“Soy afortunada de poder estar en un faro”
La marinero primero Constanza Salas Morales es una de las tres mujeres en la Armada de Chile que es especialista en Faros (en su generación eran dos, en la anterior sólo una, y actualmente cuatro están cursando la especialidad). Tiene 23 años y no hace mucho descubrió a qué quería dedicarse toda su vida.
Actualmente trabaja en el Centro Zonal de Señalización Marítima de Punta Arenas, pero desde marzo de 2025 tuvo su primera experiencia “de aislamiento”, formando parte de la dotación que habitaba el faro Bahía Félix, por 5 meses.
Nació el Lebu, Región del Biobío, comuna ubicada a 145 kilómetros al sur de Concepción. Allí vivió toda su niñez y adolescencia. Al salir del colegio, formó parte de la generación que comenzó sus estudios superiores en línea, debido a la pandemia: cursó Geofísica, carrera que le gustó hasta que comenzó las clases en la presencialidad, y fue cuando decidió entrar a la Escuela de Grumetes.
Su familia está compuesta por su madre, Claudia Morales; su padre, Alfredo Salas; y sus hermanos Vicente y Gabriel.
– Cuando era niña, entonces, ¿ser farera nunca fue una de sus opciones?
– “No, pasé por varias etapas. Primero, postulé a la PDI, no quedé. Después estudié Geofísica, porque me gustaba el tema de los tsunamis, los temblores y todo eso. Y después, me di cuenta que tenía que dedicarme a algo relacionado con el mar, porque mi familia está relacionada con eso”.
– ¿Su familia a qué se dedica?
– “Mi papá es pescador. En Lebu, la principal fuente de trabajo es la pesca. Cuando entré a la Armada todavía no conocía la especialidad, pero cuando me di cuenta que mi papá siempre estuvo apoyado de la señalización marítima, pensé que tenía que estudiar eso porque era como que yo sentía que lo iba a ayudar a él, o a mi hermano (Vicente), que también está ahora trabajando en eso. Siento que esto nos une porque aunque estemos lejos, si y él ve una luz que lo guía va a decir “oh, mi hija es la que la arregla, mi hija puede estar en un faro” y eso como que me motiva”.
– ¿Cómo se proyectaba trabajando en la Armada si no conocía su actual especialidad?
– “Cuando entré, quería estudiar la especialidad de meteorología, porque la carrera que yo estaba estudiando antes estaba relacionada con eso. Pero ese año no estaba esa especialidad. Y dije, ya, ¿qué hago? Me bloqueé un poco. Igual me fue bien en la escuela, entonces tenía varias posibilidades. Pero después hicieron una charla y ahí conocí la especialidad. Fueron varios fareros, mostraron el trabajo que hacían y ahí recién la conocí”.
– ¿Qué se estudia en la especialidad de faros?
– “El farero sabe hacer de todo un poco, porque tiene que saber de electricidad, electrónica, cocinar, construir, comunicación, tráfico marítimo
te enseñan mucho en poco tiempo y tú tienes que aprenderlas todas, no te puedes especializar en algo”.
– ¿Y qué es lo que más le gusta de su especialidad?
– “Hacer el control de tráfico en el faro. Yo nunca lo había hecho en la escuela, ahí era solamente teórico, pero llegar al faro y tener que hablar por radio y comunicarte con la embarcación, eso me gusta. Y no sé me ha dado tanto la posibilidad, pero ir a hacer reencendido, cuando la boya está apagada, ir, navegar, llegar a la boya, revisar lo que tiene malo y arreglarlo, eso también me gusta”.
– ¿Y las cosas que menos le gustan?
– “Lo que más me cuesta, no es que no me guste, pero lo que más me cuesta a lo mejor es el tema de cargar las cosas. Las baterías que usamos, por ejemplo, son muy pesadas”.
– ¿Cómo fue esa navegación a su primera experiencia de aislamiento? ¿Cómo se sentía?
– “El 15 de marzo empezamos la navegación a Bahía Félix. Nos demoramos una semana en llegar, porque primero fuimos a hacer el relevo a otro faro. A veces me sentía mareada, ansiosa, quería que pasara rápido el tiempo. Cuando tú llegas, hay otros que se van”.
– Y cuando a los que releva, se van y quedan ustedes solos, ¿qué pasó ahí?
– “Como que me preguntaba ¿qué tengo que hacer ahora? Porque igual era mi primera experiencia. Uno de los fareros estaba ya en su segundo periodo, entonces él nos recibió y nos explicó que teníamos que llamar por radio, hacer reportes meteorológicos, encender el generador, apagarlo, etc. Arreglamos un poco nuestras piezas y nos acomodamos, porque el otro día tuve de guardia. Esa primera guardia fue un poco complicada, pero ya con el tiempo se hizo más fácil y ya me gustaba estar de guardia y el último mes quería aprovechar al máximo, porque ya me tenía que ir”.
– ¿Cuál era rutina en el faro?
– “Los primeros meses estuvimos haciendo una remodelación al living comedor. Nosotros como éramos cinco, entonces, cada cinco días de guardia. Pero el día cuatro nosotros teníamos que hacer de rancheros, hacíamos el almuerzo y la once. Así es que el día antes yo preparaba la comida y todo. Al otro día estaba de guardia 24 horas, de 8 desde la mañana, y después, al siguiente, ya me unía para hacer la renovación de la casa. Así estuvimos los primeros dos meses. Igual cansa porque tienes que estar súper atenta a todo, sobre todo en la noche, porque igual Félix es uno de los que tiene más control de tráfico, ahí entran y salen del Estrecho, y los que suben por interior. Tenía de los tres lados que controlar buques a veces en inglés”.
