La muerte del ayatolá divide a los iraníes entre celebraciones masivas y llantos de venganza
La muerte del ayatolá Alí Jameneí, tras 40 años en el poder, ha fracturado a la sociedad iraní en dos realidades paralelas. Mientras las facciones opositoras transformaron la noche del pasado sábado en una fiesta de fuegos artificiales y bailes, los sectores afines al régimen inundaron las plazas ayer en medio de un luto riguroso y promesas de venganza contra Israel y Estados Unidos.
Para los sectores críticos, la desaparición del Líder Supremo representa el fin de una era de opresión. En ciudades como Karaj, Izeh y Dehloran, se viralizaron imágenes de ciudadanos bailando sobre vehículos y derribando estatuas de la dinastía teocrática. En un acto de alto valor simbólico, manifestantes en Galleh Dar destruyeron un monumento a Ruhollah Jomeini, fundador de la República Islámica, mientras en otros puntos se izaba la bandera pre-revolucionaria.
“¿Estoy soñando? ¡Hola al nuevo mundo!”, gritaba un joven en Teherán en un video difundido por redes sociales, capturando el sentimiento de una generación que no ha conocido a otro gobernante. Sin embargo, no todos comparten este optimismo; algunos ciudadanos de mayor edad, como Reza Mehrabi, de 67 años, advirtieron que las celebraciones podrían ser prematuras, recordando que el entusiasmo tras la caída del Sha en 1979 derivó en décadas de inestabilidad.
Luto oficial
A plena luz del día, la narrativa cambió drásticamente. Miles de partidarios del gobierno, movilizados por clérigos chiíes, llenaron la plaza Engelab de Teherán y puntos neurálgicos en Yazd e Isfahán. Entre lágrimas y cánticos de “Muerte a Estados Unidos”, los dolientes describieron a Jameneí como un “maestro y padre”. El sentimiento de pérdida se transformó rápidamente en exigencia de represalias; manifestantes aseguraron que solo la eliminación de figuras como Benjamin Netanyahu “calmaría sus corazones”.
Según agencias internacionales, en la capital, el movimiento comercial es limitado. Los residentes se han volcado al abastecimiento masivo de suministros ante el temor de que los ataques aéreos continúen. Los transportistas han reducido la entrada de productos básicos por seguridad, generando una atmósfera de tensión y escasez en los mercados locales.
La conmoción ha trascendido las fronteras de Irán, desatando una ola de inestabilidad en países vecinos. En Karachi, Pakistán, los enfrentamientos entre la policía y manifestantes pro-iraníes dejaron al menos 10 muertos. En Iraq, los seguidores del ayatolá calificaron la jornada como una “catástrofe” que los deja en la “orfandad”, mientras que en la Cachemira administrada por India, las calles se llenaron de lamentos por lo que consideran el “martirio” de su referente espiritual.
Con información de AP, Todo Noticias y Onda Cero




