Necrológicas

Investigador expone la urgencia de recuperar la identificación botánica en Magallanes

Domingo 4 de Enero del 2026

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  • En una región marcada por ecosistemas frágiles, extensos territorios poco estudiados y decisiones ambientales de alto impacto, la pérdida de especialistas en taxonomía vegetal emerge como un riesgo crítico para la conservación, la restauración ecológica y la planificación territorial. El investigador Erwin Domínguez advierte sobre la necesidad de restituir la formación botánica de campo y fortalecer las capacidades científicas locales para comprender -y cuidar- la biodiversidad de Magallanes.

En los últimos años, la disminución global de especialistas en botánica -y especialmente de profesionales capacitados en identificación de plantas- ha sido descrita como un problema creciente en la comunidad científica internacional.

Sin embargo, en la Región de Magallanes este fenómeno adquiere una dimensión aún más crítica: en un territorio vasto, ecológicamente sensible y escasamente estudiado, la pérdida de capacidades taxonómicas impacta de manera directa en la calidad del conocimiento ecológico, la planificación territorial y las decisiones ambientales.

Erwin Domínguez, investigador del Inia Kampenaike vinculado a estudios de flora regional, explica que la identificación precisa de especies constituye el fundamento técnico de procesos tan relevantes como la restauración ecológica, la evaluación de impacto ambiental y el monitoreo de la vegetación. Un error en la determinación botánica -por ejemplo, confundir especies del género Festuca en fase vegetativa o no distinguir correctamente entre especies de Acaena- puede derivar en diagnósticos inexactos, planes de manejo ineficientes o interpretaciones equivocadas sobre procesos de degradación. Por ello, subraya, el trabajo taxonómico debe ser reconocido, citado y formalmente incorporado en la estructura de las publicaciones científicas.

Domínguez plantea que la biodiversidad actúa como un lenguaje que permite leer la historia ecológica de un ecosistema. Cada especie responde de manera distinta al frío, al viento, a la herbivoría, a la competencia o al déficit hídrico. Tras una perturbación -como incendios, construcción de infraestructura, tránsito de maquinaria o sobrepastoreo- la trayectoria de recuperación depende de qué plantas sobreviven, cuáles recolonizan y en qué secuencia ocurre ese proceso. Comprender esas dinámicas sucesionales sólo es posible cuando existe una base taxonómica rigurosa.

A ello se suma evidencia reciente que demuestra que los ecosistemas con mayor diversidad tienden a ser más estables y resilientes frente a disturbios, mientras que la diversidad funcional aumenta la capacidad de los sistemas para sostener procesos ecológicos esenciales, como la productividad primaria, la captura de carbono o la regulación hídrica. En Magallanes, estos atributos se vinculan directamente con actividades productivas estratégicas, como la ganadería extensiva de la estepa patagónica.

En este escenario, iniciativas como el Catálogo de la Flora Vascular de Inia Kampenaike adquieren un valor estratégico. Más allá de registrar las especies presentes en un predio experimental, estos trabajos constituyen una línea base para interpretar la estructura y función de los ecosistemas locales, fortalecer programas de restauración basados en evidencia y facilitar la detección de especies nativas, endémicas, introducidas e invasoras. Al mismo tiempo -destaca Domínguez- restituyen el valor de la botánica de terreno como componente esencial de la investigación ecológica.

Pero en un territorio tan vasto y de baja densidad humana como Magallanes, la pérdida de especialistas no es solo un problema académico: dificulta la generación de inventarios florísticos confiables, limita la comprensión de la dinámica de los ecosistemas y debilita los esfuerzos de conservación. Reconocer formalmente el trabajo de identificación botánica, afirma, no es un gesto simbólico sino un requisito para garantizar la integridad del conocimiento científico.

Por ello, el investigador considera prioritario fortalecer la formación botánica, promover la investigación florística y reactivar la capacidad regional de identificación taxonómica. Enfrentar los desafíos ambientales del extremo sur -señala- requiere volver al terreno, a la lupa, al herbario y a la rigurosidad que ha sostenido a la disciplina por más de un siglo.

Porque, como concluye Domínguez “no se puede proteger lo que no se conoce, no se puede manejar lo que no se entiende y no se puede restaurar lo que no se identifica correctamente”.

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