Necrológicas

Centralismo persistente

Por La Prensa Austral Domingo 25 de Enero del 2026

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Magallanes conoce bien el centralismo. Lo ha padecido durante décadas y lo ha enfrentado con persistencia, entendiendo que gobernar una región extrema desde la distancia no sólo es ineficiente, sino que erosiona la legitimidad democrática y debilita el desarrollo territorial. Por eso, cada vez que se inicia un nuevo ciclo político, la expectativa regional vuelve a ser la misma: que las decisiones que afectan a la zona se tomen con la región, y no a sus espaldas.

En ese contexto debe leerse la postura asumida por el senador Alejandro Kusanovic, que trasciende una molestia puntual y pone sobre la mesa un problema estructural, dada po la dificultad del poder central para confiar en las capacidades políticas y técnicas existentes en las regiones. No se trata de una queja individual, sino de una advertencia sobre una práctica que, pese a los avances discursivos en descentralización, sigue reapareciendo con inquietante facilidad.

Resulta especialmente llamativo que esta lógica persista cuando el nuevo gobierno cuenta, en Magallanes, con parlamentarios electos, partidos organizados y una base de adherentes suficientemente amplia como para generar propuestas sólidas de conducción regional. Existen profesionales con trayectoria, experiencia técnica y conocimiento del territorio. Incluso, dentro del propio sector político que hoy está por asumir el poder, hay personas que ya han gobernado la región, habiendo sido parte de los dos gobiernos del Presidente Sebastián Piñera. No se parte de cero ni de un vacío de competencias.

En este marco, la queja expresada por el senador respecto de caudillismos e imposiciones desde Santiago tienen total sentido, en cuanto a que el gobierno central debería respetar el trabajo mancomunado que sus parlamentarios y dirigentes han estado desarrollando a fin de presentarle ternas bien consesuadas.

Pese a ello, el reflejo centralista parece imponerse una vez más, como si las regiones no fueran capaces de articular alternativas propias y confiables. Esta desconfianza implícita no sólo desconoce el capital humano existente, sino que contradice el espíritu con el que se ha intentado fortalecer a los gobiernos regionales en los últimos años. Un proceso que, aunque imperfecto, apuntaba precisamente a dotar a los territorios de mayor protagonismo en su propio destino.

El nuevo gobierno tiene ante sí una oportunidad y una responsabilidad. Persistir en decisiones tomadas desde Santiago y caprichos personales, sin considerar la realidad política y técnica regional, no sólo tensiona la relación con los territorios, sino que debilita su propia gobernabilidad. Reconocer que en Magallanes existen cuadros políticos y profesionales capaces, incluso dentro del propio oficialismo, sería una señal concreta de que el discurso descentralizador no es sólo retórico.

La región no pide privilegios. Exige algo más básico y más profundo que es respeto. Respeto a su historia, a su condición estratégica, a su capital humano y a su derecho a ser parte activa de las decisiones que la afectan. El centralismo puede ser una práctica antigua, pero no por ello debe seguir siendo una costumbre inevitable.

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