El dinamismo que aún no llega a Tierra del Fuego
Las cifras del Banco Central son elocuentes: Magallanes creció un 7,5% en el segundo trimestre de 2025, liderando a nivel nacional y acumulando cuatro periodos consecutivos de expansión robusta. Manufactura, acuicultura, construcción y turismo han sido los motores de este dinamismo, confirmando que la región atraviesa un ciclo económico positivo, respaldado además por un consumo interno que crece y exportaciones que se consolidan.
Sin embargo, detrás de la euforia estadística surge una pregunta inevitable: ¿hasta qué punto este crecimiento es sinónimo de desarrollo sostenible y equilibrado para toda la región? La respuesta, por ahora, es inquietante.
Estas cifras, a la vez, se dan en el momento en que TotalEnergies anuncia la suspensión, hasta diciembre del próximo año, de la tramitación de su proyecto de hidrógeno verde, quedando en standby la mayor inversión privada que había ingresado al Sistema de Evaluación Ambiental.
En rigor, Magallanes ha avanzado poco en diversificar su matriz productiva. La economía sigue dependiendo de rubros tradicionales, sujetos a la volatilidad de los mercados internacionales, a los vaivenes de la demanda externa y a limitaciones estructurales propias de una región extrema. Lo más preocupante es que este dinamismo ha tenido escasa o nula expresión en Tierra del Fuego, donde las condiciones para desarrollar nuevas industrias y emprendimientos permanecen prácticamente intactas.
La isla grande, con su potencial en turismo de intereses especiales, energías limpias, pesca y ganadería de valor agregado, continúa relegada a un segundo plano. Falta infraestructura, incentivos claros para la inversión y políticas públicas específicas que permitan que el auge magallánico se sienta también en Porvenir, Primavera o Timaukel. No se trata solo de un tema de equidad territorial: la diversificación que requiere la región difícilmente podrá lograrse sin poner en valor las capacidades y ventajas de Tierra del Fuego y de otras zonas más relegadas, pero igualmente importantes.
Las cifras de crecimiento son, sin duda, alentadoras. Pero el riesgo es conformarse con un dinamismo que refuerza lo ya existente, sin abrir espacio a lo nuevo. La región necesita ir más allá del ciclo virtuoso actual y proyectar un modelo que distribuya oportunidades de manera más justa y que construya un futuro menos dependiente de sectores puntuales.
Magallanes tiene la oportunidad de aprovechar este buen momento económico para sembrar las bases de un desarrollo más diversificado, inclusivo y territorialmente equilibrado. El verdadero desafío es que, cuando las cifras se enfríen, Tierra del Fuego y toda la región puedan mirar atrás y decir que esta vez sí se avanzó en transformar el crecimiento coyuntural en desarrollo duradero.




