“El botín”: policías pesados
Por Guillermo Muñoz Mieres,
periodista
Estados Unidos, 2026
Director: Joe Carnahan
Protagonistas: Matt Damon, Ben Affleck, Sacha Calle, Steven Yeun, Teyana Taylor
Netflix
“Odio ser policía. Me despierto de madrugada y pienso en el tiempo. En cuánto ha pasado y cuánto más me queda. Y qué mierda voy a hacer con él”, dice el teniente de policía Dane Dumars, recién ascendido y que, al parecer, no disfruta de este éxito, ya que fue a costa del asesinato de una colega y, además, carga sobre sus hombros algo más que una pérdida.
La confesión la realiza a su colega y partner, JD Byrne, en medio de un extraño operativo junto a su equipo, al interior de una casa donde hallan, para su sorpresa, un botín escondido de millones de dólares, cuando esperaban mucho menos: 300 mil, 150 mil, 75 mil… quién sabe.
Y lo que cuenta “El botín”, en clave de thriller policial y de acción, son las horas de tensión entre la llegada a la casa donde vive la colombiana Desi López, el hallazgo del dinero y la extraña actitud del teniente Dumars al dirigir el operativo. Para peor, en medio de la noche reciben la llamada de una voz anónima que advierte que, de no marcharse, en pocos minutos podrían condenarse a engrosar el listado de mártires de la institución.
“El botín” está dirigida por Joe Carnahan, un realizador que se mueve con soltura en este tipo de relatos, pero donde lo más interesante son sus protagonistas, Matt Damon y Ben Affleck. Compinches desde la juventud y, en la industria del cine, ya sea como actores, guionistas —en este filme también como productores ejecutivos— o realizadores, cuando se juntan son como dinamita y dejan claro que no vienen a “mascar chicle”.
La presencia de ambos llena la pantalla y sostiene la película, porque existe una complicidad actoral en la construcción de dos personajes que se conocen más de lo que uno cree, tanto como para desconfiar uno del otro. Y esa desconfianza se transmite a todo el equipo, porque aunque a su alrededor desfilen siglas policiales que debieran dar tranquilidad, el dinero es demasiado y la tentación también.
Entonces “El botín” no pierde tiempo y se despliega con adrenalina a lo largo del operativo, en un ambiente claustrofóbico y casi en penumbras, que logra ilustrar algo muy propio del cine negro policial: un entorno dominado por la corrupción.
La película recuerda en algo a “Asalto en el precinto 13” (1976), de John Carpenter, que tuvo un remake casi 30 años después, donde un grupo de policías queda atrapado a merced de una banda criminal que, en dos horas, hace en una comisaría lo que a “Terminator” (1984) le tomó apenas unos diez minutos.
Aun cuando la película abusa de cierta manipulación para esconder datos y así sorprender —bueno, ¿qué película no lo hace?— “El botín” atrapa porque combina la acción con el drama interior de los protagonistas, ambos marcados por pérdidas personales, así como también por la situación del equipo, que ha quedado medio “huérfano” tras la muerte de su capitana.
Y su nuevo “tutor” a cargo anda algo raro: impulsivo, intrigante y desconfiado. No confía en nadie, solo en sus dos manos que, como el clásico personaje interpretado por Robert Mitchum en “La noche del cazador” (1955), quien llevaba en sus anillos inscritas las palabras “Odio” y “Amor”, tienen tatuadas las iniciales de dos frases que le recuerdan en qué lado del mundo le corresponde estar.




