Los “Tumberos”
Cierto día se me acerca un joven, viñamarino. Algunos conocidos lo enviaron a mi oficina, en donde me desenvuelvo en el ámbito del turismo. Un muchacho delgado, bien vestido, con una mochila bastante voluminosa, ingresa tímidamente a saludarme y con voz entrecortada me indica que lo enviaron a conversar conmigo. Y se dispone a contarme de que, si yo pudiera entregarle información de algún lugar en que él pueda trabajar y vivir en estos parajes patagónicos, específicamente, en alguna estancia. Luego de consultarle de donde provenía y algunos antecedentes personales para entrar en franca conversación, dirijo mis preguntas en por qué quería hacer algo así, tan joven y un contador auditor de profesión…y siempre con cierto grado de inseguridad, me indica que está buscando primero su futuro y condición que le permita sobrevivir ante todo lo que esta ocurriendo en el mundo…específicamente para aprender a conocer la vida del campo, como viven las personas que ya llevan mucho tiempo en estas estepas soportando fuertes vientos e inviernos muy fríos, aunque no tanto como en la antigüedad.
Para vivir en el futuro y pensando quizás en alguna familia, quería vivir la experiencia que le entregue la posibilidad de vivir un tiempo en la Patagonia. Y, en este intercambio, se encontró conmigo, al que le manifesté, que lo que él quería hacer, no era algo nuevo, su singular deseo había sido de muchos otros a través del tiempo, como aquellos de antaño que desanimados o frustrados en una época de la colonia tanto en Punta Arenas como en los parajes más internos, muchos decidieron vivir al interior de las comarcas pampeanas como así en aquellos territorios ubicados en la compleja orografía de las zonas fluviales y lacustres de Ultima Esperanza.
A aquellos valientes hombres que se internaban en el territorio a cazar, a realizar contacto con los nativos y desarrollar actividades tan antiguas como los reconocidos ”trueques” que en cierto tiempo les permitía ganarse la vida vendiendo pieles, plumas, huevos y carnes de algunos animales cerriles escondidos en las profundidades de los bosque patagónicos. A estos hombres se le reconocía como los Baqueanos de la Patagonia, que transitaban en un ir y venir según las circunstancias entre Chile y Argentina y justamente hacían lo que este “muchacho” que me visitaba, anhelaba y entre actitudes indefensas denotaba mucha inseguridad sin saber a lo que iría. Pero le llamó la atención cuando le dije…¿haaa…tú quieres ser como un “Tumbero”?..me mira sorprendido y con una leve sonrisa me repite ¿Un tumbero? ¿Qué es eso? Su rostro me saca una carcajada y le comento que, en mi niñez, cuando yo iba a almorzar donde mi abuela, ella me decía …ya llegó el tumbero…¡¡¡ para mí era una expresión de cariño, porque en la sopa que mi abuela hacía siempre había un trozo de carne y que le llamaban sopa con una “tumba” y quien ostentaba un trabajo por un plato de comida, se les llamaba justamente un “tumbero”. Este relato saca de su timidez a mi visita y se entusiasma en preguntarme más de aquellos calificativos.
Le conté más detalles de este término “tumberos” en el contexto histórico que no era muy agradable en su tiempo porque particularmente este apelativo fue establecido durante las huelgas obreras de 1920, en que se referían despectivamente a peones y trabajadores de poca importancia, mas considerados vagabundos o personas marginales lo que en esa ocasión fueron reprimidos en sus lugares de trabajo, determinando cierto clasismo por la labor de “poca monta” que realizaban, en fin, con mi visita juvenil nos entreveramos en una cuantiosa lista de términos que se usaban en el campo. Pero me vino la idea de sacarlo de esta no tan gloriosa expresión del “Tumbero” que mi abuela y yo si entendíamos.
Pero si me concentré en hablarle de los Baqueanos, que eran reconocidos expertos trabajadores rurales, algunos descendientes pioneros, extranjeros, habidos de la aventura y el sacrificio, que lograban amplios conocimientos de la geografía de los lugares que transitaban, tanto de la flora como de la fauna y que finalmente eran cotizados y requeridos como guías dentro del territorio como así también para trabajar por sus habilidades con el arreo y el amanse del ganado. Esperemos que a este muchacho que preocupado de su futuro encuentre el camino ideal para enfrentar un mundo caótico y muchas veces cruel.




