Adiós a un grande: José Luis Mendy
Durante la presente semana recibimos la noticia: en su querido Talcahuano y a la edad de 75 años, dejaba este mundo el gran arquero José Luis Mendy Rivera, el símbolo y capitán de ese inolvidable Huachipato de 1974.
El arquero es un puesto al que se llega generalmente por descarte, “el más malo al arco”, escuchábamos desde niños. Se viven las alegrías desde lejos y las tristezas en el propio terreno y se sufre cada partido en permanente estado de tensión, alerta al peligro. El escritor, filósofo y Premio Nobel de Literatura francés Albert Camus -quien fuera guardameta del equipo universitario Racing de Argelia en su juventud- señalaba: “Pronto aprendí que la pelota nunca viene hacia uno por donde uno espera que venga. Eso me ayudó mucho en la vida, sobre todo en las grandes ciudades, donde la gente no suele ser siempre lo que se dice derecha”.
Mendy perteneció a esa generación de arqueros de las décadas de 1960 y 1970 en la cual brillaron Juan Olivares, Manuel Astorga, Adolfo “Gringo” Nef, Manuel “Loco” Araya, Efraín Santander o Leopoldo Vallejos por nombrar a algunos que fueron su punto de referencia en este oficio estepario, quizás sólo comparable con el de un farero perdido en la desolación de las islas australes o un puestero arraigado en el infinito sin horizontes de la pampa patagónica.
José Luis Mendy nació en la hacienda Rucamanque de Chillán, quedando huérfano de madre a los 12 años; entonces se trasladó a Santiago con su padre, para luego anclar definitivamente en Talcahuano, donde formó su familia. Fue suplente de Huachipato en la segunda división y debutó en la división de honor en 1967, donde destacó de inmediato por sus condiciones. Era de los pocos que le atajaba penales a Néstor Isella, el “cañonero” de Universidad Católica, implacable desde los doce pasos. Jugó hasta 1978 en Huachipato y luego, en 1979, en Universidad Católica.
Estimamos que su consagración definitiva llegó con el Huachipato de 1974 que, con la dirección de Pedro Morales, alcanzó el título nacional transformándose hasta la fecha en el primer y único campeón de primera división del sur de Chile. En dicho equipo formó junto a Carlos Sintas, Hugo Riveros, Daniel Díaz, Flavio Silva, Guillermo Azócar, Francisco Pinochet, Moisés Silva, Eddio Inostroza, Mario Salinas, Carlos Cáceres y Luis Godoy. Ello convirtió a Mendy en el emblema de Huachipato de todos los tiempos, un ídolo de aquellos que cuando nos nombran un equipo lo asociamos de inmediato; no necesariamente son los mejores (en este caso, sí) pero reúnen una serie de características y condiciones deportivas y personales que los llevan a este sitial. Si la Universidad de Chile tiene a Leonel y Colo Colo a Caszely, Huachipato tiene al “Flaco” Mendy (“Flaco” querido como le decían los hinchas “acereros”). Su fama traspasó las fronteras del sur de Chile y se hizo conocido a nivel nacional. De las entrevistas en los diarios locales como Crónica, El Sur y el Diario Color, pasó a las notas en la recordada revista deportiva Estadio. Luego de su retiro, el golero se transformó en un exitoso empresario en el rubro de las estaciones de servicio y el transporte.
Tuvimos el honor de conocer y compartir personalmente con Don Luis Mendy y su familia una noche de otoño de 2015 en su casa de Las Higueras en Talcahuano (“El Puerto”). Lo anterior, gracias a una de esas vueltas de la vida que me regaló el privilegio de una larga amistad con Manuel, uno de sus hijos. Fue una noche que se inició con el apretón de manos del dueño de casa, gesto que me hizo pensar que eran las mismas manos que admiraba desde Punta Arenas en una muy lejana infancia, en la foto de la revista Estadio atajándole un penal a Isella. Don Luis era una persona de afectos, de palabras precisas y sinceras, así lo conocimos esa noche pródiga en recuerdos, historias y anécdotas matizadas con finos pincelazos de su inteligente humor en el marco de una fraterna mesa familiar. En la despedida; nuevamente el apretón de manos, seguido ahora por un abrazo de esos que vienen del alma y un “vuelva cuando quiera amigazo, aquí tiene su casa”, todo ello daba cuenta de su inmensa calidad humana.
Uno de estos días, un día como cualquier otro, el gran “Flaco” Mendy se despidió de la tribuna y de su hinchada, para irse -como decía el poeta Antonio Machado- “por esos Mares de Dios”.




