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Los costos de la guerra

Por Abraham Santibáñez Lunes 9 de Marzo del 2026

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De vuelta a la Casa Blanca, el año pasado, Donald Trump autopromovió su candidatura al Nobel de la Paz. Su argumento era haber puesto fin a ocho conflictos en el mundo. También dijo que estaba en contra de la política de sus antecesores que iniciaron guerras interminables y enviaron a la muerte a jóvenes norteamericanos.

Pese a estos compromisos, el 3 de enero comenzó el año secuestrando en una operación militar al Presidente de Venezuela, Nicolás Maduro. La operación implicó la muerte de unas cien personas. Cortó el acceso de Cuba al petróleo venezolano y bloqueó el paso al combustible de cualquier parte del mundo.

Nada, sin embargo, se compara con la ofensiva contra Irán.

Un primer objetivo era el ayatolá Alí Jameini, el dictador teocrático de Irán. Logró su muerte, pero en el curso de esos ataques, en una escuela femenina murieron más de cien personas, la mayoría niñas.

Pese a sus anuncios de ser capaz de solucionar de manera expedita los conflictos, ya reconoció que lo de Irán puede durar varias semanas. El conflicto se amplió hasta Chipre y otros países del área mientras se complicaban las relaciones con la Unión Europea. Y, como una gran mancha en el libro de sus supuestos éxitos, no ha podido detener la invasión rusa a Ucrania.

Hay algo sumamente desconcertante en la manera de hacer política de Trump. Su magistral manejo de las comunicaciones es probablemente la clave de su éxito en el mundo de los negocios. Sus declaraciones son hiperbólicas, todo lo que propone es “fantástico”, todas las personas que le agradan son “maravillosas” y. como reiteró en el mensaje del Estado de la Unión, sus conciudadanos están viviendo una época dorada. El otro factor de su éxito es su capacidad de exagerar, no cumplir sus promesas y mentir a veces descaradamente.

Pese a su triunfalismo crónico, en el caso de Irán no todo ha salido como parecía al inicio. Al parecer fue el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, quien lo convenció para que interrumpiera las negociaciones de paz y desatara la violencia. El ataque sorprendió a quienes trataban de encontrar una solución pacífica. “Estoy consternado”, escribió el ministro de Relaciones Exteriores de Omán, Badr al Busaidi, en la red social X mientras los misiles israelíes y estadounidenses caían sobre Irán y los iraníes, al mismo tiempo, lanzaban sus drones y cohetes sobre países de Oriente Próximo.

Si Trump creía que la ofensiva sería fulminante, pronto descubrió que no era así.

Un hecho que parece no haber estado en sus cálculos es la poderosa herencia que Irán recibió de la antigua Persia. Es una historia épica que se desarrolló entre 559 Antes de Cristo, con Ciro el Grande y llegó a su término en 334, con la irrupción de otro gigante histórico: Alejandro Magno, quien derrotó al emperador Darío III.

Ese glorioso pasado no está olvidado. Y no garantiza que Estados Unidos pueda cantar victoria a la brevedad. El Secretario de Defensa, Pete Hegseth, aseguró el mensaje oficial de que su país estaba “ganando de manera contundente, devastadora y sin piedad”.

Es probable que así sea, pero ciertamente demorará más de lo previsto.

Y el costo será mucho mayor.

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