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El desafío de planificar mejor un verano con cultura e identidad

Por La Prensa Austral Sábado 10 de Enero del 2026

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La cartelera estival presentada por el gobierno regional de Magallanes confirma una tendencia que, bien conducida, puede transformarse en una de las principales fortalezas culturales del territorio. Es relevante el apoyo sistemático a festivales, fiestas costumbristas y competencias deportivas que se despliegan más allá de la capital regional, llegando a comunas rurales y zonas apartadas donde la actividad cultural no sólo entretiene, sino que cohesiona comunidad, rescata tradiciones y dinamiza economías locales.

Que “todos los fines de semana del verano estén ocupados”, como destacó el gobernador Jorge Flies, habla de una oferta diversa y ambiciosa, respaldada mayoritariamente por recursos públicos a través de instrumentos como el 8% del FNDR. En una región extensa y fragmentada geográficamente, este esfuerzo por distribuir actividades en Laguna Blanca, Torres del Paine, Primavera, Porvenir y otras comunas es una señal positiva de descentralización real, donde la cultura no se concentra únicamente en Punta Arenas.

Festivales como la Esquila, la Fiesta de la Chilena o el Asado Más Grande de la Patagonia no son simples panoramas estivales. Son espacios donde se transmiten saberes campesinos, prácticas ganaderas, música, gastronomía y formas de encuentro que definen la identidad magallánica. Su continuidad en el tiempo -algunas con más de tres décadas de historia- demuestra que no se trata de eventos improvisados, sino de hitos culturales profundamente arraigados en la memoria local.

Sin embargo, el propio éxito de esta cartelera abre desafíos que no pueden ser ignorados. La advertencia desde el mundo gremial sobre la necesidad de coordinar mejor las fechas es una señal clara de que la planificación intercomunal aún puede perfeccionarse. La superposición de eventos no sólo fragmenta públicos, sino que tensiona recursos logísticos, artísticos y de seguridad, afectando tanto a organizadores como a asistentes.

Asimismo, resulta legítimo preguntarse por la sostenibilidad de este modelo: ¿cómo asegurar que el apoyo regional no se limite a la temporada alta?, ¿qué ocurre con estas expresiones culturales el resto del año?, ¿existe una estrategia de fortalecimiento permanente para las organizaciones que sostienen estas fiestas más allá del financiamiento puntual?

El respaldo del gobierno regional y del Consejo Regional es clave, pero debe ir acompañado de evaluación, transparencia y visión de largo plazo. 

Magallanes tiene en su verano una vitrina privilegiada para mostrar quiénes somos y cómo habitamos este extremo del país. El desafío ahora es que esta cartelera no sea únicamente una suma de actividades, sino una política cultural coherente, equilibrada y profundamente conectada con las comunidades que le dan sentido.

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