La razón o la emoción
¿Quién decide los destinos de un Estado?
En estos tiempos una imagen o un meme valen más que mil palabras o todo un razonamiento. En tiempos en que no hay diálogo ni disposición para ello. En estos tiempos en que no existe tiempo para razonar, pero si hay suficientes estímulos para emocionar.
No hay duda que las situaciones de abuso y de injusticia indignan.
No hay duda que los abusos, la arbitrariedad y los atropellos vienen de los poderosos, pues es imposible que provenga de quienes no detenta poder alguno.
No hay duda que todos esperan una justicia rápida en los casos que conmocionan.
Hemos visto la caída de sistemas de financiamiento de la política por medio de instituciones sin fines de lucro; la caída de poderosos y Excelentísimos Ministros; la caída de fiscales del Ministerio Público; la caída de políticos que han abusado de su condición.
Pero, ¿es realmente una caída?.
Más de tres años y aún no tenemos sentencia judicial que determine responsabilidades reales en el financiamiento ilegal de la política. Se ha dispuesto la detención de poderosos: alcaldes, ex ministros de Estado y del Poder Judicial, incluso destituciones, pero aún no tenemos una sola sentencia, consecuencia de un procedimiento judicial racional y justo, que nos permita tener claridad de las verdaderas razones de estas “caídas”.
Tengo la triste impresión que las formalizaciones y detenciones sin juicios, sólo constituyen escaramuzas de enorme efecto mediático, pero nulo resultado efectivo, por lo menos hasta hoy, y ello, al final del día puede pasar una cuenta importante a la sociedad.
Formalizaciones interminables, de tres o más días que poco aportan a la claridad de los hechos; la síntesis, otrora una manifestación profunda de inteligencia que comprende la capacidad intelectual de analizar, evaluar y establecer de manera precisa, clara y evidente un determinado problema o situación, hoy no existe.
Me parece que hoy se resuelven los actos institucionales desde la indignación, desde la emocionalidad y no desde la racionalidad: denuncias a destajo, sean o no fundadas; solicitudes destempladas de renuncia, juicios públicos, sin prueba, pero convincentes en cuanto a las gravedades de hechos no acreditados.
Puede que mi posición sea considerada contracorriente, o ir más allá y establecer que se trata de un encubrimiento o una conformidad con la corrupción, pero no se equivoquen, lo único que solicito y que imploro es un poco de razón cuando se inician estos procesos que denuncia corrupción; la emocionalidad es buena, nos mantiene alerta y despiertos, pero tan importante como ella es la razón que determina, con parámetros más objetivos, la realidad, los hechos y responsabilidades; una y otra se complementan, son necesarias e imprescindibles.
Doy el beneficio de la duda y espero que después de una serie de actos que han generado impacto: formalizaciones, detenciones, destituciones, se generen las sentencias, los actos que son el corolario, la culminación de un proceso racional y justo, que determine efectiva y perentoriamente las responsabilidades, sean penales, administrativas, civiles, morales o éticas, pues la sociedad no puede subsistir y proyectarse solo con emocionalidad, necesita razones acreditadas para seguir avanzando.




