Un ciclo que se cierra
Hoy 11 de marzo se cerrará un ciclo político que tuvo un sello singular para la Región de Magallanes y de la Antártica Chilena, dado porque, por primera vez en la historia reciente de Chile, un magallánico -Gabriel Boric- llegó a la Presidencia de la República. Su administración concluye en medio de evaluaciones diversas, propias de todo gobierno, pero también con una dimensión simbólica inevitable, en cuanto a que el extremo sur del país ocupó por cuatro años el centro de la política nacional.
En el plano regional, uno de los rostros más visibles de esa administración fue el delegado presidencial regional, José Ruiz Pivcevic, quien en su despedida de la función pública ofreció una evaluación que mezcla autocrítica, defensa de la gestión y mirada de futuro. Su frase más repetida resume su postura frente al cargo: “Jamás dejé de defender los problemas de la región”.
El balance que realiza sitúa como principal legado del gobierno de Boric la consolidación del Plan de Zonas Extremas como política permanente de Estado, una medida que bsucó garantizar recursos a largo plazo para territorios históricamente postergados. Para Magallanes, esta decisión representa una señal estratégica en cuanto a pensar el desarrollo no en ciclos de cuatro años, sino en horizontes de décadas. Existe, no obstante, una duda razonable respecto a cuál será la decisión que adopte el nuevo Presidente respecto de este plan y su millonaria cartera de proyectos, toda vez que ya ha emitido opinión que cuestiona algunas de estas iniciativas y a que ayer se anunció que se solicitará a cada ministerio reducir sus presupuestos para enfrentar, en parte, el déficit fiscal con que el gobierno saliente entregará el país.
Ante tal escenario adverso, es importante que las nuevas autoridades y quienes lo representen en la región defienda el Pedze, en el entendido que la inversión pública en regiones como Magallanes requiere continuidad, estabilidad presupuestaria y planificación sostenida. Si esa lógica logra mantenerse en el tiempo, este plan será posiblemente uno de los aportes estructurales más relevantes de esta administración y de la que asumirá hoy.
Pero todo ciclo político también deja pendientes. En la evaluación del propio delegado, uno de los proyectos que no logró avanzar al ritmo esperado fue la construcción de un Centro de Salud Mental en Punta Arenas, iniciativa que sólo alcanzó la fase de diseño. En tiempos donde la salud mental se ha convertido en una de las principales preocupaciones sociales del país, la ausencia de esta infraestructura sigue siendo una deuda evidente para la región.
La gestión de un delegado presidencial suele medirse, además, en su capacidad para articular el nivel central con las necesidades locales. Ruiz sostiene que su rol fue precisamente ese: actuar como puente entre Santiago y Magallanes, defendiendo posiciones regionales incluso cuando estas podían resultar incómodas para autoridades del gobierno central. Esa tensión -inevitable en un país altamente centralizado- forma parte del desafío permanente de la descentralización.
Con el cambio de mando, se abre inevitablemente una nueva etapa. Cambiarán las prioridades, los equipos y las miradas políticas. Pero los desafíos de Magallanes -su desarrollo equilibrado, su rol estratégico en la Antártica, su potencial energético y su calidad de vida- seguirán exigiendo políticas de largo plazo.




