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A Violeta y Margarita

Sábado 17 de Enero del 2026

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Por Vladimiro Mimica Cárcamo

 

Coincidieron en su vuelo final, dos mujeres admirables. Nos dejaron, Violeta Aguila y Margarita Mihovilovich, mujeres ya ancianas que entregaron, de manera distinta, sus mejores bríos por nuestra región.

“Violeta se fue a los cielos, quizá cuándo vendrá”. Por esas cosas inexplicables a veces en la vida, en la casa de mi amiga Violeta Aguila, la eterna compañera de nuestro inolvidable Cocho Cárcamo, conocí a la Violeta mayor, que ya volaba por el mundo, doña Violeta Parra, con la que compartimos las inigualables cazuelas de luche y “cabeza” de cordero, con las que Cocho y doña Celia, experta en la cocina, madre de Violeta Aguila, solían agasajar a sus más ilustres invitados. En esta oportunidad, a “doña Violeta” que nos visitaba con Chile Ríe y Canta.

Violeta Aguila, “maestra” de las grandes e irremplazable Normalista de otros tiempos, sembró el bien, el saber, la solidaridad, la perseverancia, prudencia y constancia, más allá de lo que a diario enseñaba con tiza y pizarrón, a innumeras generaciones de niños y niñas, hoy abuelos, en toda nuestra región.

Fue puntal en todas las ideas que Cocho logró hacer realidad desde la radio, fueron muchas en el campo social, político, deportivo, cultural, periodístico y vecinal.

Violeta siempre ahí, no atrás, al lado del querido esposo, padre y compañero.

Violeta fue mujer sencilla, acogedora, de pocas palabras, pero, de profundos afectos.

Fue mi amiga, cómplice y confidente en mi juventud. Pendiente Violeta nos quedó una conversación, la haremos, con Cocho, con las viejas y eternas Celia y Chayo, también con Alfonsito, con quienes estoy cierto te has reencontrado.

A Anahí, Verónica, Karlita y familias, mi compañía y sinceras condolencias.

Margarita Mihovilovic

Margarita, flor de nuestros campos de antaño, “te quiero mucho, poquito, nada”.

Le escribo a una Margarita infatigable, a la que conocí siendo niño, es cierto, también a la presidenta por años, de nuestro Club Croata, a la creadora de una revista embajadora por el mundo de las actividades Croatas en Chile, “Male Novine”, verdadero cordón umbilical entre los croatas esparcidos por el continente y que un día, como nuestros “nonos”, dejaron las costas del Adriático.

Margarita por años se constituyó en piedra fundamental, en incansable activista de cuanta actividad emprendiera la colectividad en Magallanes.

Lideró movimientos artísticos, sociales, culturales e intercambios con representaciones aquí afincadas, que como los “eslavos” del ayer, hicieron de Magallanes tierra propia.

Margarita Mihovilovich traspasó la histórica casona de Errázuriz y 21 de Mayo, para llegar con su talento y mano acogedora a toda la región, donde su presencia fuera necesaria.

Gracias por tanto Margarita, mi afecto y cariño a la familia Fonseca Mihovilovich y al Club Croata, el club de su vida.

Violeta y Margarita seguirán siendo sembradas y cultivadas, también regadas, porque nunca serán marchitadas en nuestra admiración y recuerdos.

Descansen en paz, dos grandes amigas, ilustres mujeres de nuestra querida región.

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