin” Cárdenas, Manolo Pérez, el “Negrito” Díaz y Felipe integraban ese equipo demoledor que, empatando a cuatro con el Naval, se título campeón.
De ese equipo campeón sólo sobrevive Ernesto Córdova, quien en Santiago con noventa y tantos goza de buena salud.
Felipe Díaz fue a la universidad y laboró en Enap, hizo familia, fue padre y abuelo, buen amigo al que nunca dejamos y olvidamos.
Cuando la salud le fue rebelde, con ese gran “samaritano” llamado Manolo de la Torre lo visitamos, cuando fue posible, cada vez que volvía a Punta Arenas. Lo hacíamos en su casa o el hospital, según fueran las circunstancias.
HINCHA CRUZADO
En una de mis visitas le dejé un libro centenario de Colo Colo que me agradeció profundamente, sin embargo al recibirlo me dijo “gracias Vladi pero no olvides que yo soy de la Católica”, camiseta con la que volví junto a Manolo en mi siguiente visita.
Felipe Díaz, me lo imagino ya en la otra cancha, apilando adversarios como lo hacia en nuestros escenarios, junto al “Pipa” Telchi, Milipín, Manolo y el “Pelé “ Díaz. Los cinco le ponían armonía a una inolvidable banda futbolera.
El fútbol magallánico está de duelo, ha emprendido su último vuelo un gran jugador, crack inteligente y silencioso, cómplice permanente del talento y habilidad pero por sobretodo hemos perdido a una gran persona e invaluable amigo de la vida.
Felipe en Iquique, Valdivia y Santa Cruz, campeonatos Nacionales del Futbol Amateur de Chile que vieron brillar a una gacela siempre desbordando por la izquierda.
Amigo de aguas quietas, de tiempos de sueños inimaginables, que esta tierra, por donde con decencia transitaste te sea breve, porque el cielo ya abre sus puertas para recibir al hombre bueno que sembró permanentemente en la vida amor, paz, amistad y solidaridad.
Descansa en paz Felipe, amigo y camarada de muchas jornadas compartidas.




