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“Pavana”: Cable coreano

Domingo 8 de Marzo del 2026

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El cine coreano —por supuesto, del Sur— es un universo amplio de películas que cruzan géneros, formatos e intensidad, donde hay para elegir y desechar, pero cuya influencia actual es imposible negar.

En esta constelación brillan directores ya considerados referentes y quizás hasta de vieja escuela, como el ya fallecido Kim Ki Duk (“Primavera, verano, otoño, invierno y otra vez primavera”, 2003) o Park Chan Wook (“Oldboy”, 2003), y películas más que consagradas, donde una de ellas, “Parásitos” (2019), triunfó como Mejor Película en los premios Oscar.

Es un cine que, en ocasiones, contiene cierta poesía porque no habla directo: alude a metáforas o analogías, y lo que parece exagerado, sea en el habla o en la trama, quizás no lo es tanto porque, aunque duela, así pueden ser ciertos finales en la vida real.

El título “Pavana” alude al de la novela en que se basa, “Pavana para una princesa muerta”, y que, a su vez, remite al de una pieza musical del compositor francés Maurice Ravel, que es el punto de conexión entre Gyeon Rok y Mi Jeong, dos jóvenes —él y ella— algo más que introvertidos, quizás con cierto espectro autista, o tal vez con algo de oscuridad.

Ambos se encuentran en los pasillos subterráneos de la gran tienda comercial donde trabajan. Allí se conocen y se enamoran. Y lo que se cuenta en casi toda la mitad de la película es el desarrollo de este proceso, donde entre medio se encuentra alguien muy igual y diferente a ellos, Yo-Han, que no respeta normas, parece dispuesto a todo por protegerlos y, tal vez, hasta a escribir sobre la historia de amor entre ambos porque, como dijo Zalo Reyes, nunca habrá otra igual.

Aun cuando “Pavana” sigue un orden cronológico del relato, la película juega con el protagonismo de estos tres amigos, donde en su mayoría ocupa el punto de vista de Gyeon Rok; en otro, el de Mi Jeong; y, aunque de buenas a primeras parecía solo estar para “tocar el violín”, cerrará con el de Yo-Han. Y todo transcurre entre espacios íntimos, donde no hay tiempo para la gran ciudad y sus centros comerciales. Y por eso serán las bodegas, el casino, el ascensor, las habitaciones, el bar o el interior de sus hogares donde apenas alcanza para explicar la palabra “amor”, porque, según la película, para eso están los karaokes.

“Pavana” es, en el universo actual de películas coreanas, una estrella que brilla con cierta rareza, porque combina drama con ciertos toques de comedia, pero donde el apellido “romántica”, que les cabe a ambas, apenas logra hacer notar la diferencia.

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