El profesor que hizo renacer una orquesta escolar desde sus cenizas
Luis Ormeño Gallardo es el alma detrás de una orquesta escolar que, tras años de interrupciones y dificultades, logró resurgir “como el Ave Fénix”, devolviendo a niñas y niños la posibilidad de soñar a través de la música. Hoy, ese esfuerzo no sólo lo distingue a él, sino que simboliza el renacer de un proyecto colectivo que impacta a toda una comunidad educativa.
La orquesta de la Escuela Padre Alberto Hurtado vivió su momento cúlmine en 2019, cuando se presentó en España en el marco de la conmemoración de los 500 años del descubrimiento del estrecho de Magallanes, ofreciendo un concierto en el Congreso de la República. Luego vinieron el estallido social y la pandemia, que interrumpieron los ensayos, fragmentaron el grupo y obligaron a comenzar casi desde cero. Durante años, la música pareció apagarse.
Pero Ormeño no bajó los brazos. Junto a la entonces directora del establecimiento educacional, Hilda Cárcamo, mantuvo vivo el proyecto incluso a través de clases por “Zoom”, formando nuevos músicos desde cursos muy pequeños. De ese proceso nació una nueva generación de estudiantes que hoy integra una orquesta y banda con un nivel que ha sorprendido a músicos profesionales de la Armada, del Ejército y del medio regional.
Actualmente, la orquesta titular cuenta con entre 23 y 24 integrantes, cifra que se eleva a 36 al sumar a los “semilleros”, niños y niñas que recién comienzan a tomar contacto con los instrumentos. Desde tercero básico hasta séptimo, los estudiantes no sólo aprenden a tocar, sino también a comprometerse, a ser responsables y a creer en sus propias capacidades. “Todo se logra con la música”, afirma Ormeño, convencido de su poder transformador.
Su sueño es que esta orquesta llegue algún día a escenarios de alto nivel, como el Teatro del Lago, en Frutillar, representando a Magallanes. Más allá de los escenarios, su mayor logro está en el cambio que observa en sus alumnos: mejores notas, mayor disciplina y una autoestima fortalecida.
“Son secos, capos, todos comprometidos. Son unos chicos muy lindos”, señala Luis Ormeño, destacando que la clave detrás del éxito está en la paciencia y el compromiso de sus estudiantes.
A sus 51 años, casado y padre de dos hijos, Luis Ormeño lleva cerca de 12 años en la escuela. Su vocación se forjó entre el Conservatorio de Concepción y su paso por bandas institucionales, donde aprendió a dominar múltiples instrumentos. Hoy transmite ese conocimiento con una convicción clara: el talento no basta sin compromiso humano. “Si no te comprometes con tus niños, no logras nada”, sostiene.




