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Una historia de entrega y vocación en el Colegio Pierre Faure

Miércoles 19 de Marzo del 2025

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Durante más de dos décadas, Idiolina Arias Gatica (68), conocida por generaciones de estudiantes, familias y funcionarios como la querida “Tía Yoli”, fue el alma de la recepción del Colegio Pierre Faure. No sólo desempeñó un rol administrativo, sino que su presencia fue sinónimo de calidez, confianza y compromiso con la comunidad educativa. El 12 de marzo de este año, la institución le brindó un emotivo homenaje con motivo de su retiro, reconociendo su invaluable aporte y la huella que deja en cada persona que tuvo el privilegio de conocerla.

Su historia en el colegio comenzó el 18 de febrero de 2002, cuando se integró a la institución con la misma energía y disposición que la caracterizaron a lo largo de los años. Desde el primer día, asumió su labor con responsabilidad y dedicación, forjando lazos con estudiantes, docentes, apoderados y visitantes. Con el tiempo, su trabajo trascendió la simple gestión de la recepción, convirtiéndose en un punto de referencia para la comunidad.

Si bien su experiencia profesional estaba vinculada al trabajo con la infancia, en el Colegio Pierre Faure encontró un desafío inesperado: ser la primera persona con la que se encontraban quienes llegaban al establecimiento. No sólo debía atender consultas y coordinar ingresos, sino que tenía la misión de generar un ambiente de seguridad y amabilidad para todos. Su trabajo implicaba mucho más que abrir y cerrar puertas; era la encargada de brindar la primera sonrisa del día, de calmar a los estudiantes nerviosos, de recibir con respeto a cada familia y de asegurarse de que cualquier persona que cruzara el umbral del colegio sintiera que era parte de un espacio acogedor.

Este compromiso con su labor se vio reflejado en el cariño que recibió de la comunidad. Un momento especialmente significativo para ella fue cuando, poco tiempo después de asumir su cargo, recibió un reconocimiento simbólico por parte de la institución. Le comunicaron que varios apoderados, al dejar a sus hijos en el colegio, les decían que, si en algún momento tenían una inquietud o problema, buscaran a la ‘Tía Yoli’, pues ella siempre estaría ahí para ayudarlos. Ese gesto, sencillo pero profundo, le hizo entender que su trabajo iba más allá de sus funciones: era un acto de vocación, de entrega y de amor por contribuir a la formación y bienestar de las nuevas generaciones.

El homenaje de despedida organizado por estudiantes y funcionarios fue una muestra del impacto que la ‘Tía Yoli’ dejó en la comunidad educativa. Las palabras de agradecimiento, las anécdotas compartidas y los gestos de cariño evidenciaron que su retiro no solo marca el fin de una etapa laboral, sino también el inicio de una nueva historia en la que su legado permanecerá en la memoria de todos.

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