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Centro de Rescate Canino de Punta Arenas: cuando el hombre se olvida de su “mejor amigo”

Domingo 18 de Enero del 2026

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  • Pensado originalmente como un recinto de paso, con el tiempo se ha transformado en un espacio de permanencia forzada para decenas de perros que llegaron tras el abandono, el maltrato o tras resoluciones judiciales por irresponsabilidad humana.

 

Matías Ponce Cerda

 

Actualmente, el Centro de Rescate Canino a cargo de la Municipalidad de Punta Arenas dispone de 36 caniles para un total de 44 perros, una cifra que refleja la constante tensión entre la capacidad instalada y la realidad diaria. “Por eso hay un par que están ocupando un canil doble, lo que no es lo ideal, que sería un canil por perro”, reconoce el médico veterinario del recinto, Jorge Stambuk.

El objetivo inicial del recinto era funcionar como un espacio transitorio. Sin embargo, la práctica dista de ese ideal. “En el papel es súper simple que esto sea un centro de paso, pero en la práctica es complicado”, señala Stambuk.

No todos los perros pueden volver a la calle, incluso cumpliendo con los procesos de esterilización, vacunación y microchip que establece la normativa. Hay animales adultos mayores, perros que ingresan por denuncias de maltrato y otros catalogados como potencialmente peligrosos, que requieren evaluaciones conductuales y manejos especiales. “Hay perros que no tiene sentido volver a largarlos, porque no van a sobrevivir o no van a volver”, afirma el veterinario.

En algunos casos, los animales regresan por decisión propia. “Volvemos con el perro porque nos sigue o intenta subirse a la camioneta municipal. Eso también habla de abandono y de vínculo”, relata, dando cuenta de una problemática que va más allá de lo sanitario.

Abandono y la tenencia irresponsable

Cada canil encierra una historia marcada por situaciones dramáticas. Lisa llegó hace tres meses tras ser víctima de maltrato y hoy permanece en observación dentro del recinto. Anakin ingresó durante 2025 por la misma causa, sumándose a la lista de perros retirados de contextos de violencia.

Quiles llegó en octubre de 2025 como una forma de castigo, luego de que ingresara a un patio y matara a un perro poodle, en un hecho marcado por la complicidad irresponsable de su dueño. Un caso que abre un debate profundo sobre la tenencia responsable y la influencia humana en el comportamiento animal.

También están Miel y Freya, quienes serán sometidas a una cirugía y posteriormente quedarán en condiciones de ser adoptadas. En tanto, Hera cuenta con el apadrinamiento de rescatistas independientes, mientras que Dakota llegó al canil bajo el apoyo de la Agrupación Vida, lo que refleja el rol clave que cumplen las organizaciones animalistas en el cuidado de mascotas.

Uno de los casos más emblemáticos es Loco, quien lleva seis años en el canil, desde los inicios del recinto municipal. “Tenemos perros que llevan seis o siete años acá. Y no es vida para un perro”, reconoce Stambuk con franqueza.

Desafíos a futuro

El Centro de Rescate Canino funciona los 365 días del año, sin excepción. La limpieza de los caniles es diaria y rigurosa. “Acá no hay feriados. Todos los días se limpia, se retiran fecas, orina y se desinfecta”, recalca el veterinario.

Todos los perros cuentan con desparasitación periódica y su esquema de vacunación al día. Cada salida al recreo es evaluada previamente, de acuerdo con el comportamiento de cada animal, permitiendo interacciones controladas o salidas individuales cuando es necesario.

Desde el recinto, el llamado es claro: adoptar y no comprar. “Muchos de estos perros alguna vez tuvieron tutores. Por eso el llamado es a ser responsables”, enfatiza Stambuk. Cada adopción libera un cupo y permite rescatar a otro animal. Cabe destacar que el centro no recibe perros particulares de manera temporal, ya que los ingresos se realizan principalmente por denuncias o procedimientos oficiales.

Pese a las dificultades, existen avances. Actualmente hay un proyecto de mejoras en curso, publicado en el portal de Mercado Público, que contempla la ampliación de la casa clínica, la construcción de un quirófano y un espacio de hospitalización. “No es rápido, pero ya está el trámite. Ya tenemos un proyecto”, destaca el veterinario.

Mientras tanto, el trabajo del personal del canil continúa de manera silenciosa y constante: un esfuerzo diario que cuida a perros que esperan, con paciencia y esperanza, una nueva oportunidad.

 

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