Del triunfo radical gracias a Magallanes a la disolución: el fin del partido q ue marcó la historia antártica de Chile
Aunque pertenecen a la vieja guardia política regional y ya no militan en sus filas, la inminente disolución del Partido Radical -la colectividad que estuvo detrás de la fijación de los límites del territorio antártico chileno y cuyo triunfo presidencial en 1938 se cimentó en Magallanes- genera tristeza en el exintendente Jaime Jelincic Aguilar y el exgobernador Alfredo Miranda Mancilla. Ambos lamentan que el partido que ayudó a construir la clase media chilena y marcó hitos decisivos para el desarrollo regional haya perdido rumbo, identidad y conexión con la ciudadanía hasta enfrentar hoy su desaparición legal.
Se trata de un partido cuya existencia tiene, aunque no se conozca tanto, una íntima relación con la Región de Magallanes y la Antártica Chilena. ¿Por qué? Los límites del Territorio Chileno Antártico fueron fijados bajo la presidencia de Pedro Aguirre Cerda (decreto del 6 de noviembre de 1940). El primer Presidente de Chile (y del mundo) en visitar dicho territorio fue Gabriel González Videla en 1948.
El PR tuvo al primer alcalde de Punta Arenas de la democracia porque el Presidente Patricio Aylwin escogió a Juan Poblete Silva como el jefe comunal designado, cargo que el radical ejerció, entre el 11 de marzo de 1990 y el 26 de septiembre de 1992, hasta que se llamaron a elecciones populares.
Luego, el partido tuvo un intendente regional y un gobernador en Tierra del Fuego: Jaime Jelincic Aguilar (abril de 2003 a marzo de 2006) y Alfredo Miranda Mancilla (marzo de 2014 a marzo de 2017).
Pero, esos tiempos de hitos, transformaciones e influencia del radicalismo parecen haber llegado a su fin. El 5 de febrero pasado, el consejo directivo del Servicio Electoral dispuso la disolución de 13 partidos políticos, entre ellos el histórico Partido Radical, tras concluir el proceso de calificación de la elección parlamentaria de 2025 por parte del Tribunal Calificador de Elecciones. La medida se adoptó en virtud de la Ley Orgánica Constitucional de los Partidos Políticos, que exige alcanzar un 5% de los sufragios válidamente emitidos en al menos ocho regiones o elegir un mínimo de cuatro parlamentarios para mantener la existencia legal.
Así, una colectividad fundada en el siglo XIX, protagonista de transformaciones estructurales del país y tercera más antigua del mundo en su tipo, enfrenta su disolución formal.
En Magallanes, donde el radicalismo tuvo un arraigo profundo y un papel decisivo en la historia política y territorial de Chile, la noticia no pasó inadvertida. El Magallanes conversó con dos de sus referentes históricos: el exintendente Jaime Jelincic y el exgobernador Alfredo Miranda. Ambos, ya alejados de la militancia, coinciden en que el PR dejó de ser el partido con vocación de poder, ideas y arraigo ciudadano que alguna vez marcó el rumbo del país.
Un partido nacido
desde las regiones
Jelincic, quien ingresó a militar en 1982 y se retiró tras el plebiscito constitucional por profundas diferencias políticas e ideológicas, sostiene que el Partido Radical nació desde las regiones y no desde el centro tradicional del poder en Santiago.
A su juicio, el radicalismo tuvo una “alta concepción libertaria”, donde la igualdad y la fraternidad eran pilares fundamentales. “Es el nacimiento de la clase media chilena”, afirma. En esa construcción histórica, Magallanes no fue un actor secundario.
Recuerda que, antes de las elecciones de 1938, el Partido Radical selló un acuerdo con el Partido Regionalista de Magallanes, cuyo respaldo resultó decisivo para el triunfo de Pedro Aguirre Cerda. La diferencia de votos obtenida en la región inclinó la balanza en un comicio estrecho, consolidando el inicio del ciclo radical en el gobierno.
Tras su victoria, Aguirre Cerda viajó a la región y adoptó decisiones estructurales. Entre ellas, expropiaciones que permitieron el crecimiento urbano de Natales y Porvenir. Pero, sobre todo, dio un impulso decisivo a la proyección antártica de Chile, proceso en el que el radicalismo fue clave para la posterior fijación de los límites del territorio antártico chileno.
Para Jelincic, ese fue el radicalismo con sentido histórico: uno que entendía el desarrollo regional, la descentralización y la proyección estratégica del país.
El momento en que
se perdió el rumbo
Sin embargo, ese partido -dice- comenzó a extraviarse. A su juicio, en la última década se cometieron errores de conducción política que terminaron por desconectarlo de la ciudadanía.
