Del Allende que admiró al Boric que cuestiona: la mirada de Tomás Moulian
‘Plural’ y crítico. Así se muestra Tomás Moulian (1939) al momento de reflexionar sobre la historia reciente y la política actual. Hoy, radicado en Magallanes por motivos familiares, el sociólogo se mueve entre ideales y desencantos. De incontrarrestable alma izquierdista, encara la que puede ser la instalación de un gobierno de ultraderecha en nuestro país y hace advertencias sobre lo que considera “los peligros de Kast”. Y, tras enumerarlos, señala: “Por el bien de Chile, espero equivocarme”.
Más que hablar de tendencias, movimientos mundiales u otras justificaciones, es sencillo y directo al responder qué es lo que ha cambiado en nuestro territorio para haber llegado a este momento: “Cambiamos nosotros y con ello cambia Chile”.
Próximo a lanzar un libro que reúne casi cuatro décadas de escritos, entrevistas y opiniones suyas sobre nuestro país, el también académico y ensayista chileno admite que él ha idealizado el gobierno de la Unidad Popular. No estuvo exiliado y vivió en carne propia los rigores de la dictadura.
Moulian ha centrado su trabajo en la crítica social y política del país, con énfasis en el análisis de las transformaciones institucionales y culturales precisamente desde el proyecto allendista hasta la actualidad. Ha publicado numerosos libros y artículos y es ampliamente reconocido por su mirada crítica sobre la democracia, la economía neoliberal y los procesos de cambio social en Chile.
En enero, lanzará un nuevo libro que lleva por título “Plural”, nombre bajo el cual se reunirá una serie de entrevistas, algunas nuevas, otras antiguas, y artículos que ha publicado.
“Por ejemplo, incluye un artículo que escribí en la revista Análisis, titulado ‘Karen Eitel o la impunidad’, por el cual fui detenido en su momento por injuria. También hay entrevistas de distintos periodos, como una realizada por un brasileño durante los tiempos de la Unidad Popular, con la colaboración del argentino Horacio Tarcus”, reseña.
El lanzamiento está previsto para el 13 de enero y se espera que esté presente el Premio Nacional de Ciencias Sociales 2025, José Bengoa.
– Son casi cuatro décadas. En este tiempo, ¿cuánto ha cambiado Chile?
– “Mucho. Durante los 17 años de dictadura estuve en Chile y trabajé en Flacso, dirigido entonces por José Joaquín Brunner, que era socialista y del Mapu, como yo”.
– Pero, en rigor, ¿qué ha cambiado?
– “Ha cambiado el país y cambiamos nosotros”.
– ¿Qué cambios percibe en la sociedad y los valores?
– “Es difícil precisar. Yo idealizo el Chile de la Unidad Popular; me marcó profundamente. Viví la dictadura y, luego, fui crítico de los gobiernos de la Concertación por corregir parcialmente lo que hizo Pinochet y mantener la Constitución de 1980. Cambié yo y, por lo tanto, veo un Chile distinto”.
– Insisto: ¿Cuál es la esencia del cambio en Chile?
– “Cambiamos nosotros y con ello cambia Chile. Cada época imprime su sello y la historia reciente nos obliga a reflexionar sobre ideales, errores y oportunidades para el futuro”.
El error de Boric
– ¿Qué opinión tiene del gobierno de Boric?
– “No me ha gustado mucho el gobierno de Boric, pese a que ha realizado cosas importantes, como la reforma a las pensiones, 40 horas laborales, pago de sueldos a profesores, apoyo a los detenidos del estallido social. Pero no ha cambiado la Constitución y eso, a mi juicio, es un error central”.
– Respecto al rechazo al comunismo en Chile, ¿de dónde cree que proviene?
– “Es histórico. Los comunistas fueron ilegalizados tres veces: por Ibáñez, González Videla y Pinochet. Eso deja una herencia profunda de anticomunismo, que se ve reforzada por el desastre en algunos países socialistas y la caída del Muro de Berlín”.
– Hablando de elecciones y polarización, ¿qué escenario proyecta para Chile?
– “Creo que Kast ganará. La diferencia con Jara es mínima, pero las fuerzas coordinadas favorecen al primero. Personalmente, no comparto muchas de sus ideas, como subir la edad de jubilación o recortar gasto social, pero así lo veo”.
