Necrológicas
  • – Andrés Navarro Mihovilovich

    – Gumercinda del Carmen Bahamóndes Ojeda

    – Carlos Gallegos Pérez

“¿A dónde me la llevo?”: la historia de Bicha, la yegua sin hogar tras la expropiación del Club Hípico

Domingo 8 de Febrero del 2026

Compartir esta noticia
656
Visitas

Víctor Ojeda Barría tiene 45 años y prácticamente todos los ha pasado ahí dentro, en los terrenos del Club Hípico. “Toda la vida”, dice sin dudar. Su padre llegó antes que él, hace casi medio siglo, cuando el lugar todavía vibraba con carreras y público. Desde entonces, su familia nunca se fue. Son los únicos que aún viven al interior del recinto, cuidando caballos cuando ya casi no queda nadie.

Tiene pena, pero sobre todo incertidumbre sobre su futuro. En menos de un mes deberá hacer abandono del Club Hípico de Punta Arenas, lugar que considera una extensión de sí mismo, producto de la expropiación por parte del Servicio de Vivienda y Urbanismo para dar paso al “Central Park” magallánico.

Su pena no es solo por dejar este espacio, sino por el porvenir de los caballos que con dedicación alimenta, pasea y cuida todos los días. Como todo “padre”, tiene un favorito: en este caso es “Bicha”, una yegua de 20 años que llegó proveniente de Porvenir tras quebrarse una pata, fractura que fue mal tratada, dejando a “Bicha” con la extremidad torcida. “Ya va a vivir así, pero el problema es mañana… Si nos dicen que nos tenemos que ir. ¿A dónde me la llevo?”.

Bicha no corre. No compite. No genera dinero. Pero vive. Es mansa, dócil, paciente. Los dueños la visitan, se preocupan de su comida y Víctor la cuida como si fuera propia. “No es llegar y tirarla a la calle”, insiste. “Hay tantos campos por ahí… Con ayuda se podría buscar un lugar”.

El destino que ronda a “Bicha” como una sombra es el sacrificio. Pero ahí, dentro del club, nadie quiere ni nombrarlo. “Acá la gente es animalista”, dice. “No porque tenga la patita así la vamos a sacrificar”. Para Víctor, “Bicha” todavía tiene algo que entregar. Podría servir para terapias, para que niños y niñas la toquen, la cepillen y compartan con ella.

La expropiación del exrecinto hípico amenaza con dejar a personas y animales sin destino. Muchos cuidadores no tienen campo. Viven en Punta Arenas, en casas sin patio. Mantener un caballo cuesta entre 250 y 300 mil pesos mensuales, solo en alimentación. “¿Dónde te vas a llevar un caballo? ¿Al patio de la casa?”, pregunta Víctor, sin ironía.

Según Alberto Lara, uno de los propietarios, el primer aviso de desalojo fue entregado solo a una persona vinculada al Club de Carrera La Chilena, indicando incluso una fecha inmediata para abandonar el lugar. “El resto de nosotros no fue informado, pese a que pagábamos regularmente por la mantención y el arriendo de los caballos”, señaló.

“Si estamos acá es porque era el único espacio que teníamos, no somos grandes terratenientes, no tenemos ni estancia, ni nada donde vamos a tener los caballos”, sentencia.

La Sociedad Club Hípico tiene como plazo máximo hasta el 27 de febrero para retirar los 34 caballos que aún permanecen en el exrecinto y finiquitar los contratos de arrendamiento de algunas instalaciones comerciales que funcionan en el lugar.

Quién cuidará
de los caballos

Detrás de los latones antiguos y oxidados se revela un mundo oculto para el puntarenense de a pie: personas que, con dedicación constante, alimentan y cuidan a los caballos. No hay señales de abandono; los animales no se ven desnutridos, mantienen el pelaje brillante y tienen toda su documentación al día ante el Servicio Agrícola y Ganadero. Pese a la treintena de caballos existente, el hedor de las heces apenas se percibe. En medio de esa vorágine emerge Nelson López, dueño de Zafiro, un joven caballo de cuatro años de edad, quien realiza labores de limpieza de la caballeriza.

Nelson lleva más de 45 años vinculado al Club Hípico. Llegó en una época en que se realizaban hasta nueve carreras al día, con siete caballos en competencia. Siempre ha tenido caballares; hoy es dueño de cuatro ejemplares, los cuales entrena para carreras a la chilena y enduro ecuestre.

Aún no sabe dónde llevará a sus caballos. Se enteró hace un par de días del desalojo. Todo ha sido muy rápido; incluso ya no está pagando por el uso de las caballerizas, debido a que la Sociedad Club Hípico dejó de existir el mes pasado. Al mes, por caballo, pagaban cerca de 40 mil pesos.

Afirma que en la labor de cuidado equino trabajan entre ocho y diez personas y, con el dedo, apunta a Víctor Ojeda, señalando que él aún vive en el recinto. Añade que las autoridades no les han ofrecido ninguna solución y exige que se les otorgue más tiempo para concretar la salida.

“Los más afectados van a ser los animales, porque hoy en día aquí hay una tropilla”, expresa Alberto Lara, manifestando su desacuerdo con tener a los equinos encerrados en pesebreras de 3×3, sin posibilidad de correr libremente por la naturaleza como lo hacen en este recinto.

Otro trabajador, quien no quiso dar su nombre, indicó que el Serviu debería autorizarles a quedarse hasta que comiencen las obras, ya que con eso incluso se aseguraría que el terreno no sea mal utilizado mientras se finiquita el proyecto del “Central Park”.

Al interior de los trabajadores existe la idea de formar una asociación y solicitar una concesión de uso gratuito de algún paño fiscal para montar una caballeriza que pueda acoger a estos ejemplares. No descartan golpear la puerta del municipio ni reunirse con parlamentarios para encontrar una solución. Eso sí, descartan de plano que estos caballos se sumen a las tropillas que, con la llegada de la primavera, comienzan a proliferar en plazas y parques de Punta Arenas.

“Este es un lugar único. Aquí vienen familias los fines de semana, los niños conocen a los caballos, hay contacto con la naturaleza. Eso en la ciudad no existe”, sostuvo Alberto Lara, quien cuestionó la falta de un proceso consultivo y advirtió que el recinto cumple un rol social y comunitario relevante.

Pin It on Pinterest

Pin It on Pinterest