Necrológicas
Entrenamiento militar realizado en navegación y evaluado por la Tercera Zona Naval

“Ataque aéreo en progreso, prepararse para el impacto”: un ejercicio de recreación bélica a bordo del patrullero Fuentealba

Domingo 25 de Agosto del 2024

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Lucas Ulloa Intveen
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Poco sabe la ciudadanía de lo que sucede a bordo de los buques de la Armada en el día a día, pero lo cierto es que la actividad es constante y el entrenamiento se vuelve parte de la rutina. Uno de los métodos para perfeccionar las sinergias entre la tripulación es la recreación de escenarios militares o de situaciones a las que se podría enfrentar cada nave dependiendo de sus roles. En el caso del OPV “Marinero Fuentealba”, estos escenarios simulados pueden apuntar al trabajo frente a derrames de hidrocarburos, operaciones de contrabando o, bien, de respuesta frente a amenazas de un país enemigo.

Fue este último escenario el que me tocó presenciar como periodista, para lo cual se me ofreció participar como herido o muerto, pero a modo de no interferir en el ejercicio, además de contar con una panorámica de las distintas escenas, la labor fue a modo de espectador.

En la mañana del miércoles pasado, ya habían realizado un ejercicio y la recreación de escenario militar, en donde había que “neutralizar células terroristas de un país enemigo”. Estaba agendado para la tarde. Así, posterior al almuerzo y a una velocidad de 20 nudos, la tripulación en su totalidad se reunió en el hangar para recibir un instructivo del escenario en cuestión y la distribución de cada una de las unidades, así como las posibles circunstancias a las que se podrían ver enfrentados y que debían subsanar a la brevedad, como incendios interiores, inundaciones y otro tipo de averías.

Todas las unidades de la Armada pasan por distintas fases de entrenamiento, desde una primera etapa de seguridad en puerto; luego de navegación en mar, donde se contemplan operaciones con aeronaves y emergencias a bordo; y finalmente la etapa que compete a este ejercicio de entrenamiento operacional, enfocado a los roles específicos del buque.

Las normas son dictadas y las operaciones dirigidas desde el Centro de Entrenamientos de la Armada, quienes fijan estándares para evaluar aspectos de ingeniería como motores, propulsión y electricidad; sistemas de armas, como radares, uso de cañones, ametralladores y equipos de navegación; y de operaciones, que busca que el buque pueda seguir operando y navegando en forma segura en medio de las emergencias.

El capitán y segundo comandante del OPV Fuentealba, Diego Acevedo, comenta que este tipo de preparación es fundamental para mecanizar protocolos frente a escenarios reales. El contar con los tiempos de respuesta específicos, así como el orden de tareas a realizar frente a cualquier tipo de emergencia es clave para reducir factores psicológicos que puedan incidir en un escenario real.

La información preliminar era que se habían avistado dos aeronaves de combate, con posible ataque hacia “fuerzas azules” (representadas por la Armada de Chile) y un hostigamiento hacia naves mercantes. Se debía realizar patrullaje en las aguas jurisdiccionales para verificar la situación y prepararse frente a un posible enfrentamiento aéreo. Al son de “Thunderstruck” de AC/DC, emitido por los altoparlantes del buque, se dio comienzo al ejercicio.

“Prepararse para
el impacto”

A las 16,15 horas desde el puesto de mando se informaba de un “ataque aéreo en progreso”, por lo que debían prepararse para el impacto. “¡Bam, bam, bam!”, simuló un miembro del Grupo de Entrenamiento de la Tercera Zona Naval (Grupenter), que evaluaba el desempeño de la tripulación en el ejercicio, haciendo referencia a los disparos enemigos. En la cabina, todos se resguardaron y a los pocos minutos se comenzaron a registrar las primeras averías.

“¡Incendio, incendio, incendio!”, gritaban desde la cabina principal, con abundante humo que ayudaba a darle mayor realismo al escenario. Unos 15 segundos bastaron para apagarlo, contados en voz alta, con rapidez en el empleo de los elementos para suprimir el fuego y, al poco tiempo, los gritos de incendio fueron reemplazados por “¡Herido, herido, herido!”.

Un tripulante en cubierta había recibido impacto y requería atención médica inmediata. Uno de sus brazos debía ser amputado, por lo que tenían que retirar el chaleco antibalas con sumo cuidado, mientras que el herido gritaba de dolor. “Al sacar su chaleco van a ver una laceración de 5 centímetros en su pecho, sangre oscura y burbujeante”, describían. Afuera, otro marinero corrió peor suerte y yacía tendido: fue la primera baja del buque.

Las emergencias se multiplicaban y dispersaban: una alarma de incendio en sala de máquinas y otra inundación. Todo este tipo de averías se clasificaban en lo que se denomina “guerra interior”, las distintas situaciones que ocurren dentro del buque en contexto de un escenario bélico. Armados de equipos bomberiles se internaban en la sala de máquina, y con bombas de agua trabajaban en los anegamientos.

Ataque aéreo

Medianamente controlada las distintas averías de daños en combate, se pasa a una fase ofensiva. “Alarma aérea amarilla, alarma anti superficie roja”, se proclamaba por el alto parlante, autorizando al cabo de unos minutos el uso de fuerza letal. Se navegaba a 18 nudos y una vez se comunicó que había nuevo contacto con las naves adversarias se preparó la artillería. “Proveer 20 tiros. Corrijo, proveer 80 tiros”.

El avistamiento había sido apuntado por el vigía que observaba desde los alerones, reportándolo al oficial de guardia en el puente, quien posteriormente lo confirma en los sensores y radares.

El ataque no superó los 10 minutos y posterior a eso el ejercicio comenzaba a finalizar. Se procede a realizar un chequeo de seguridad en todas las averías detectadas y una reunión en el puesto de mando pone fin al entrenamiento. “Cualquier accidente que ocurra a partir de este momento, deberá ser asumido y enfrentada la emergencia”, se informaba por altoparlante, poniendo a toda la tripulación al tanto.

Grupenter

El entrenamiento llevado a cabo era de tipo avanzado y corresponde a uno de los roles que cumple el buque, en este caso, de enfrentamiento ante naves de combate enemigas. A bordo, el Grupo de Entrenamiento de la Tercera Zona Naval (Grupeter) tomaba apuntes del desempeño y logro de objetivos de cada una de las unidades a bordo. Los procesos son estandarizados y normados por organismos de la Armada.

“Nosotros nos embarcamos, efectuamos los ejercicios y, a la vez, vamos realizando coaching para desde las falencias ver los puntos fuertes, reforzar eso y apoyarlos para que puedan aprobar el ejercicio y certificar que el buque está capacitado para cumplir su rol y con las tareas que el mando operativo dispone”, explica teniente primero Andrés Jara Gallardo, jefe del Grupenter.

Daniel Soto, supervisor del área de ingeniería de Grupenter, explica que parte del proceso es entrenar al personal para que ellos mismos puedan continuar realizando ejercicios por su propia cuenta, de forma interna. “Se les entrega una pauta y ellos tienen que cumplir con eso para seguir manteniendo su condición de buque a tope (…) Nuestra misión es sacarlos de la inercia que se produce a veces estando solos y los enfrentamos a situaciones que los hagan salir de ahí y cumplir con sus funciones cada uno de los entes a bordo”.

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