– ¿En algún momento se cuestionó y dijo por qué estudié esto? ¿O se fascinó? ¿Qué le pasó ahí?
– “Yo creo que hay días en los que uno dice, ¿por qué lo hice? Pero después llegan los días buenos y dices no, vale la pena haber estudiado y pasar por todo esto, yo creo que lo vale. Son más los días buenos que los días malos. Si me llaman (a un faro), yo siempre quiero ir”.
– ¿Cómo es la condición de ser mujer como farera?
– “En el tema del aislamiento yo creo que nos ven como iguales. Yo creo que donde tenemos un poco de complicación es el tema de embarcarnos, porque no todos los buques están acondicionados para embarcar mujeres, no tienen separados los dormitorios. Ese es como el problema que hay, que no tiene que ver con ser fareros”.
– Cuando está aislada, ¿me imagino que hay cosas que quizás son muy simples y que acá no nos cuestionaríamos?
– “Por ejemplo, se me acabó el chocolate y nos quedaba esperar que alguien vaya para poder encargar algo. Una vez fueron en comisión al faro, a hacer trabajo eléctrico, así es que aprovechamos de hacer un encargo de comida: hicimos completos, handroll
ya eran como dos meses que no comíamos nada de eso. Pero de lo que comíamos todos los días, lo que más me gustaba eran los fideos con salsa blanca. Como que ese era ya nuestro menú. Y el pancito amasado, recién salido del horno. No es por tirarme para arriba, pero me quedaban muy buenos. Y ya cuando pasa el tiempo se te van acabando las cosas y ya van quedando los puros porotos y lentejas y después ya no quieres verlos por mucho tiempo, tampoco el arroz”.
– ¿En algún momento se cuestionó tomar esta especialidad pensando en que a lo mejor podías ser madre? ¿O no está en sus planes?
“No, no está en mis planes. Igual hay faros que uno puede irse con familia. Entonces, si es que me caso me voy con mi familia, tampoco sería malo. En algún momento quisiera casarme, pero hijos no”.
Islotes Evangelistas
– ¿Y hay algún faro en especial al que le gustaría ir a trabajar?
– “Al faro Islotes Evangelitas. El que no pasa por Evangelitas no es farero, es como la escuela de los faros. Es un desafío estar en una roca donde no llega nadie, es súper lejos, es un desafío para uno mismo”.
– ¿Qué le dirías a alguna mujer, ya sea que esté pensando en ser farera o en otra ocupación donde no hay tantas mujeres?
– “Que lo intenten, es mejor lo intentar que quedar con la duda. Que se integren, porque así podemos ser más, porque somos muy pocas y juntas podemos crecer y empoderarnos”.
– La especialidad de faros no es tan conocida. ¿Por qué cree que la gente debiera conocer a los fareros?
– “Porque cumplen un rol importante para los navegantes. A veces sólo se sabe que hay boya en el mar, pero no sabe quién la arregla. Es importante que estemos presentes para ejercer ahí la soberanía. No es lo mismo que haya un faro solo, porque en caso de emergencia se pueden hacer los contactos”.
– ¿Le pasó alguna anécdota mientras estuvo aislada?
– “Cuando hubo la alerta de tsunami yo no estaba de guardia. Estaba durmiendo y me llamaban, me llamaban… Y yo estaba saliente de guardia, tenía sueño, entonces pensaba que después contesto. Y como ya era demasiado, veo los mensajes y era mi mamá y mi tía, preguntando si estaba bien. Y mi mamá me empieza a retar que por qué no contesto, y yo le preguntó que por qué. Me hablaba de una alerta de tsunami, un temblor
Yo como que no entendía de qué me estaba hablando, así que me levanté y fui a ver y estaban en el living viendo la noticia. Yo no me había dado ni cuenta de lo que estaba pasando. Estaban todos preocupadas por mí y yo, durmiendo”.
– ¿Qué opina su familia de que seas farera?
– “Yo creo que está orgullosa, pero cuando les dije que me iba a Punta Arenas me preguntaron que por qué me iba tan lejos. Les dije que acá es como la escuela para los fareros, porque es donde hay más faros, donde hay más señales, es donde más se aprende. Lo bueno es que con internet podemos estar conectados siempre, pero igual cuando uno está en el faro te sientes aislado. Eramos nosotros cinco no más, éramos siempre las mismas caras”.
– ¿A qué otra región le gustaría ir?
– “A Puerto Montt, a Talcahuano
ahí estaría más cerca de mi casa. Lo más cerca que podría llegar es al faro que está en la isla Mocha. Hasta el momento ahí puedes ir a vivir con familia. No sé si de aquí a que me case todavía seguirá siendo así, pero espero que sí. Cerca de Puerto Montt están los faros Punta Corona (Ancud) e Isla Guafo (sur de Chiloé). Y mi papá igual pasa por ahí”.
– ¿Y qué pasaría si estuvieras en un faro y pasa tu papá o tu hermano? ¿Qué sentirías?
– “Me lo imagino, como que quiero que pase. Me imagino hablándonos por radio, él en la lancha y yo en el faro. Además que le diría que viniera nada más, que pasen a tomar once, jaja. Espero que algún día pase”.
– ¿Y qué otro sueño tiene?
– “La Antártica. Me quedan varios años acá, así es que en algún momento puede que se dé la oportunidad. A veces me subía al faro y pensaba ¿cuántas personas en el mundo podrían estar acá? Son pocas las que hay en los faros, ¿cuántas pueden ser? De todas las personas en el mundo soy yo la afortunada de poder estar aquí. Y como que me sentía como agradecida y feliz por mí”.