Identifica tres causas principales de la decadencia. La primera: el abandono de una propuesta programática clara y de una auténtica vocación de poder. “Se perdió el debate interno y la capacidad propositiva. Hace años que el Partido Radical no sacaba una propuesta de gobierno propia”, señala.
La segunda: la pérdida de los sectores medios, históricamente su base social. “Son los que sostienen al país”, afirma, subrayando que el radicalismo dejó de representar sus inquietudes.
La tercera: la incapacidad de ofrecer soluciones frente a los grandes temas nacionales, como la educación. Para Jelincic, el partido no logró liderar discusiones en un ámbito donde tenía tradición histórica, quedando relegado en un escenario de deterioro de resultados y reformas controvertidas.
“Pensaba que teníamos un impacto relevante en los temas educacionales por su historia y no lo fue. Estamos en el tema de la calidad de la educación, pero, salimos de la municipalidad y estamos en el Slep y, cuando uno ve las cifras, los resultados de lo que hemos hecho en educación en los últimos 12 ó 13 años son desastrosos”, lamenta.
Pese a todo, conserva un buen recuerdo del radicalismo en las ciudades pequeñas y pueblos, donde -según dice- existía una militancia compuesta por profesionales con fuerte convicción social.
Miranda: “Me da pena”
Si en Jelincic predomina el análisis político, en Alfredo Miranda Mancilla aflora la emoción. Militó 60 años en el Partido Radical, desde los 15. Fue presidente regional en varias oportunidades. Suspendió su militancia el año pasado.
“Me da pena, todavía tengo sentimientos por el partido”, confiesa.
Para Miranda, hay, al menos, tres razones para explicar el fin del partido, siendo la primera la degradación no es solo del PR, sino de la política tradicional en general. Habla de avaricia, de ansias de poder y de pérdida de conducción.
“Ya está trapeada la política, en general. Ahora es una asquerosidad… No voy a defender los intereses de los latifundistas, pero la gente está muy contrariada, está confundida. La verdad es que es mejor tomar palco y estar tranquilo”, comenta.
Coloca como ícono de esta degradación a Ximena Rincón. “A nivel nacional, va a pasar a los anales de la historia de este país. Ximena Rincón va a ser un personaje para los niños, a 100 años después, como la persona que estuvo en todos los gobiernos, en todos los puestos”, cuestiona.
Critica que antiguos referentes hayan respaldado opciones políticas alejadas de la historia radical, lo que -a su juicio- revela un desconocimiento de la identidad partidaria.
Materializó sus quejas en dos personas: Jaime Campos, quien asumirá el 11 de marzo como ministro de Agricultura de Kast y Ricardo Navarrete, quien fue senador por el PR. “Ahora, ambos hicieron un llamado a votar por Kast”, lamenta.
Esto generó indignación en Alfredo Miranda, pues implica que los partidos desconocen su historia. Le duele quizás más la actitud de Navarrete, a quien consideró su amigo. “No voy a hablar sobre sus posturas personales. Solamente, me inspiran pena y eso sí que es triste: tener pena por quien fuera tu amigo… Será la historia… Ellos se van a dar cuenta en un par de años más cómo la historia los va a tratar”, reflexiona.
Coincide con Jelincic en la desconexión con la ciudadanía como segundo factor unido a otro elemento: la falta de renovación generacional. “En las últimas elecciones internas, la juventud eran hijos de parientes radicales. No había militantes nuevos”, sostiene.
Pero el punto más doloroso para él es la pérdida de identidad, lo que para él es el tercer factor de la desaparición del PR: Recuerda un partido ligado a la fraternidad, con una mística asociada a la masonería y a una ética republicana. “Las reuniones de hace 50 o 60 años eran vigorosas, potentes. Eso hoy se perdió”, lamenta.
El fin de un ciclo
Fundado bajo los ideales que emergieron tras la Revolución de 1859, el Partido Radical fue la primera colectividad moderna del país. Representó a la naciente burguesía, a la clase media y a sectores populares; lideró reformas estructurales y marcó una época en la política chilena.
En Magallanes, su legado es tangible: desde la expansión urbana hasta la consolidación de la proyección antártica chilena, pasando por el decisivo apoyo que permitió la llegada de Aguirre Cerda a La Moneda.
Hoy, sin embargo, el partido que ayudó a delinear los límites del territorio antártico y que encontró en el extremo sur una base electoral clave para su mayor triunfo presidencial enfrenta su desaparición legal.
Para Jelincic y Miranda, más allá de las diferencias y autocríticas, se trata del cierre de un ciclo histórico. No solo el fin de una sigla, sino el ocaso de una tradición política que -al menos en Magallanes- estuvo íntimamente ligada al desarrollo regional y a la construcción de la República.




