Vocación sin fronteras: enseñar en territorios apartados
La educación pública se despliega en cada rincón del territorio nacional, garantizando el derecho a aprender incluso en las zonas más apartadas. En ese escenario se insertan los establecimientos unidocentes, escuelas donde un solo profesional asume simultáneamente la docencia, la dirección y la gestión administrativa, enseñando a estudiantes de distintas edades en una misma aula multigrado. Según cifras del Centro de Estudios del Ministerio de Educación, en el país existen 928 unidocentes.
En la Escuela Pampa Guanaco, comuna de Timaukel, la profesora Gida González Garzón asumió el desafío en 2022. La matrícula refleja la realidad de muchas escuelas rurales. El año 2025 cerraron con tres estudiantes y este año iniciarán con cinco, distribuidos entre primero, tercero, quinto y séptimo básico, todos compartiendo el mismo espacio.
Sobre el trabajo pedagógico desplegado en este contexto, indica que “es una experiencia maravillosa tanto para la docente como para los niños porque ellos terminan aprendiendo los unos de los otros. La educación multigrado es fabulosa porque los niños siempre tendrán la capacidad de dar más, más cada que se les pide. Ellos dan más, más de lo que pueden dar”.
La dinámica cotidiana exige organización y planificación constante. Además de enseñar, debe gestionar recursos, coordinar procesos administrativos y organizar los tiempos de aprendizaje. Además, la cercanía es otro rasgo distintivo. “La relación que se da en la Escuela Pampa Guanaco es muy familiar, somos como una familia prácticamente compartimos en la misma mesa y los niños tienden a ser muy sociables entre ellos”, admite. En ese entorno, los mayores desarrollan autonomía mientras los más pequeños observan y anticipan aprendizajes futuros.
Con 30 años de experiencia docente, Gida González aterrizó desde Colombia hace cinco años. “No es nada más que vocación, de verdad. Es algo con que uno nace, el don de enseñar”, manifiesta. Sobre su trayectoria, en su país tuvo mucha experiencia en educación rural. “Aquí yo ya hice un magíster en gestión y liderazgo educacional y así me voy perfeccionando para dar siempre lo mejor, lo mejor a ellos”.
El aislamiento y las condiciones climáticas forman parte de la rutina en la pampa fueguina. “Es de verdad un trabajo de corazón, donde tú tienes que lidiar con el aislamiento, con las condiciones climáticas, con muchos otros factores sociales inclusive, pero siempre prima prevalece la vocación y la calidad en la educación”, sostiene.
Al referirse al sentido profundo de su labor, subraya “el poder formar a los niños, formarlos en ciudadanos del futuro, impartir los valores, la ética, la moral, no solamente lo académico, sino formar personas proactivas para la sociedad, eso es lo que yo más destaco”.
Puerto Toro
En el otro extremo de la región, en la Escuela de Puerto Toro, comuna de Cabo de Hornos, el profesor Iván Bustos inició sus funciones en marzo de 2025. “Recuerdo que el primer día estaba con los nervios normales de conocer a las familias y estudiantes, mis colegas, y vivir en el poblado más austral del país. Fue una mezcla de sentimientos que me sirvieron de motivación”.
Describe la escuela como un eje articulador de la vida local. “La Escuela de Puerto Toro es el centro cultural y social más importante de la localidad, lo cual es recalcado por las personas que habitan en la localidad”, afirma. Allí no sólo se desarrollan las clases y el año escolar regular, sino también charlas y actividades de distintas instituciones públicas, reforzando el vínculo entre educación y comunidad.
Respecto del rol que cumple más allá de lo formal, plantea que “el rol que cumple la escuela rural más allá de la enseñanza formal es como se integran los valores y la comunidad, las familias y vecinos para poder hacerlos partícipes en el aprendizaje de los estudiantes a convivir en conjunto, enseñarles valores que estén alineados o incluso más allá de lo establecido en el currículum nacional, y valorar la historia y cultura local”.
Durante 2025 atendió a dos estudiantes, uno de quinto y otro de octavo básico, también en modalidad multigrado. Para organizar el proceso pedagógico ha incorporado nuevas herramientas. “Una estrategia que ha servido bastante es organizar un horario único y evaluar a través de la diversificación de instancias de aprendizaje. Esto quiere decir: usar diversas formas de demostrar que nuestros estudiantes saben lo que están aprendiendo, o adquirieron algún dominio”, explica, mencionando guías, lecturas, presentaciones digitales, maquetas y conversaciones como parte del trabajo.
Entre los desafíos permanentes identifica la necesidad de innovar. “Los constantes desafíos en el aula multigrado es innovar para no caer en una rutina que fatigue tanto a estudiantes como docente. La motivación es fundamental y para esto hay que saber cuáles son los focos de interés de nuestras niñas y niños”. A ello se suma “la aislacion extrema y prolongada en conjunto con las condiciones climáticas que normalmente hay en el año”.
Su vocación se remonta a la adolescencia. “Siempre quise ser docente, fue mi primera opcion al salir del liceo. Siempre me gustó aprender y ayudar a mis compañeros en el liceo. Enseñar es muy lindo y gracias a Dios tengo la oportunidad de hacerlo, esperando para poder mejorar el futuro de nuestro país”, concluye.




