Necrológicas

El futuro, el presente y el pasado de Enap Magallanes

Sábado 3 de Enero del 2026

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Por Alvaro Vargas Riquelme y José Ruiz Pivcevic

 

El 29 de diciembre de 1945, en el pozo Springhill N°1, en Tierra del Fuego, se descubrió el primer yacimiento de petróleo comercial en Chile. Ese hallazgo marcó un punto de inflexión que dio inicio a uno de los cambios productivos y sociales más relevantes en la historia de la Región de Magallanes. Impulsado por la Corporación de Fomento de la Producción (Corfo), este proceso culminó el 19 de junio de 1950 con la creación de la Empresa Nacional del Petróleo (Enap).

La historia de Enap es también la historia de sus trabajadores y, en particular, de generaciones de trabajadores magallánicos que levantaron una industria en uno de los territorios más australes y aislados del mundo. Desde la mítica isla de Tierra del Fuego, construyeron campamentos e infraestructura estratégica que aún hoy forman parte del orgullo regional y del patrimonio productivo del país.

Pero la relevancia histórica de Enap va más allá de la creación de empleo o de infraestructura. Su desarrollo se produjo en un contexto regional complejo: una economía golpeada por la caída del comercio marítimo internacional y por la progresiva disminución de la producción ovina, que había alcanzado su apogeo décadas antes. A diferencia de ese ciclo previo -marcado por una fuerte concentración del ingreso, profundas desigualdades sociales y una dolorosa huella histórica asociada a la violencia contra pueblos originarios y trabajadores-, la industria del petróleo introdujo una lógica distinta de desarrollo liderada por el Estado.

El surgimiento de Enap y de la actividad petrolera es recordado como una verdadera épica del trabajo. Permitió el acceso a empleos estables y de calidad, dejó infraestructura al servicio de toda la región y consolidó una empresa pública con un fuerte compromiso territorial. Una empresa que no sólo reconfiguró la estructura productiva de Magallanes, sino que además ha generado ingresos para el país y beneficios concretos para su población.

Este compromiso con el desarrollo del país y de la región se mantiene vigente en la actualidad, en un escenario donde se hace imprescindible avanzar hacia una transición energética justa y sostenible. En ese contexto, adquiere especial relevancia el desarrollo de una planta de hidrógeno verde en Enap Magallanes, ubicada en Cabo Negro, con una inversión aproximada de 14 millones de dólares. Así como hace ocho décadas el descubrimiento de petróleo en esta región dio origen a una empresa y a una nueva etapa de desarrollo, hoy la incorporación de nuevas tecnologías energéticas abre un nuevo ciclo, proyectando desde Magallanes una transformación coherente con los desafíos energéticos del siglo XXI y con una visión de largo plazo para el país.

Hoy, cuando observamos que los países líderes del mundo avanzan, innovan y compiten a escala global de la mano de empresas públicas, mixtas o con participación estratégica del Estado, resulta inevitable reflexionar sobre el rol de Enap. Su historia demuestra que ha sido una herramienta clave para el desarrollo regional y nacional, y su capacidad de proyectarse hacia nuevas áreas energéticas dependerá de las decisiones estratégicas que el país adopte en los próximos años. Resguardar a Enap como empresa pública es reconocer su aporte histórico y asegurar que Chile cuente, también hacia el futuro, con una empresa capaz de contribuir al desarrollo, la innovación y la soberanía energética desde la Región de Magallanes

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