Miguel Landeros Perkic, el magallánico que gobierna la maquinaria de la Cámara Baja
– Mucho antes de que asumiera el expresidente Boric, la firma de un magallánico ya estaba presente en todas las leyes promulgadas. Desde 2013, Miguel Landeros Perkic se desempeña como secretario general de la Cámara de Diputados, un funcionario que ha permanecido firme en su cargo mientras cambian los gobiernos y se alteran las mayorías parlamentarias. Aunque ya anticipa que la legislatura 2026-2030 será la última de su carrera.
Por: Tomás Ferrada Poblete
Desde Valparaíso
“El jefe no ha parado desde las 7 de la mañana”, comenta uno de los funcionarios de la Cámara de Diputados la tarde en que el secretario general de la corporación se alista a recibir a El Magallanes en su oficina del cuarto piso del Congreso en Valparaíso. El escenario en el edificio es propio de una mudanza: cartones en el piso, sillas cambiando de ubicación y trabajadores alistando todo para recibir a los nuevos diputados electos.
Desde su oficina, Miguel Landeros Perkic pasa largos minutos discutiendo los detalles de la nueva distribución que debe tener el edificio antes del inicio de la legislatura 2026-2030. Es la cuarta vez que protagoniza un cambio de mando desde la testera del Congreso Pleno. Con la llegada de José Antonio Kast a la Presidencia, el puntarenense suma ya los traspasos de mando del segundo gobierno de Michelle Bachelet, el segundo de Sebastián Piñera y el de su coterráneo Gabriel Boric.
Cuando finalmente se sienta a conversar, Landeros relativiza la influencia que muchos le atribuyen dentro del Congreso. Afirma no sentirse un hombre con poder, sino que un mero ejecutor. “Y los ejecutores, lo que hacen, es que aparentan un poder que no tenemos la verdad”.
Su tarea, explica, consiste en asegurar que el funcionamiento institucional de la Cámara siga su curso, al margen de las disputas políticas que se desarrollan en el hemiciclo. “La autoridad no soy yo, la autoridad son ellos”, señala en referencia a los diputados. “Nosotros seguimos sirviendo a quien fuere”.
Magallanes, “la segunda patria”
Hijo de Luis Landeros, marino oriundo de Cauquenes, y de Lea Perkic, puntarenense de ascendencia croata, Miguel Landeros Perkic nació en el antiguo Hospital Naval de Punta Arenas. La familia vivía en la ciudad mientras su padre cumplía destinaciones en la Armada, hasta que, cuando él tenía cinco años, se debió mudar al norte. Aun así, el vínculo con la región nunca se rompió. “Mi mamá hacía grandes esfuerzos, juntaba plata y compraba los pasajes en avión”, recuerda.
Con los años, su camino profesional lo llevaría definitivamente a la zona central. Estudió Derecho en la sede de Valparaíso de la Universidad de Chile (hoy Universidad de Valparaíso), formación que marcaría el inicio de su trayectoria.
Hoy todavía vuelve con frecuencia a Punta Arenas, especialmente para el Carnaval de Invierno. “Ahora estoy esperando que la municipalidad fije la fecha para reservar hotel y tomar los pasajes”, cuenta.
Con una bandera magallánica en el escritorio, se vuelve evidente su sentido de pertenencia, rasgo común entre los nacidos en la región. “Los magallánicos somos achoclonados”, dice. En el Congreso esa dinámica se repite. Los diputados de la región, opina Landeros, pese a sus diferencias políticas suelen mantener cercanía entre ellos y con los funcionarios de la Cámara. “Los diputados de Magallanes siempre dicen que tienen un trato especial. No sé si será verdad, pero el corazón y la tierra llaman”, afirma entre risas.
Carrera en el Congreso y construcción de confianzas
La relación de Landeros con la Cámara Baja comenzó poco después del retorno a la democracia. Llegó en octubre de 1990, como asesor en materias constitucionales, y con el tiempo fue ocupando distintos cargos.
Primero estuvo en las comisiones legislativas, luego en los servicios de la secretaría general. En 2008 fue elegido jefe de las comisiones de la Cámara; en 2010 asumió como prosecretario; y en 2013 fue designado secretario general. En los tres casos, recuerda, el nombramiento fue aprobado por unanimidad de los diputados. “He ido como soldado raso, después pasé a sargento, capitán, teniente, hasta que llegué al grado máximo”.
El cargo de secretario general depende directamente de la confianza de la Cámara. “Uno nunca sabe. Todos los días me levanto y al día siguiente la mayoría absoluta de la Cámara me puede decir que ya no cuento con su confianza y me sacan”, dice.
