Las regiones ausentes en la agenda presidencial
Cada elección presidencial vuelve a poner sobre la mesa la promesa de un país más descentralizado, con más equidad territorial y con un Estado capaz de atender las particularidades de cada región. Sin embargo, basta revisar los programas de los candidatos en carrera para constatar que, otra vez, las regiones están quedando relegadas a menciones superficiales o a compromisos genéricos, sin un diseño de políticas públicas que de verdad se propongan cambiar la relación centro-periferia.
En el último debate presidencial, ello también quedó de manifiesto, si bien algunos candidatos buscaron marcar la diferencia asegurando que conocen el territorio y mencionando localidades para dar a entender que han estado en contacto con la ciudadanía y que, por ende, están interiorizados de sus problemas y demandas.
Despejando esos guiños y dichos para la galería, cabe remarcar que se habla de crecimiento económico, seguridad y reforma del Estado, pero pocos son los que ponen acento en cómo esos objetivos se traducen en los territorios. La descentralización fiscal, la autonomía real de los gobiernos regionales, la inversión en conectividad multimodal o el fortalecimiento de universidades y centros de investigación en regiones apenas aparecen como enunciados. Y cuando lo hacen, es sin detalle ni metas concretas, como si fueran un capítulo accesorio y no parte estructural del desarrollo nacional.
No deja de ser preocupante que, a pesar de que más del 60% de los chilenos vive fuera de la Región Metropolitana, las candidaturas sigan diseñando programas pensados desde y para Santiago. Los problemas de vivienda en Arica, la contaminación en zonas industriales como Quintero y Puchuncaví, la reconversión productiva en el Biobío, o la necesidad de mayor soberanía logística en Magallanes, son realidades invisibilizadas en discursos que se dicen nacionales, pero que no trascienden la mirada capitalina.
Las regiones requieren compromisos claros y medibles: descentralización presupuestaria que no dependa de fondos concursables, fortalecimiento de capacidades de gestión regional, inversión pública en infraestructura crítica, y apoyo a economías locales que hoy sostienen a miles de familias. Todo eso debe estar en la agenda presidencial, no como un pie de página, sino como eje central de un país que se declara democrático y equitativo.
A partir de esta edición, estamos entregando a nuestros lectores algunas líneas temáticas y compromisos incluidos en los programas de gobierno esbozados por los ocho candidatos, a fin de que los magallánicos conozcan cuánto o cuán poco están presentes las regiones en estos documentos.
Las próximas elecciones serán también una prueba de la capacidad de los postulantes a la banda presidencial de mirar Chile más allá de la Alameda. Si vuelven a fallar en ello, no será extraño que las regiones sigan sintiéndose ajenas a un proyecto nacional que, hasta ahora, parece diseñado solo para la capital.




