Necrológicas

Más voces, más ciencia, más progreso

Por La Prensa Austral Sábado 14 de Marzo del 2026

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Dra. Karen Castillo
Instituto Milenio  Centro
Interdisciplinario de Neurociencia
Universidad de Valparaíso (CINV-UV)

En más de una reunión científica o seminario académico me ha tocado mirar la sala y preguntarme cuántas trayectorias similares a la mía estuvieron a punto de no existir. Ser mujer en ciencia muchas veces implica aprender a moverse en espacios que históricamente no siempre fueron pensados para nosotras y resignificar el sentido de mantenerse en este oficio que, a pesar de todo, amamos profundamente. Quienes trabajamos en investigación sabemos que la ciencia exige curiosidad, disciplina y perseverancia. Pero también sabemos que no todas las trayectorias científicas se recorren en igualdad de condiciones.

En las últimas décadas hemos visto avances importantes. Sin embargo, muchas investigadoras siguen enfrentando barreras que a veces son visibles y otras más sutiles: comentarios que incomodan, bromas que se normalizan o dinámicas de colaboración que no siempre son equitativas. Son situaciones que rara vez aparecen en las estadísticas, pero forman parte de la experiencia cotidiana de muchas científicas.

En Chile se han impulsado iniciativas relevantes para abordar estos desafíos. La reciente Ley Karin busca fortalecer la prevención y el abordaje del acoso laboral y sexual en los espacios de trabajo. Sin embargo, las leyes por sí solas no transforman las culturas institucionales. Para que estos cambios sean reales, la construcción de entornos laborales respetuosos y seguros debe ser una tarea compartida por toda la comunidad científica.

En este contexto, el rol de los liderazgos académicos es especialmente relevante. Quienes dirigen grupos de investigación tienen la oportunidad, y también la responsabilidad de promover entornos de trabajo respetuosos, colaborativos y abiertos a distintas trayectorias. Su participación activa en las conversaciones sobre equidad y cultura laboral puede marcar una diferencia significativa. No se trata de dividir a la comunidad científica, sino de ampliarla. Cuando más voces participan, de distintas trayectorias, entornos y culturas, la ciencia se vuelve más rica y capaz de responder a los desafíos de la sociedad.

También es importante reconocer a las pioneras que abrieron camino en la ciencia chilena. Gracias a ellas, hoy muchas investigadoras podemos desarrollar nuestras carreras en universidades, centros de investigación y laboratorios. El desafío ahora es que las nuevas generaciones no solo entren a la ciencia, sino que puedan desarrollarse en ella en ambientes que valoren el respecto, la colaboración y el bienestar.

En su novela El Buzón de las Impuras, la escritora Francisca Solar recuerda, a través de su dedicatoria, a tantas mujeres cuyas historias quedaron fuera del relato oficial. Durante mucho tiempo sus voces permanecieron en silencio, no por falta de historia, sino porque nadie se detuvo a escucharlas. Algo equivalente ha ocurrido en distintos momentos con las mujeres en la ciencia: vocaciones que existían, pero que durante años fueron invisibilizadas y tuvieron menos espacio para desarrollarse plenamente.

La ciencia progresa cuando ampliamos quiénes pueden hacerla. Porque cuando más voces participan en la búsqueda de respuestas, no solo hacemos mejor ciencia: también abrimos nuevas posibilidades de innovación y progreso para toda la sociedad.

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