Conversando con un columnista
–¿Hasta dónde llega la libertad de expresión de un columnista de diarios, como usted?
– “Hasta donde empieza la oficina del director”.
– ¿Los diarios se venden principalmente por sus columnistas?
– “Por los columnistas y la programación de los canales de TV”.
– ¿Contra quién o contra qué no se debe escribir?
– “Contra la madre”.
– ¿Es receptivo a los halagos?
– “Lo suficiente para que mi ego se sienta argentino por un ratito”.
– ¿Cuál es la enfermedad profesional del columnista?
– “Pretender ser ingenioso en cada línea. Me costó siete años en darme cuenta que eso es imposible. Me quedo con el consejo que una vez me dio Lafourcade: ‘Hay que escribir pensando en que el lector es más listo e inteligente que uno’. Es decir, hay que escribir desde la humildad…sobre todo si se trata de humor”.
– ¿Qué le molesta de la hornada de periodistas jóvenes?
– “Que son como Sansón. Con dos columnas pretenden pasar a la historia. Olvidan que esta es una tarea de largo aliento”.
– ¿Se considera un buen columnista?
– “No. Pero cuando me di cuenta de ello, ya me estaban pagando por hacerlo. Tuve que seguir”.
– ¿Cree que su condición de columnista le da cierto poder?
– “Para nada. Tengo el poder que me dan algunos lectores cuando me escriben y felicitan. Creo que soy un marginado, un des-instalado de la sociedad. Un voyerista de la vida que mira la existencia muy atento pero imperturbable”.
– ¿Goza escribiendo su columna semanal?
– “Claro. Me da cierta seguridad sobre las incertidumbres del día”.
– ¿Para qué sirve lo que escribe?
– “Para asestarle un golpe al tedio existencial, para consuelo de los afligidos…y para pasar el rato”.
– ¿Qué es un columnista hoy? ¿Un creador de opinión, un tibio filósofo de lo cotidiano, un predicador?
– “Un espejo refractario de la sociedad. Un tipo que algo conoce la miseria humana”.
– ¿Un gran sueldo puede ser una hábil manera de corromper a un columnista?
– “En mi caso, no. Debo ser el único columnista en Chile que cambia el cheque en el kiosko de la esquina”.
– ¿No le parece que la gente lee a quien le da la razón, lee para reafirmar sus ideas?
– “Exactamente. Uno no influye en casi nada. No convence. Sólo afina lo que el lector ya intuía”.
– ¿Para ser un buen columnista hay que ser ácido, irreverente, cabrón o insolente?
– “Todas las anteriores”.
– ¿Cómo se define políticamente?
– “Como un liberal ciento por ciento. Tanto, que no votaré en las próximas elecciones, de puro liberal que soy”.
– ¿El mejor ministro del actual gobierno?
– “Mario Marcel Marcel”.
– Pero si ya se fue…
– “Por eso mismo…”
– ¿Existe la objetividad en un columnista?
– “No. Más bien creo en la credibilidad”.
– ¿Cuál es su celada para mantenerse vigente?
– “Omitir ciertos temas. A estas alturas de la vida he aprendido a callarme en varios idiomas”.
– ¿Cuál es su técnica para escribir columnas?
– “Empezar como un relámpago y terminar como un terremoto”.
– ¿Se considera un excelente columnista?
– “No. Pero me conformo pensando en que el mejor escritor del mundo fue manco y el mejor músico, sordo”.
– ¿Nombre completo?
– “Jorge Eibar Abasolo Aravena”.




