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De Alaska a Ushuaia: pareja magallánico-francesa cruzó pedaleando América en 612 días

Domingo 8 de Febrero del 2026

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“Desde el momento en que compras el ticket, ya no hay vuelta atrás”. Esas fueron las palabras de Camilo Mancilla Garay, quien, impulsado por una idea espontánea y un fuerte espíritu aventurero, emprendió junto a su pareja francesa, Célimène Bernand, un viaje en bicicleta a lo largo de todo el continente americano: desde Alaska hasta Ushuaia.

Camilo Mancilla creció en la Región de Magallanes durante los años 90. “Mi infancia la pasé en el barrio Croata, tengo grandes recuerdos de aquí, de Punta Arenas”, explicó. Por motivos laborales se trasladó a Europa, donde comenzó a interesarse por el ciclismo. “Usaba la bicicleta a diario para ir al trabajo; recorría cerca de 10 kilómetros cada día”.

Mientras vivía en Bruselas, Bélgica, conoció a la francesa Célimène Bernand a través de amigos en común. El vínculo entre ambos se fortaleció gracias al amor compartido por el ciclismo. “Allá pasan muchas cosas relacionadas con la bicicleta. El último viernes de cada mes se reúnen ciclistas para recorrer la ciudad. Muchos van juntos. Ahí nos conocimos”, comentó Célimène.

Ambos contaban con experiencia viajando. Camilo había recorrido la Carretera Austral, mientras que Célimène realizó un viaje de seis meses por Europa, pasando por Bélgica, Francia, Alemania y Austria, entre otros países.

Tras un año y medio de relación y con todos sus ahorros, decidieron emprender el viaje desde Alaska hasta Ushuaia, llevando solo lo esencial: una bicicleta cada uno y bolsos especiales para transportar agua, comida, una cocina portátil y la carpa donde dormían. “Llevábamos prácticamente toda nuestra vida, todo lo que necesitábamos para vivir”.

Cada uno transportaba cinco bolsos: dos a cada lado de la bicicleta y uno sobre el portaequipaje. El peso adicional alcanzaba aproximadamente los 25 kilos, sin contar la bicicleta, que pesaba cerca de 16 kilos. Este peso variaba según la cantidad de comida y agua que debían cargar. “Estuvimos en Baja California durante el verano, con temperaturas de hasta 45 grados, sin sombra ni lugares cercanos. Ahí tenías que llevar más agua y comida, lo que significaba más peso”.

La decisión del destino se tomó apenas seis meses antes del viaje. Compraron los pasajes en agosto de 2023 y el 18 de mayo de 2024 llegaron a Anchorage, la ciudad más poblada de Alaska.

“Teníamos muchas ganas de recorrer el continente americano, conocer los países de Latinoamérica, su arqueología, su comida y su forma de vida. Centroamérica fue genial y en México nos trataron muy bien; fue uno de los países que más nos gustó”.

“Desde el momento en que compramos los tickets, la decisión ya estaba tomada. Fue rápido, porque hay personas que planifican un viaje así con tres años de anticipación. Ya teníamos experiencia viajando y eso ayuda mucho. Siempre quise conocer Alaska, porque es casi lo opuesto a Punta Arenas”, explicó Camilo.

Respecto a la planificación de la ruta, señalaron que gran parte del viaje se basó en la improvisación. “Hay que dejar espacio para compartir con la gente local, recibir recomendaciones y vivir esas experiencias”. Muchas decisiones se tomaron sobre la marcha, considerando también la seguridad de cada país. “En México, por ejemplo, hay zonas que no son recomendables”.

El financiamiento

La pareja ahorró durante varios años. “Desde que llegué a Europa, más o menos. Allá los salarios son más altos y, si llevas un estilo de vida sencillo, puedes ahorrar más”. No sabían exactamente cuándo realizarían el viaje, pero tenían claro que ocurriría en algún momento. “Son elecciones de vida: en Bruselas no teníamos auto, arrendábamos una pieza y dejábamos de gastar en muchas cosas”.

Con un presupuesto ajustado, debían calcular cuidadosamente los gastos diarios. “Multiplicas el dinero que tienes por los días que te quedan y sacas un monto diario que no puedes sobrepasar”. En promedio, gastaban cerca de 15 euros ($15.500) diarios, incluyendo comida y alojamiento. “Algunos días gastas más y otros menos, pero se equilibra”.

La ruta completa suele tomar entre 19 y 20 meses. En su caso, el viaje duró 612 días.

El viaje

“El inicio siempre es lo más difícil, porque tienes que acostumbrar el cuerpo al ritmo. Te acuestas y te levantas temprano para aprovechar la luz del día”, relataron. Desde Anchorage establecieron un ritmo de cinco a seis horas diarias de pedaleo, con pausas frecuentes para descansar. “Llevábamos pequeñas sillas, hacíamos picnics y disfrutábamos los paisajes”.

Desde Alaska pasaron a Canadá, recorriendo Yukon y Columbia Británica, llegando incluso a la isla de Vancouver. Luego regresaron a Estados Unidos, donde enfrentaron su primer gran problema migratorio. “No sabíamos que la visa seguía corriendo al salir del país. Cuando volvimos, nos dijeron que solo nos quedaban diez días”.

Debido a esta situación, tomaron un ferry de 2.000 kilómetros hasta Seattle, luego un tren de 36 horas hasta California, continuaron hasta San Diego y finalmente cruzaron a México.

Ingresaron a Tijuana el 15 de agosto, mucho antes de lo previsto, llegando en pleno verano. “Fue muy estresante por el calor; llegamos a pedalear con temperaturas de hasta 47 grados”. La deshidratación les provocó intensos dolores de cabeza. “Lo único que quieres es encontrar una casa con aire acondicionado”.

En México recorrieron Baja California, Sinaloa, Nayarit y Ciudad de México, para luego pasar por Puebla y Oaxaca. Posteriormente debieron tomar una decisión clave: salir por Chiapas o modificar la ruta. “Era una frontera muy tensa. Otros ciclistas nos contaron que los detenían grupos armados, así que decidimos ir por la península de Yucatán y salir por Belice”.

Belice no estaba contemplado inicialmente, pero los sorprendió por su diversidad y sus ruinas mayas. Luego pasaron a Guatemala, uno de los mayores desafíos debido a sus pendientes. Después atravesaron rápidamente El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá.

Desde Panamá volaron a Colombia, ya que el Tapón del Darién es una zona extremadamente peligrosa. “Es riesgoso por el tráfico humano, la fauna, la flora y la ausencia total de rutas”.

Colombia los impresionó desde el primer momento por sus paisajes y la calidez de su gente. Luego continuaron hacia Ecuador y Perú, país del que destacaron sus paisajes, calificándolos como “unos de los más bonitos del viaje”. Posteriormente atravesaron Bolivia y Chile.

En Bolivia vivieron momentos de tensión debido al proceso electoral, pero tras algunos días de espera la situación se normalizó.

Ingresaron a Chile por Putre el 21 de septiembre, recorrieron el desierto florido y destacaron la enorme diversidad de paisajes del país.

Finalmente, llegaron a Punta Arenas, donde Camilo se reencontró con su madre tras siete años. “La última vez que vine fue para el funeral de mi padre, por lo que volver fue muy emotivo”. Tras permanecer algunos días en la ciudad, continuaron hacia el destino final: Ushuaia, donde culminó la travesía.

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