La vida en frases
Ocurre con más frecuencia de lo que se cree. En una obra que nos llama la atención hay un fragmento, a veces un breve retazo que nos conmueve más que el resto, que nos deja entre atónitos y emocionados.
Marcel Proust exploró con lúcido escalpelo el efecto que a él le provocaba una frase musical, ciertos compases de la sonata de Vinteuil.
Más profanamente, cualquiera de nosotros puede hacer también una lista de esas frases que en mi caso -área literaria- nos causan una honda inquietud, entusiasmo, desazón o simplemente emoción al límite.
El libro Mac, el microbio Desconocido, de Hernán Del Solar, influyó en mí desde niño tanto como el sarampión, Misael Escuti, Humberto Gentillini, la radio a pilas, la estufa Comet o la Laura Antonelli.
Aunque las frases célebres, llamadas también máximas o sentencias, están preñadas de los más variopintos significados, no dejo de preguntarme, ¿qué pasa con aquellas frases que por no ser célebres se han perdido en la noche de los tiempos? Tal vez porque no lograron capturar la curiosidad de la prensa…o porque fueron pronunciadas por amigos míos al calor de una botella de cerveza, whisky, ron, Fanta…o una modesta copa de vino.
Me refiero a aquellas que por desatinadas, escasamente académicas, poco doctas y dicharacheras, no forman parte del Parnaso de ninguna historia. Son las parientes pobres de los sucesos. Pertenecen al anonimato nacional, pero son frases dichas en un momento de distensión y tengo derecho a incluirlas, pues soy el autor de este libro…
Por supuesto que tienen derecho a ser incluidas en modesta antología.
He aquí un puñado de estas citas que -injustamente- no pasaron a la historia.
– Un fanático es un tipo que no sólo no quiere cambiar de opinión. Tampoco quiere cambiar de tema. (Cristina K)
– Las observancias religiosas relacionadas con fiestas y ayunos cumplen rigurosamente: los ricos celebran las fiestas y los pobres el desayuno. (Danilo Pérez)
– Tengo siete hijos, pero no sé exactamente dónde. (Wellington Cid)
– El Alzheimer ataca a las personas bien educadas, pues los caballeros no tienen memoria. (Jaime Oddó)
– La única parte verdaderamente sólida de la inteligencia son los huesos del cráneo. (Una conductora de algún matinal de TV)
– El 99 por ciento de los políticos le da mala reputación al resto. (Catalina Pérez)
-A los niños les gusta jugar con soldaditos, y a las niñas con muñecas. Cuando son mayores, es al revés. (Justiniano Pérez, suboficial-mayor jubilado)
– Ninguna mujer se ha perdido sin la ayuda de un hombre. (Miguel Mendoza)
– Yo no sé si el Bien siempre derrotará al Mal, o si el Mal tiene la misma fuerza que el Bien.
– Lo que sí tengo claro, es que hasta el momento los dos están haciendo muy bien su pega. (Jorge Abasolo)
– Las mujeres son como las piscinas. Sus costos de mantenimiento son muy altos, considerando el breve tiempo que pasamos dentro de ellas. (Ned Barbosa)
– Una mujer flaca es como un pantalón sin bolsillos.
Uno no haya donde meter las manos. (Mario Gutiérrez)




