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Ceras: un nuevo formato en drogas para la autodestrucción

Por Eduardo Pino Viernes 6 de Marzo del 2026

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Así como en varias ocasiones hemos hablado de la inagotable creatividad del ser humano para avanzar tecnológicamente y proveer bienestar, también se presenta un lado oscuro en estas innovaciones y creaciones que le llevan a la autodestrucción.

Estamos en nuestro país siendo testigos, además de víctimas desgraciadamente, de la aparición de las “ceras”, que consisten de nuevos formatos de drogas listos para utilizarse en vapers especialmente. Sus bases principalmente están compuestas por marihuana o pasta base, teniendo consecuencias nocivas para el organismo mucho más complejas que las encontradas en sus presentaciones originales, las que ya resultan indeseables.

Lo que más ha alertado a las autoridades y expertos en el tema es su alta concentración de alucinógenos, lo que lleva a mayores deterioros tales como la paranoia, psicosis y daños de tipo físico. Esto sumado a la fácil adquisición por parte de consumidores y curiosos exploradores de sensaciones, especialmente menores de edad y jóvenes.

En este formato de cera, el efecto del THC se potencia de manera significativa, además de poseer una considerable cantidad de químicos nocivos que aumentan su efecto y volumen para una mayor ganancia en su comercialización. Como en tantas drogas ilícitas, la real composición de lo que se está consumiendo pasa al terreno de lo misterioso, donde ninguna regulación protege al incauto demandante. Debe considerarse además que las reacciones y consecuencias en la salud, especialmente de tipo mental, son distintas en cada persona, observándose individuos que desarrollan adicciones y trastornos que hipotecan sus vidas.

Uno de los aspectos que llama la atención es que los grupos más acomodados económicamente tienden a consumir la “cera marihuana”, mientras que sectores populares con menor poder adquisitivo optan por la “cera pasta base”. No se necesita ser un experto para inferir que las repercusiones en salud de la segunda son mucho más devastadoras que la primera.

Ana Luisa Jouanne, directora de la Corporación Esperanza, explica que la adquisición de la “cera marihuana” se puede realizar en la calle, internet, e incluso, dispensarios legales; con diferentes formatos de presentación: cartuchos, pods o aceites líquidos. Lo que a ella le sorprende es que no se necesita un “dealer”, pues todo se puede realizar por medio de “delivery”. Sumado a esto, la gran preocupación es que un cartucho de esta cera puede equivaler a varios pitos de marihuana, por lo que no se logra dimensionar la carga química de un producto al que, como mencionamos anteriormente, se ignora su real composición, teniendo altas probabilidades de una sobredosificación.    

Por otra parte, la “cera pasta base” que se elabora con los residuos de la cocaína, está masificándose en barrios populares, siendo parte de la cultura de consumo del lugar. Según la neuróloga Cristina Ibáñez, se observa un breve pero intenso episodio en su consumo, lo que lleva a altas probabilidades de adicción debido al impacto en los sistemas de recompensa del cerebro, con una importante disminución de la autorregulación del individuo. Convergen en este fenómeno tres factores que auguran una pésima proyección: alta potencia del efecto, muy bajo costo de la droga y un contexto de exclusión social o escasas oportunidades.

En la última década algunos grupos, con variados intereses, han realizado una profusa campaña de convencimiento de la conveniencia y beneficios acerca del consumo de marihuana. El problema es que no han separado claramente su uso medicinal (con el CBD como componente principal) del empleo recreativo (con el ya mencionado THC y sus consecuencias). Es así que muchas personas no sólo evalúan a la marihuana como inocua, disminuyendo significativamente su percepción de riesgo como lo hemos ratificado en las últimas investigaciones, pues además le adjudican propiedades beneficiosas más allá de lo netamente medicinal. Por esto se hace necesario educar a las personas (niños, adolescentes, jóvenes y familias), en no confundir las reales consecuencias en el consumo de estas nuevas presentaciones, que claramente pretenden inescrupulosamente un lucro para quienes las comercializan sin importar la salud de sus incautos clientes.     

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