Cómo se recuperó Laguna Blanca después del primer desastre medioambiental en Magallanes
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La directora regional del Inia Kampenaike, Claudia Gómez, dijo que “falta que otras entidades también aporten” para ampliar las investigaciones.
Felipe Simeone G.
El primer desastre ambiental en la Región de Magallanes ocurrió en la comuna de Laguna Blanca, que hereda su nombre del cuerpo de agua de origen glaciar que tiene una cuenca de 850 kilómetros cuadrados.
La laguna también es conocida bajo el nombre de “anfiteatro glaciar” y presentó sequías extremas que la dejaron casi sin agua en 2018. Posteriormente, en 2021, su suelo quedó despoblado de vegetación y fue reemplazado por un terreno arcilloso, salino y casi sin vida.
Ciencias se trasladó hacia el sector y conversó con la directora regional del Inia Kampenaike, Claudia Gómez, y con el investigador regional Erwin Domínguez, para conocer cómo se puede revertir esta dramática situación.
¿Por qué ocurrió esto?
En 2021, la laguna llegó a secarse casi en su totalidad, lo que provocó que el sedimento que se encontraba en el fondo quedara expuesto y fuera levantado por el viento. Esto generó grandes masas de polvo que alcanzaron hasta 100 metros de altura y se dispersaron por los alrededores. Este sedimento secó la vegetación local, dando paso a una sequía extrema que significó el primer desastre ambiental de la zona.
Este evento coincidió con el punto más crítico del déficit hídrico en Magallanes, fenómeno que permitió decretar una emergencia agrícola por escasez de agua.
El predio de Juan Zúñiga y la restauración pasiva
Juan Zúñiga, productor ganadero y dueño de la estancia Aurelia del Carmen, fue uno de los más afectados por este fenómeno medioambiental, ya que la vegetación del lugar desapareció casi por completo, incluyendo el forraje con el que alimentaba a sus animales. Además, los pocos cuerpos de agua existentes fueron contaminados por el sedimento, lo que provocó que el ganado enfermara producto de la bacteria clostridium, que causa efectos que van desde la muerte súbita hasta parálisis, depresión, diarrea hemorrágica, rigidez muscular y fiebre, siendo la vacunación la principal herramienta de control.
Por la grave situación y sus consecuencias, Zúñiga decidió solicitar ayuda al Instituto de Investigaciones Agropecuarias (Inia) para estudiar el fenómeno.
Para encarar este problema, el Inia invitó a diversas autoridades pertinentes al lugar, entre ellas el alcalde Fernando Ojeda, el Servicio de Evaluación Ambiental, la seremi de Agricultura y también inspectores del Servicio de Impuestos Internos, quienes evaluaron incluso el cobro de contribuciones a un productor que había quedado sin materias primas para desarrollar su actividad.
Tras las primeras investigaciones, el Inia intentó aplicar una técnica utilizada desde los años 60 en Magallanes: la siembra de dos especies vegetales que han ayudado históricamente a controlar dunas en bordes costeros. En un comienzo, la idea parecía factible. Sin embargo, las primeras muestras de suelo de Laguna Blanca revelaron que el terreno arcilloso contenía altos niveles de sal, potasio, sulfato y fosfato, además de presentar características de suelo distintas. Por ello, la primera estrategia fue descartada.
Pero, se descubrió que los nutrientes presentes en este suelo arcilloso resultaron ser un fertilizante natural de gran calidad. Frente a esto, la entidad investigadora optó por una dinámica de repoblamiento natural, es decir, una restauración pasiva. Cuando volvieron las lluvias, la combinación del agua con este material y sus nutrientes permitió el crecimiento nuevamente de la vegetación.
“El año pasado y este han sido años muy lluviosos, ha llovido bastante y eso, de alguna manera, ha lavado el sedimento arcilloso y ha permitido que las semillas que estaban presentes se expresen. Entonces, ahora lo que está creciendo acá son solamente especies que están adaptadas y que siempre han estado acompañando a la Laguna Blanca por miles de años. Son las mismas plantas que crecen alrededor de la laguna”, explicó Erwin Domínguez.
Mata verde
En estas investigaciones también se determinó que la vegetación que crece en las cercanías de la laguna corresponde a especies halófitas, es decir, organismos que prosperan en ambientes con alta concentración de sal.
El Inia Kampenaike analizó entonces diferentes tipos de plantas halófitas que podrían crecer en la laguna y determinó que existía una especie de la región, presente tanto en San Gregorio como en Tierra del Fuego, que podría ser de gran ayuda para la localidad: “La mata verde”.
“Trajimos 100 individuos que agrupamos en conjuntos de 25. Son arbustos halófitos que pueden crecer aproximadamente un metro y medio, aunque son lentos en su crecimiento. La gracia de estos arbustos es su arquitectura, que actúa como una muralla contra el sedimento”, explicó Domínguez.
“Esto se llama traslocación. Sacamos plantas de un lugar que tiene características similares al sitio receptor. Por eso tuvimos que estudiar primero las características del suelo. Tomamos muestras del lugar donante y del lugar receptor. Es como cuando a las personas les hacen un injerto. Han visto que, en algunos accidentes, cuando alguien pierde una oreja y no se la pueden recolocar de inmediato, se la implantan en otra parte del cuerpo, como el tobillo. Eso también se llama traslocación”, detalló el investigador.
Pero, si la planta es endémica, ¿por qué no crecía antes en Laguna Blanca? Según Domínguez, “es una cuestión física”. La mata verde suele crecer detrás de cerros, tanto en San Gregorio como en Tierra del Fuego, y Laguna Blanca, al ser un lugar abierto, no ofrece las condiciones necesarias para que las semillas se establezcan de forma natural.
Aun así, existía un problema latente: las especies locales, como liebres, guanacos y algunas aves, podrían alimentarse de la planta. Sin embargo, este inconveniente no requirió una solución adicional.
“Cuando instalamos el ensayo, llamó mucho la atención de los guanacos, que se acercaron al lugar. ¿Qué pasó? Resultó que este arbusto no es palatable, es decir, no se lo come el guanaco. Es resinoso, tiene un olor desagradable para el herbívoro y también un mal sabor”, expresó Domínguez.
El Inia ha estado presente en el lugar desde 2021 hasta la actualidad. No obstante, la directora regional del instituto señaló que ninguna de estas investigaciones habría sido posible sin el apoyo de la Municipalidad de Laguna Blanca, ya que se utilizó el presupuesto de emergencia para financiar los estudios. Aun así, aclaró que queda mucho por investigar e hizo un llamado a otras entidades a sumarse al trabajo.
“Falta que otras entidades también aporten, que hagan su aporte o convenios con el Inia. Tuvimos una mesa donde estuvieron todas las autoridades regionales y el Inia tomó el desafío de la situación”, explicó Claudia Gómez.