– ¿Cómo evalúa la migración y los derechos humanos en el país? Lo pregunto porque existe una tendencia a absolutizar el derecho de los migrantes.
– “Cuando se absolutizan los derechos humanos sin considerar los deberes y la seguridad, surgen problemas. Pero acá creo que hay errores más infantiles. No cuidar la migración ilegal es una insensatez absoluta. En la frontera norte hay deficiencias de control y gestión de la migración ilegal, y eso es un error grave”.
Los peligros de Kast
A una semana de las elecciones presidenciales, Moulian habla de lo que considera “los peligros de Kast para el devenir democrático” y plantea que tienen que ver con algunas de sus propuestas, pero también con su trayectoria política.
“Entre las cuestiones que ha prometido realizar me llaman la atención dos: una es el cambio de la edad de jubilación de 65 a 75 para los hombres y de 60 a 70 para las mujeres. Esta propuesta, además de ser injusta, es ineficiente”, apunta y hace ver que “el Estado debería hacerse cargo de los ciudadanos afectados en esos diez años de diferencia. ¿Kast va a plantear esa posibilidad? Si lo hace, el costo para el Estado sería enorme”.
Por otro lado, “si no lo hace, se caería en una feroz injusticia, pues todos sabemos que las promesas fiscales han sido distintas. Hace poco fue aprobada una reforma de pensiones por parte del gobierno de Boric con el apoyo de una parte de la derecha”.
La otra promesa de campaña es disminuir en seis mil millones los gastos fiscales. “Otra insensatez. ¿Por qué? Porque al disminuir esa cifra necesariamente se afectarían los gastos sociales, los cuales parecen no importarle al candidato señalado”, acota.
Para el sociólogo, se tiene que reparar en la trayectoria de Kast. “Fue y todavía es acérrimo partidario de Pinochet. Como bien se sabe, éste impuso una dictadura de 17 años”, señala.
“Si bien seguramente Kast rechaza la cuantificación de la Comisión Rettig, que indicó 2.932 casos de víctimas, no puede ignorar los asesinatos selectivos: por ejemplo, el del general Prats, el de Orlando Letelier, el de los degollados. Con esos crímenes basta para tener una opinión sumamente negativa de ese periodo. Sobre esas cuestiones dice que son pasadas y que no tiene sentido recordarlas. Eso lo dice porque no es ni siquiera un hombre de derecha, sino de extrema derecha”, reflexiona.
También cuestiona que el candidato haya dicho que la crisis de octubre del 2019 había sido organizada desde el extranjero.
Sobre el empeño de Kast de impedir la llegada de inmigrantes, observa que los métodos deben ser compatibles con los derechos humanos. “¿Le interesan esos derechos al candidato Kast? Si recordamos lo que fue la dictadura de Pinochet, habría que decir que no. Por el bien de Chile, espero equivocarme”, señala.
El embajador imprudente
El ministro chileno de Relaciones Exteriores calificó como “el embajador imprudente” a Brandon Judd, nuevo representante de Estados Unidos en Santiago, tras su intervención sobre la segunda vuelta de la elección presidencial.
“A mi entender, fue mucho más que imprudente. Por cierto, se pronunció sobre la segunda vuelta de la elección presidencial, mostrando su preferencia por el candidato de la derecha. Creo que una intervención de ese tipo, aplaudida por el diputado (Diego) Schalper, debería bastar para que se le negaran las credenciales y se exigiera su salida del país”, dice y añade:
“Si realiza este acto cuando aún no es reconocido como embajador, ¿qué se puede esperar de él mañana?”, cuestiona.
El sociólogo dice que el embajador tiene derecho a opinar sobre ciertos temas, como las críticas del Presidente Boric a Trump, pero no está facultado para “predecir el futuro chileno”. Habla de arbitrariedad: “Si una actitud como la del embajador la hubiese adoptado uno cubano o mexicano, ya se hubiese impulsado su salida. Y con razón”.
Además, cuestiona la aceptación de su intervención por parte de actores locales: “Pero lo más inverosímil es que esa actitud tenga aplausos del entorno del candidato derechista”.
Moulian concluye que Kast debió rechazar públicamente este tipo de intervenciones, pues la mayoría de los chilenos “no acepta las intervenciones imperiales” y sería un error ceder frente a presiones externas que atenten contra la soberanía y la identidad del país.




