Políticas públicas para un grupo etario que crece
Que los adultos mayores van en aumento en nuestro país y región ya es evidente para todos, cada vez vemos más mayores en distintos aspectos sociales de nuestras vidas. Las cifras estadísticas son un claro reflejo. Según el último censo de 2017 los Adultos Mayores de 60 años representan poco más del 16% de la población total. Las actualizaciones en nuestra capital regional hablan -al 2023- de que un porcentaje cercano al 20% es mayor de esta edad, o sea 1 de cada 5 puntarenenses es mayor de 60 años. Un envejecimiento que tiene preponderancia en las mujeres que son el 53% de esos mayores.
Pero también otras cifras que buscan más detalles nos hablan de que el 14% de los mayores viven solos, siendo este un tema complejo a mayor edad, ya que con los años se va perdiendo autonomía e independencia para desempeñarse en forma adecuada en nuestras vidas. Por eso, son importantes los programas sociales que deben acompañar y asegurar que estos mayores tengan lo adecuado y necesario para vivir independientemente, algo que va más allá de los recursos económicos y sociales que deben asegurarse.
Nuevas estadísticas acerca de la dependencia de los mayores nos indican que 1 de cada 5 tiene algún grado de dependencia (leve, moderada o severa) siendo más alta en las mujeres que en los hombres y mucho más relevantes si se es mayor de 80 años. Por lo cual, se deben focalizar las acciones en salud y las acciones sociales para este grupo etario, de allí la importancia de lo que en reiteradas veces hemos planteado; esto es, que en nuestra región se necesita un plan de trabajo que coordine las diversas acciones que se realizan, para que tengan el impacto de una política pública que dé cuenta de todos los aspectos relacionados a atender y cuidar de los mayores; haciéndose cargo de todas sus necesidades en forma preventiva, más que las actuales acciones que tienden a ser reactivas a los problemas que ellos van manifestando y que por lo tanto tienen menos impacto que un plan coordinado y estructurado.
Un plan de intervención que debe tener además la flexibilidad para ir modulando y adecuando sus respuestas ante los cambios que los mayores van experimentando con el transcurrir del tiempo. Esa es la principal falencia de nuestro sistema de cuidado para los mayores: vela por un modelo de intervención que tiende a ser rígido y que no da respuestas moduladas según los requerimientos de ellos. No gradúan la intensidad de ellos a las distintas necesidades. Por ejemplo: si hay un modelo de intervención física o de estimulación cognitiva, no se trata de hacer distintas terapias o intervenciones, si no que en su desarrollo se gradúe la intensidad de la intervención según los distintos requerimientos de cada adulto mayor. Obviamente es más complejo y difícil de implementar; pero es un buen desafío para el sistema público.
Es un plan individualizado que en definitiva tiene más impacto y más efectividad en términos de cambiar el pronóstico de cada mayor. De esta manera, puede evitarse o retardarse la institucionalización que significa llevar a ese mayor a un centro especializado que vele las 24 hrs del día por sus necesidades. Este cambio también puede y necesita ser un proceso gradual; ya que en la mayoría es un proceso irreversible el deterioro que va acompañando el envejecer. De allí la importancia de tener una política pública amplia en su oferta y variada en las respuestas. Pero especialmente en los mayores de 80 años, en los que viven solos o tienen enfermedades discapacitantes. A esa edad es importante definir cuál será el lugar en que vivirán los años más complejos. Por eso la oferta para ayudas en sus domicilios, hogares tutelados o establecimientos de larga estadía deben ir en concordancia a los requerimientos de cada territorio.
Esta política pública debe ir de la mano con los actores territoriales más cercanos a ellos, por eso el eje deben ser el trabajo con los municipios; el trabajo coordinado y asegurado con ellos. Esa es una verdadera descentralización de una política publica. Debe ser coordinada y financiada por los niveles centrales y regionales, pero debe implementarse comunalmente y ejecutarse lo más cercano a su residencia.
Será interesante cómo las nuevas autoridades que se eligen este año, tanto alcaldes como gobernador regional y concejales y consejeros regionales, van más allá de estar cerca de los Clubes de Adultos Mayores acompañándolos en onces o actividades como visitas, si no cómo son capaces de hacerse cargo de sus necesidades y se comprometen en una política publica regional que los pone a ellos en el centro. Han pasado ya muchas elecciones en que los mayores son caballito de batalla en promesas y ayudas para conseguir su voto, pero que no les ha devuelto efectivamente la mano a sus requerimientos.
Habrá que escuchar y elegir a quienes se comprometan en un programa que dé cuenta de esta necesidad. Es importante el desarrollo económico de una región o territorio, pero hoy es más urgente y necesario el desarrollo humano o social de ella. Es el paso siguiente, es en lo que debe avanzarse ahora.




