El otro fútbol
Empezamos el año con fútbol (entre otras cosas), pero con ese fútbol que se juega en canchas diferentes, esas canchas vedadas a la hinchada: ahí no hay tribuna ni galería. Somos testigos —después nos enteramos a través de la prensa— de otras jugadas, las del mercado de pases, las de la Comisión del Mercado Financiero, donde representantes y dirigentes se lucen con gambetas millonarias.
Entonces nos invade la nostalgia por esos veranos futboleros de antes, de “harto” antes, cuando la legendaria revista Estadio de la década del sesenta, esa de Antonino Vera (Aver), Renato González (Mr. Huifa), Edgardo Marín (Emar) o Julio Martínez (Jumar), por nombrar a algunos, nos mantenía al tanto de las competencias internacionales que se jugaban en nuestro país: los recordados octogonales o hexagonales de verano, disputados principalmente en el Estadio Nacional.
Lo mejor del fútbol mundial llegaba a Chile: entre otros, Emelec de Ecuador, Estrella Roja de Yugoslavia, Peñarol de Montevideo, San Lorenzo de Almagro, Vasas de Hungría, la selección de Checoslovaquia, el representativo de Alemania Oriental o Santos de Brasil con Pelé incluido, o el Dínamo de Moscú capitaneado por el gran Lev Yashin (“Araña Negra”), el mejor arquero del mundo.
Estos elencos venían con sus formaciones titulares, no mandaban al equipo de reservas. Junto a los ya citados, recordemos, por ejemplo, al Benfica de Portugal, que llegó en 1969 a disputar un amistoso con Universidad de Chile, contando en su formación con el gran Eusebio (nacido en Mozambique), hasta la fecha el mejor jugador de la historia del fútbol portugués (y que nos perdonen los admiradores de Cristiano Ronaldo).
Las nombradas y otras escuadras internacionales enfrentaban a lo mejor del fútbol nacional, en general a los denominados “grandes”: Colo-Colo, Universidad de Chile y Universidad Católica, que hacían noticia por motivos netamente deportivos. Sin necesidad de “banderazos”, estos equipos realizaban su “pretemporada” midiéndose de igual a igual con las élites del fútbol mundial en pleno verano, después de haber actuado durante todo el año en el campeonato nacional.
Los partidos se jugaban en horario nocturno, cuando ya bajaba la temperatura; el fútbol era una fiesta familiar y se llegaba en micro al Estadio Nacional sin temor a que el vehículo fuera “tomado” o “secuestrado” por hordas disfrazadas de hinchada. Incluso, gente de provincia viajaba especialmente con motivo de estas competencias o hacía un “aro” en las tan ansiadas vacaciones para ocupar un lugar en la tribuna.
Hoy “los grandes” copan las páginas de papel o digitales, o los minutos radiales o televisivos, por motivos extrafutbolísticos. A la consabida fusión fútbol-farándula, con disputas conyugales entre otras “perlitas” noticiosas, se suma la acción del “mercado”, donde fluctúan precios de acciones, marcas publicitarias, jugadores y directores técnicos. Si Adam Smith viviera, celebraría sin reservas la acción de “la mano invisible” del mercado futbolero (harto invisible, podríamos agregar).
Todo lo anteriormente expresado no desmerece en absoluto los méritos deportivos de los ya citados “grandes” del fútbol nacional, méritos que, en todo caso, los ponen solo por sobre el resto de los equipos criollos, pues, aunque duela reconocerlo, no los vemos jugando de igual a igual con las actuales formaciones de aquellos elencos que venían a los torneos de verano.
Estos méritos, aunque precarios, indudablemente generan un círculo virtuoso: a mayores triunfos, mayor cantidad de adherentes, jugosas recaudaciones y mayor mercado potencial para conglomerados económicos que actúan en el fútbol a través de sociedades anónimas. Llegan suculentos contratos de publicidad en los uniformes, venta de derechos para la televisión cerrada y licencias para la comercialización de distintos bienes y servicios. Sin embargo, hay algunos que queremos que el fútbol vuelva a los estadios o a las humildes canchas de provincia, a los “potreros”, si se quiere, pero que vuelva a donde debe jugarse.
Imagen: Efraín Santander y Lev Yashin, arqueros de Colo-Colo y Dínamo de Moscú, respectivamente (Torneo Hexagonal, Santiago 1969).
Nota: Hoy escribimos de fútbol, pero no debemos obviar lo importante, pues, aparte del fútbol, empezamos este año con la tragedia que azota la zona sur de nuestro país a raíz de los incendios. Desde esta columna hacemos llegar nuestras condolencias a quienes perdieron a sus seres queridos y nuestro mensaje de esperanza a quienes deberán empezar de nuevo. Por ahí por donde pasó el fuego anduvimos de tanto en tanto en nuestros días universitarios; quizás más de alguien que hoy está sufriendo nos regaló una sonrisa en esos tiempos.




