“Sobreviví a todo lo que significa crecer en un Hogar de Menores”
- Dirigente social que creció en hogares infantiles inspira con su historia de resiliencia.
Rodrigo Carrera Carrera pasó gran parte de su infancia y adolescencia en hogares del Servicio Nacional de Menores (Sename). Logró superar las dificultades de su historia personal para convertirse en un dirigente comprometido con su comunidad.
Desde temprana edad, vivió en distintas residencias del sistema de protección, enfrentando las dificultades propias de la institucionalización. “Entré al hogar en 1978, cuando tenía cinco años. En ese entonces, se llamaba Fundación Mi Casa, quedaba cerca de Castro, Chiloé”, recuerda. Su madre, una joven trabajadora que se trasladó de la isla Chuit a Puerto Montt, no pudo criarlo debido a las condiciones laborales de la época.
“Mi mamá no tenía una red de apoyo. Intentó dejarme con mi abuela, pero su hermano se opuso. En esos tiempos, un hijo de madre soltera era mal visto”, rememora Rodrigo. Ante la falta de opciones, su madre lo ingresó al hogar, donde creció sin visitas de familiares. “Mi mamá me iba a ver de vez en cuando, pero la mayoría del tiempo nadie me visitaba. A veces los otros niños bromeaban diciéndome que había venido mi familia, pero era mentira”.
Rodrigo pasó siete años en la residencia, enfrentando las limitaciones y carencias que eran parte del sistema. “Uno pasa hambre, malos tratos. Más aún cuando no tienes a nadie afuera que te proteja”, relata. A los 12 años, su madre logró llevárselo con ella a Puerto Montt, aunque su adaptación fuera del hogar no fue fácil. “Estaba acostumbrado a la vida con muchos niños, a un sistema estructurado. En una casa de familia me sentía fuera de lugar”. Finalmente, fue internado nuevamente, esta vez en la Escuela Hogar Villa Tehuelches, en Punta Arenas, donde completó su enseñanza básica en 1987 y 1988.
A pesar de haber pasado gran parte de su infancia alejado de su familia, encontró en su abuela materna Lastenia Carrera Millaquén una conexión esencial con su identidad y raíces indígenas. “Cuando la conocí, me di cuenta de que tenía un vínculo especial con la cultura. Ella me decía que debía hacer algo por mi gente, que no olvidara de dónde venía”. Su abuela, conocedora de la medicina ancestral y las tradiciones huilliches, le inculcó el orgullo por su pueblo y la necesidad de defender su historia. “Fue ella quien me motivó a formar una agrupación indígena y a seguir ese camino de liderazgo”. Incluso, después de su fallecimiento, Carrera siente su presencia en su vida. “Siempre digo que ella me cuida, que desde donde está me protege y me da fuerza para seguir”.
Su adolescencia transcurrió en el Hogar de Carabineros Efraín Riquelme en Río de los Ciervos mientras cursaba la enseñanza media. A los 18 años, dejó definitivamente el sistema de hogares y comenzó a trabajar. “No nos preparaban para la vida afuera. A los 18 simplemente nos decían ‘para afuera y nada más’”, reflexiona.
Su transición a la adultez estuvo cargada de desafíos, desde vivir en condiciones precarias que incluso lo llevaron a vivir en la calle. “Cuando dejé el hogar, me puse a trabajar y me fui a Puerto Montt. Ahí estuve trabajando en las ferias, vendiendo frutas en la calle, al frente del terminal de buses. Eso era lo que hacía para sobrevivir, estuve viviendo debajo de un tubo donde caía el desagüe, pero ese estaba vacío. Entonces yo me iba a dormir ahí y a trabajar en las ferias”.
También fue detenido por no cumplir con el servicio militar obligatorio. “Me llevaron a la cárcel de Chinchín en Puerto Montt. Fue un periodo difícil, pero al final, cuando me trasladaron a Punta Arenas, logré salir y seguir adelante”.
Su paso a la
educación superior
A pesar de las limitaciones económicas y emocionales, logró acceder a la educación superior, estudiando trabajo social. “Siempre supe que la única forma de cambiar mi destino era estudiando, aunque a veces parecía imposible”, señala, recordando los momentos en que tuvo que compatibilizar estudios y trabajo para costear su formación. Hubo periodos en los que tuvo que dormir en casas de compañeros o realizar trabajos esporádicos para poder mantenerse, pero nunca perdió de vista su meta. “Había días en los que no sabía si iba a tener qué comer, pero no podía rendirme”, enfatiza.
Actualmente, participa en iniciativas de apoyo y orientación para adolescentes que, como él, buscan salir adelante a través de la educación. “Quiero que otros jóvenes en hogares sepan que sí se puede, que hay caminos y que no están solos”, recalca. Además, trabaja activamente con organizaciones que promueven políticas públicas para mejorar la calidad de vida de niños y adolescentes en el sistema de protección.
Además de su compromiso con la educación, Carrera ha desempeñado diversos roles como dirigente social. Entre 2011 y 2014 fue representante del Centro de Alumnos Autónomos del Instituto Santo Tomás en Punta Arenas. También participó en la creación de la Confederación de Estudiantes de Magallanes y fue parte de la lucha por la gratuidad en la educación superior.
En el ámbito comunitario, entre 2008 y 2013 lideró la pavimentación de la Avenida Pérez de Arce y la construcción de un mirador al estrecho de Magallanes. Posteriormente, ha continuado su labor como representante de la Asociación Indígena “Weche Pepiukëlen”, promoviendo la identidad y los derechos de los jóvenes mapuche huilliche en la Región de Magallanes. En el marco de este trabajo, y tras años de gestiones se hizo entrega de vivienda en la Villa “Weche Pepiukëlen” para 63 familias. Además, una de las calles de Punta Arenas, lleva el nombre de su abuela, manteniendo viva esa conexión con su familia.