Asegura que en más de tres décadas dentro del Congreso nunca ha enfrentado problemas serios por parte de los parlamentarios. “Nunca ningún diputado de ningún partido me ha faltado el respeto”, comenta. Las diferencias, explica, suelen ser jurídicas o procedimentales, pero no personales. “Aquí los partidos políticos respetan mucho las institucionalidades”, afirma.
En la práctica, el secretario general es el principal responsable de asegurar que el funcionamiento institucional de la Cámara de Diputados se mantenga operativo. Supervisa los procedimientos, asesora a la mesa directiva en la aplicación del reglamento y encabeza una estructura de más de 400 funcionarios que sostienen el trabajo cotidiano del Congreso.
El último ciclo
Antes de la llegada de Dorothy Pérez, durante el proceso de elección del último contralor general de la República, el nombre de Landeros circuló como alternativa. “Algunos senadores me sondearon si yo tenía la disposición. Yo dije que sí”. La idea, sin embargo, no prosperó. “Nunca conversé directamente con el presidente Boric, pero parece que él tenía una visión distinta y prefería que fuera una mujer la que ocupara ese cargo”, explica. Así, continuó en la Cámara.
A sus 67 años, Landeros reconoce que el período parlamentario que comenzó este 11 de marzo marcaría el cierre de su carrera dentro del Congreso. Aunque la ley le permite permanecer en el cargo hasta los 75 años, admite que no desea llegar a ese límite. “Hay ciclos”, dice. “Yo tengo 67 años y no me veo 8 años más en la institución. Yo creo que este debería ser mi último período parlamentario. Y dejar que generaciones nuevas asuman la posta”.
Cuando llegue el momento de dejar el Congreso, dice, su relación con Magallanes seguirá siendo parte central de su identidad. Incluso ha pensado en la posibilidad de pasar más tiempo en la región, aunque reconoce que la posibilidad de la mudanza está distante. “Estuve pensando en comprarme algo en Punta Arenas, pero está un poquito caro”, confiesa entre risas.
“Me encantaría que me entierren en Punta Arenas, pero es difícil. No tengo tumba allá. Yo creo que voy a ser enterrado acá en Viña del Mar. Pero el corazón va a estar en Magallanes”, cierra la conversación.
Crisis y desafíos institucionales
A lo largo de su gestión, Landeros ha debido enfrentar momentos complejos. Uno de ellos fue la ampliación de la Cámara de Diputados de 120 a 155 parlamentarios tras el fin del sistema binominal en 2018. Esto obligó a reorganizar espacios, personal y recursos dentro del edificio legislativo, “sin un peso extra”, recuerda Landeros.
“La época del estallido fue compleja porque las instituciones en general fueron golpeadas”, afirma. En ese período, destaca el rol del entonces presidente de la Cámara, Iván Flores, quien, dice, logró mantener la continuidad institucional.
La pandemia del Covid-19 añadió una dificultad adicional, aunque Landeros asegura que “fuimos una de las primeras instituciones que siguió funcionando sin alterar sustancialmente sus protocolos porque los teníamos establecidos”.
En paralelo, la Cámara debió prestar apoyo administrativo a la Convención Constitucional. Landeros recuerda especialmente la actitud del entonces presidente de la corporación, Diego Paulsen. “Era contrario a la Convención. Y el tipo se portó a una altura increíble, dándole el apoyo a la señora Loncón”, recuerda.
El vínculo con parlamentarios magallánicos
“Tengo excelentes relaciones con todos los magallánicos que han venido”, comenta Landeros sobre los parlamentarios de la región. Entre los más recientes menciona al exdiputado Cristián Matheson, quien acaba de dejar la Cámara. “Me ayudó mucho en la administración institucional. Es muy cercano al personal. Muy buena persona”, dice.
A la diputada Javiera Morales la describe como “muy institucional y muy dedicada”. Y con Carlos Bianchi comparte incluso recuerdos de infancia. “ A pesar de que él lo niega, quiero decir públicamente que le tiraba piedras al techo de la casa de mi mamá cuando vivíamos en la calle Carrera”, comenta entre risas.
Entre los parlamentarios de la región también estuvo Gabriel Boric. Landeros lo conoció cuando era diputado por Magallanes y asegura haber mantenido siempre una relación cordial. “Ambos somos de la colonia”. Lo describe como un “presidente muy inteligente, muy cariñoso”. Sobre su gestión en La Moneda prefiere mantener distancia institucional: “Yo no soy quien para criticarlo. No me corresponde ese tipo de cosas”.




