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“Esto no se está desarrollando a la velocidad que esperábamos”

Lunes 12 de Enero del 2026

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Lucas Ulloa Intveen

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En un escenario de transición energética global, la industria del hidrógeno verde (H2V) en la Región de Magallanes se enfrenta a un doble desafío: la ralentización de los mercados internacionales y la urgencia de generar condiciones internas que den certeza a los inversionistas. Salvador Harambour Palma, quien lidera el gremio que hoy agrupa a cinco empresas con seis proyectos en desarrollo, analiza el presente y futuro del sector con una mezcla de realismo y optimismo estratégico.

Harambour reconoce con franqueza que la industria no está avanzando a la velocidad esperada originalmente. Factores como la baja en los precios internacionales del petróleo le han quitado competitividad momentánea a los proyectos verdes, en un mercado que aún no termina de madurar. “Lo único concreto es que esto no se está desarrollando a la velocidad que esperábamos, lo cual no significa que no se vaya a desarrollar”, afirma, proyectando que los inicios de construcción, antes previstos para 2027 o 2028, probablemente se dilatarán algunos años.

A pesar de este retraso global, Harambour destaca que las ventajas naturales de Magallanes -su viento y geografía- permanecen intactas y no dependen de los vaivenes del mercado. Para el ejecutivo, este tiempo extra debe ser visto como una oportunidad para obtener las aprobaciones ambientales y licencias sociales necesarias.

En una conversación franca, el director ejecutivo de la Asociación de Hidrógeno Verde de Magallanes analiza por qué la industria ha bajado las revoluciones y cómo las decisiones en Washington o en foros climáticos internacionales dictan el ritmo de lo que ocurre en las pampas magallánicas.

– Para comenzar, ¿cuál es el diagnóstico real de la industria hoy frente a las expectativas que se tenían hace un par de años?

– “Lo único concreto que tenemos hoy día, que podemos ser taxativos, es decir: esto no se está desarrollando a la velocidad que esperábamos. Estamos sufriendo un proceso de un mercado que no termina de madurar, que se está desarrollando más lento de lo que se preveía. El hidrógeno verde sigue compitiendo con los hidrocarburos y hemos visto una baja de precios del petróleo a nivel internacional, y eso ciertamente impacta porque le quita competitividad a los proyectos. Son ciclos propios de toda industria nueva”.

– Se han visto decisiones en los foros internacionales que podrían ser negativas para la industria. ¿Cómo influyen las decisiones de las potencias en lo que pasa en Magallanes?

– “Se ve complejo. Este año tuvimos malas noticias tanto en la COP como en la IMO (Organización Marítima Internacional), porque se atrasaron decisiones a nivel global que propiciaban un avance hacia los combustibles más verdes (…) Eso tiene mucho que ver con el criterio que ha impuesto Trump; a uno le puede gustar más o menos, pero claramente ha incidido. Cuando estás hablando de proyectos planteados para una vida útil de 25 ó 30 años, empieza a ser relevante qué es lo que pasa en términos de los gobiernos que puedan ir variando”.

– Si el mercado global se ha ralentizado, ¿qué debe hacer la región mientras tanto?

– “Tenemos que ver el vaso medio lleno: esto atrasa los proyectos, pero otorga un poco más de tiempo para obtener las aprobaciones ambientales y las licencias sociales. Las ventajas naturales que tenemos en Magallanes siguen estando vigentes; esas no van a cambiar porque no dependen del mercado (…) El desafío es que, cuando se abra una próxima ventana -sea en 3, 5 ó 10 años- , estemos listos para salir a competir. No podemos darnos el lujo de desaprovechar un recurso de calidad mundial”.

– Considerando que los plazos de construcción se están dilatando, ¿cómo afecta esta lentitud a los proyectos locales?

– “Eso ya es resorte de cada uno de los proyectos, pero claramente va a haber necesidad de readecuar algunas de las condiciones. Hoy no te puedo decir si tal o cual proyecto está pensando en congelar o si otro va a aprovechar justamente este tiempo para meterle más inversiones; eso ya depende de la estrategia de cada uno. Lo que sí es claro es que estamos en un periodo de “vacas un poco más flacas” y el desafío es avanzar en competitividad ahora para que, en el próximo ciclo, lo podamos ocupar. Como región, lo peor que podemos hacer es jugar con la paciencia de los inversionistas, porque no es competitivo que pasen años haciendo estudios sin saber si se van a concretar”.

– Se ha criticado que Chile “apostó al caballo equivocado” frente a la electromovilidad. ¿Cuál es su visión sobre este punto?

– “No es acertada la comparación; es comparar peras con manzanas. La electromovilidad se refiere a vehículos con motores eléctricos, automóviles o buses, y eso no depende del hidrógeno. Lo que nosotros pretendemos producir es amoniaco, un combustible para aplicaciones que no se pueden electrificar fácilmente, como flotas de transporte naviero de gran escala o aviación. Hasta el momento, no se puede convertir un auto familiar para que funcione con amoniaco, pero sí se pueden convertir barcos”.

– ¿Cuáles son los pilares fundamentales que el Estado debería garantizar para que esta industria se concrete en la región?

– “Yo creo que hay tres líneas fundamentales. Uno es lo arancelario: tener algún beneficio en las etapas iniciales de construcción; no pedimos que el Estado ponga plata, sino que las condiciones den competitividad. Dos, la infraestructura: hay que hacerlo todo. Necesitamos construir uno o eventualmente dos puertos más, reforzar aeropuertos y caminos; la red eléctrica no existe, hay que hacerla desde cero. Y tercero, las aprobaciones ambientales: necesitamos certezas, plazos más definidos y acotar los espacios de judicialización. Lo peor que podemos hacer es jugar con la paciencia de los inversionistas; no es competitivo que pasen 4 ó 5 años haciendo estudios sin saber si se van a concretar”.

– Mirando hacia el futuro, ¿existen otras alternativas para el potencial energético de Magallanes, como los Data Centers?

– “Las condiciones son muy buenas por la temperatura baja, el agua y la energía, pero tenemos contras. Necesitamos energía estable -la eólica es fluctuante- y el gran problema es cómo transportamos los datos hacia y desde la región. La fibra óptica que tenemos hoy día no alcanza. El proyecto tendría que ser integral: energía, data center y fibra óptica propia para poder competir contra los centros tecnológicos mundiales”.

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