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“Estoy viejo pero las tardes son mías…” (Moris) primera parte

Por La Prensa Austral Domingo 22 de Marzo del 2026

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“Yo vivía en el bosque muy contento / Caminaba, caminaba sin cesar / Las mañanas y las tardes eran mías / A la noche me tiraba a descansar…”. Estos son los primeros versos de la canción “El Oso” publicada en 1970 por el rockero argentino Moris y es probablemente la composición que más lo identifica.

En cuanto al rock trasandino y sus figuras más importantes (algunas de ellas fundacionales) generalmente recordamos a los más recurrentes: Litto Nebbia, Charly García, Fito Páez, Luis Alberto Spinetta, Miguel Abuelo, Pappo (Norberto Aníbal Napolitano) o el malogrado “Tanguito” (José Alberto Iglesias).

Sin embargo, en la génesis de esta corriente musical la lista de “pioneros” es amplia, e incluye a otros no tan conocidos (al menos en Chile) y entre ellos encontramos a Moris (Mauricio Birabent, Buenos Aires, 1942). 

Moris es de los “fundacionales”, de esos de los años sesenta, rock en su más pura esencia, revolucionario y contestatario. Nos aventuramos a sostener que, de esa generación, Moris fue el que sostuvo el discurso más duro en términos sociales y políticos, al borde de la canción militante; un discurso que no transó a lo largo de su carrera, hasta el día de hoy con 83 años de edad.

Sus inicios oficiales en el rock se remontan a 1965 en el grupo Los Beatniks integrado junto a Antonio Pérez Estévez, Jorge Navarro, Javier Martínez y “Pajarito” Zaguri (los dos últimos fueron leyenda también). Con “Pajarito” Zaguri componen “Rebelde”, la cara A de su único single grabado: “Rebelde me llama la gente / Rebelde es mi corazón / Soy libre y quieren hacerme / Esclavo de una tradición”. Argentina pasaba por la dictadura de Juan Carlos Onganía, militar que el 29 de junio de 1966 participó en el golpe de estado que derrocó al presidente constitucional Arturo Umberto Illia. Rock y Dictadura son enemigos naturales, se profesan una desconfianza mutua subcutánea. Con cierta frecuencia los jóvenes eran perseguidos y encarcelados; para los tradicionalismos de la época, ser rockero, equivalía a ser casi un vago

Moris y su grupo, junto a otros músicos de esos años, se llevaban bien con la noche e inmortalizaron locales como “La Cueva” en Avenida Pueyrredón casi esquina Juncal en pleno Barrio de la Recoleta, ahí llegaban artistas, poetas, músicos a disfrutar preferentemente del jazz. También frecuentaban “La Perla de Once” en la misma Pueyrredón, pero esquina con Avenida Rivadavia en el Barrio “El Once”, donde Litto Nebbia con “Tanguito” compusieron “La Balsa”, canción considerada como la piedra angular e himno del movimiento. El lugar era frecuentado por una “biodiversidad” similar a la de “La Cueva”, a la cual se agregaban estudiantes de la Uba (Universidad de Buenos Aires) específicamente de la Facultad de Filosofía y Letras (conocida como “Puan”, en alusión a la calle en la cual se emplaza). La noche se iniciaba en “La Cueva” y de ahí a caminar veinte cuadras para llegar a “La Perla”, algo así como ir en Punta Arenas, desde el Monumento al Ovejero a la Población Fitz Roy, pues estamos hablando de “cuadras” de Buenos Aires.

Entre 1967 y 1968, Moris graba las canciones que integrarían “Treinta minutos de vida”, su primer álbum publicado en 1970. Clasificado entre los mejores discos de Rock Argentino, contiene clásicos como el ya mencionado “El Oso”, “Pato trabaja en una carnicería” y “Ayer no más”, que con el paso del tiempo se transformaron en sus creaciones más reconocidas.

“Ayer no más” había sido registrada en 1967 por “Los Gatos” con letra “suavizada”: “Ayer no más, una mujer en mi camino / Me hizo creer que amándola sería feliz…”. La letra original rezaba: “Ayer no más, en el colegio me enseñaron / que este país, es grande y tiene libertad…”. Argentina seguía en dictadura, pero Moris hacía lo suyo con ese áspero tono de voz y su rock crudo, acústico y demoledor. Cantarle a la libertad y a otros valores tiene su precio en dictadura y Moris siempre lo supo.

Continuará…

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