La historia de la céntrica Galería Alfonso
La Galería Alfonso, ubicada en la calle 21 de Mayo de la ciudad de Punta Arenas, perteneció a Alfonso Menéndez Behety, “Alfonsito” el hijo con la personalidad más interesante de los descendientes de José Menéndez.
Si bien siempre trató de ser parte importante dentro del manejo de sus empresas era un personaje más bien “Dandy” que recorrió el mundo y publicaba en medios locales muchísimas imágenes de estos paseos, siempre acompañado de bellas jóvenes. Tenía un muy buen vestir. Era muy popular entre la comunidad e incluso fue jurado en muchas ocasiones de certámenes de belleza y otras frivolidades.
La compañía bautizó con su nombre a uno de los barcos más imponentes de la flota Menéndez Behety.
En Punta Arenas tuvo su residencia en la gran casona que hoy sirve como casa del Obispo de Magallanes.
Alfonso Menéndez Behety falleció el 28 junio de 1945, a los 65 años de edad, en Buenos Aires, Sus restos mortales fueron trasladados el día siguiente al Cementerio Municipal de Punta Arenas.
Respecto de la galería, hay mucha historia y comentarios.
Dicen que, a la muerte de Alfonso, su casa fue donada al Obispado y la galería a su mayordomo Alejandro Sánchez, quien se los heredó a sus hijos.
Tenía una especie de valet o mayordomo que vivía al fondo del palacio de la esquina. El dueño prácticamente vivía en Buenos Aires y venía a Punta Arenas una vez al año.
El edificio tuvo muchos destinos: poseía hermosos departamentos los cuales se arrendaban (uno de ellos era ocupado por el famoso personaje Carvajal, el arquitecto). José Daniel Mancilla Mansilla, narra: “Viví allí. También Guillermo el de las lámparas de Aladino y Carvajal”. Eduardo Ojeda Alvarez, añade: “Ahí vivía a finales de los 60 un amigo mío de apellido Vásquez con su mamá, en un departamento en el 2° piso, pero no me acuerdo el nombre. Fuimos a tomar once una tarde. Marta Vásquez, a la vez agrega: “La galería era hermosa. Viví ahí varios años y al menos hasta 1967 estaba muy bien tenida con cuatro grandes y hermosos departamentos.
Sus dependencias fueron ocupadas, entre otros, por el Palacio de la Novia y los muebles de la Metalúrgica Hema, de Juan Hetchenlainer.
Mónica Salazar, sostiene que ahí estuvo Modas Nané, donde impartía clases la señora Irma con la colaboración de Julita.
Nelson Alvarado recuerda que allí funcionó el “Eros”, un café con piernas. Clara Venegas acota que ahí estuvo la Escuela de Conductores. Por su parte, Amalia Trujillo expresa que en el año 1970 estuvo allí Impresos Coirón. María I. Pérez, subraya que allí se instaló el Instituto Alonso Figueroa, donde ella estudió secretariado y dactilografía. Rosa González añora cuando iba a ese lugar, con su tío, a jugar la Polla Gol.
Leo Fernández Gálvez, aporta: “Cuantos recuerdos! Mi padre tuvo su oficina de contabilidad allí, en una de las ventanas que da hacia los balcones, allá por los años ‘80.
(Por mi parte, yo visité allí al abogado Leopoldo Castillo, que tenía su departamento y oficina en los altos).
Colegio Miss Ellen
Mario Larravide cuenta que allí impartió clases el Colegio Miss Ellen. Por su parte Mirtha Sánchez agrega que su prima era profesora de esa escuela.
María Angélica Sanhueza Opazo, nos informa que, en ese sitio, muchos tenían interés en poner algún negocio, pero no duraban mucho como aquel café con piernas.
¿Cuál sería la razón? Quizás algunas declaraciones arrojen alguna luz al respecto.
Mirtha Cecilia Sánchez Bustamante, acota: “Saben que en ese edificio pasaban muchas cosas de terror. Mi prima que trabajaba allí dice que no se atrevía a bajar sola a la calle por los pasillos. Su hermana con su marido subían a buscarla todos los días a su trabajo. Ella contaba que era tenebrosa la cosa y se sentían cosas extrañas”.
Una persona que no quiso dar su nombre, señaló: “Creo que ese edificio tiene su historia tenebrosa. Las chicas que trabajan en ese restaurant con piernas escuchaban penar en la bodega”.
Mary Navarrete, confirma que allí hubo una fábrica de costuras y un tío le contaba que allí penaban.
Una versión expresa que, entre el Palacio que pertenecía a Alfonso Menéndez y el edificio en que funcionaron establecimientos educacionales, la Quinta Normita y el Hogar de Cristo, existía un túnel que comunicaba ambas construcciones.
Mito o realidad. Pero eso es historia, porque desde que tomó posesión de la propiedad el Conservador de Bienes Raíces y Archivero Judicial, y fue transformada, nuevos aires solpan en las instalaciones.
Una interesante historia, de un emblemático edificio de la Perla del Estrecho que debe estar declarado Patrimonio Regional.




