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“Máquina de guerra”: El soldado desconocido

Domingo 15 de Marzo del 2026

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Por Guillermo Muñoz Mieres,

periodista

EE.UU., 2026

Director: Patrick Hughes
Protagonistas: Alan Ritchson, Stephen James, Dennis Quaid

En Netflix

 

 

Esta película figura primera en la lista que Netflix publica en su catálogo de las más vistas, un dato que puede servir de algo, como el de aumentar el interés por verla o preguntar por qué se llega hasta allí.

Y aunque es más de lo primero que de lo segundo, “Máquina de guerra” es una cinta con su identidad puesta en la acción, aun cuando transita por varios géneros cinematográficos.

Se inicia desde lo bélico, con el escenario de Afganistán como telón de fondo y el encuentro, en medio de una “pana en el camino”, de dos hermanos unidos por la vocación militar y una decisión que termina siendo una promesa de sangre: convertirse en Rangers, la fuerza de élite del ejército norteamericano.

Pero de ahí la película pasa al drama, porque un ataque de los talibanes mata a casi todo el grupo, excepto a uno de los hermanos, quien vivirá con el trauma de la pérdida, mientras a su alrededor se construye una leyenda por su historia de sobrevivencia. Entonces decide cumplir la promesa de llegar a ser un miembro de los Rangers, donde pasa a ser llamado “81”, superando las pruebas más allá del límite y ante la incomodidad de sus superiores, quienes lo envían a una última misión antes de concederle la insignia, pero que termina saliéndose de curso porque el grupo de finalistas termina desorientado y —aquí entramos a la ciencia ficción— enfrentando la amenaza de una máquina robot que escanea, no pregunta y dispara, al parecer de otro mundo. Como bien dice una de las soldados, es imposible que sean los rusos porque están demasiado jodidos y menos los chinos, que solo saben copiar.

El mayor interés de “Máquina de guerra” es su reciclaje del cine de ciencia ficción y acción, principalmente “Depredador” (1987), aquella clásica cinta de John McTiernan (“Duro de matar”, 1988), quizás el gran maestro del cine de acción contemporáneo, donde Arnold Schwarzenegger comanda a unos marines en la selva centroamericana con tan mala suerte que, a falta de guerrilla, se les aparece un alien con algo de camaleón porque cambia de color y se mimetiza con el paisaje según la ocasión; “La guerra de los mundos” (2005), de Steven Spielberg, con ese paso lento y amenazante de los “trípodes extraterrestres” arrasando todo a su paso; y, en el enfrentamiento final, a “Aliens” (1986), secuela de “Alien, el octavo pasajero” (1979), dirigida por James Cameron con alto nivel de acción militar.

Después de eso, “Máquina de guerra” es solo una película donde lo más profundo son los metros de la piscina de ejercicios y el lago del que emerge el robótico depredador alienígena. Lo demás es un poco de todo en dosis de recetas ya conocidas, donde el drama íntimo, la ciencia ficción y la música de épica militar amenazan con ser más de lo que realmente terminan siendo.

Sin embargo, “Máquina de guerra” parece tener plena conciencia de aquello, porque no alcanza a superar las dos horas, es de pocos diálogos y su meta es la misma que anuncia “81” a sus superiores: llegar al destino.

Lo que en buen chileno podría traducirse como “una película de acción para pasar el rato”.

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