El frente externo que las candidaturas olvidan
En el fragor de las encuestas, las promesas domésticas y la disputa por instalar frases de impacto, las candidaturas presidenciales han preferido mirar hacia adentro, relegando a un segundo plano un aspecto que será decisivo para quien llegue a La Moneda en 2026: el frente internacional. Como bien ha señalado el exdiplomático Jorge Guzmán, Chile no vive en una burbuja, y los riesgos y tensiones de un escenario global cada vez más incierto repercuten de manera directa en nuestra economía, en nuestra seguridad y en nuestra posición en el mundo.
El diagnóstico es preocupante: los programas de gobierno apenas esbozan generalidades, mientras las complejidades internacionales se multiplican. El reacomodo geopolítico tras la guerra en Ucrania, la escalada de tensiones en Medio Oriente, la pugna estratégica en el Indo-Pacífico y el impacto creciente de los flujos migratorios son asuntos que condicionarán la gestión de cualquier futuro mandatario. Ignorarlos es apostar por la improvisación. No se trata sólo de panoramas lejanos: Chile tiene todavía temas limítrofes pendientes con Argentina en el Campo de Hielo Patagónico Sur, con Perú y Bolivia en el norte, además de una proyección antártica que debe ser resguardada con firmeza.
Desde Magallanes, esta omisión resulta particularmente inquietante. Nuestra región es frontera viva con Argentina y puerta natural hacia la Antártica, espacios donde se cruzan intereses estratégicos de potencias globales. Queremos saber, y tenemos derecho a exigirlo, cuáles serán las directrices de política exterior de quienes pretenden gobernar el país. ¿Habrá una estrategia clara para fortalecer la cooperación en seguridad fronteriza y en la protección del medio ambiente austral? ¿Cómo se enfrentarán las tensiones derivadas de la plataforma continental al sur del cabo de Hornos y de Diego Ramírez? ¿Qué rol tendrá Punta Arenas en la proyección científica y logística hacia la Antártica?
El silencio de los candidatos es un mal presagio. La historia enseña que los gobiernos que llegan sin coordenadas claras en política exterior terminan reaccionando bajo presión, con márgenes reducidos y altos costos para el país. En un mundo fracturado y en medio de disputas comerciales y militares, Chile no puede permitirse esa ligereza. Menos aún Magallanes, que está en el corazón de los escenarios que podrían definir las próximas décadas.
Es hora de exigir a los presidenciables que levanten la vista más allá de las encuestas y los problemas inmediatos. El futuro de Chile no se juega únicamente en la economía interna o en la agenda social, también en su capacidad para desenvolverse con visión, firmeza y realismo en el sistema internacional. Desde este extremo austral, donde el territorio se convierte en frontera y proyección, esa claridad se vuelve aún más indispensable.




