El joven que alza la voz por el campo magallánico a nivel nacional
Si algo encarna Gonzalo Castillo Mancilla como líder y vocero del mundo rural es una invitación directa a volver a la tierra. No como retroceso, sino como una elección consciente.
“Muchos creen que el campo es puro sacrificio o pura nostalgia”, dice Gonzalo. “Pero también es futuro. Se puede vivir de esto, se puede hacer bien y se puede hacer rentable. Para mí la agricultura es negocio, sí, pero sobre todo es vínculo. Es quedarte en la tierra como lo hicieron los abuelos, sólo que hoy con internet, con herramientas nuevas y con otra cabeza. Lo que quiero es que más jóvenes se vean acá y entiendan que producir en Magallanes no es una locura: es una oportunidad”.
Es cuarta generación de agricultores y recorre su predio como quien lee una historia familiar escrita en surcos, invernaderos y viento. El orgullo se le nota cuando presenta a su abuelo, Juan Marco Mancilla Harambour, de 96 años, aún testigo vivo del oficio, y cuando recuerda a su abuela Marina Edith Ojeda Ojeda, ex dirigenta de Indap, a quien reconoce como una de las raíces que sostuvo el impulso hortícola de la familia. De esa memoria nace también el nombre de su negocio: Huerto Herencia de Abuelos.
Hoy es presidente regional de la Mesa de Jóvenes Rurales y vocero nacional de los jóvenes agricultores del país. Desde ese rol se ha convertido en una voz visible del campo y sus necesidades: el costo de producir en climas extremos, el acceso al agua, la estacionalidad, la presión urbana sobre el suelo agrícola, la falta de infraestructura y la urgencia de que el mundo urbano mire al mundo rural como parte estratégica del desarrollo.
Tiene un predio a metros del Hospital Clínico y del avance urbano, donde brotan hortalizas frescas y sanas, cultivadas con una mirada agroecológica: verde que no recorre miles de kilómetros ni depende de una cadena de frío interminable. “Producir acá es soberanía, frescura y economía local. Y también una oportunidad real para que los jóvenes se queden”, señala.
Su predio funciona como prueba. Invernaderos en expansión, mejoras de infraestructura y planes de autoabastecimiento conviven con una mirada agroecológica entendida no como moda, sino como necesidad. En su liderazgo, la palabra clave es relevo. No como eslogan, sino como urgencia. Porque el futuro del campo –repite- no se decreta: se teje.




