Necrológicas
  • – María Laura Ogaz Dalmazzo de Milovic
  • – Alejandro Juan Matic Damianovic
  • – Miguel Cárcamo
  • – Rose Mimica Mimica

El que no es servidor es un aprovechador

Por Marcos Buvinic Domingo 29 de Marzo del 2026

Compartir esta noticia
164
Visitas

El alza del precio de los combustibles ha sido un tema mayor. Todos andamos con el alma en vilo preguntándonos cuánto van a subir todas las cosas y hasta donde nos alcanzará la plata. También el alza de la bencina nos hace presente la otra cara de la globalización: una lejana guerra entre los supuestos amos del mundo se nos hace cercana y toca nuestros bolsillos.

No me referiré directamente a este problema y a las medidas que el gobierno ha tomado; otros lo han hecho y lo harán con mayor capacidad y competencia; quisiera proponer otra mirada desde lo que los cristianos vivimos y celebramos en estos días.

Todo esto ocurre cuando hoy, los cristianos iniciamos la celebración de la “Semana Santa”. Hoy es el llamado “Domingo de Ramos”, que recuerda la entrada del Señor Jesús a Jerusalén y la confrontación final con sus adversarios. Llega viviendo una apasionada entrega de amor para -como Hijo de Dios- derrotar a los principales enemigos de la felicidad humana: el pecado y la muerte. Me parece relevante preguntarnos qué tienen que ver los problemas y situaciones que vivimos con la celebración de la pasión, muerte y resurrección del Señor Jesús.

El Señor Jesús vivió una vida entregada a su Padre como el Servidor de todos, desde la pobreza del pesebre hasta la entrega total en la cruz. Pasó por el mundo haciendo el bien, liberando de los padecimientos y el mal (el pecado) que oprimen al ser humano, y manifestando en su persona que la muerte no es el final del camino, sino la vida plena en Dios. Es el Servidor de Dios y de todos.

Jesús es el Servidor que ofrece la gratuidad del don de Dios, sin apropiarse de nada ni de nadie, llamando a que cada uno sea libre (“si quieres ser mi discípulo…”) y así viva algo nuevo haciéndose servidor de los demás. El Señor Jesús encontró mucha resistencia, tanto que al final lo mataron, pero permaneció siempre como Servidor; nunca fue dominador ni aprovechador. Jesús murió tal como vivió, invocando el perdón de Dios para quienes lo matan, siempre como el Servidor de todos.

El Señor Jesús no caminó hacia el fracaso, como piensan los que viven desde la fuerza, el dinero, la razón altiva o el poder mundanos. La insospechada novedad de su resurrección nos dice que el camino que ha recorrido es de pleno éxito, es el triunfo del que permanece siempre como Servidor. Su historia no termina en la tumba -que está vacía-, sino que su triunfo viene de Dios que lo resucita como Señor de todo lo creado, y sigue siendo el Servidor de todos.

La resurrección de Jesús es un anuncio increíble para las lógicas de este mundo. El camino del Servidor es un itinerario de éxito pleno: el grano de trigo sepultado en la tierra ha dado una espiga nueva en el Resucitado y en la comunidad creyente que en estos días renueva su fe en el Señor Jesús, dispuesta a seguirlo por el mismo camino de Servidor que Él recorre.

Entonces, ¿cómo vivir la pasión de Jesús y nuestros dolores humanos y acoger que en medio de las dificultades de la vida es cuando Dios está más cerca que nunca de nosotros, como lo hizo con Jesús, el Servidor?

Dios consuela cuando consolamos: cuando nos importa el sufrimiento de los demás y tratamos de abrir otros espacios en sus vidas; allí Dios consuela. Dios acompaña cuando acompañamos, cuando sabemos que no perdemos el tiempo al estar junto con los que lo están pasando mal; entonces, Dios acompaña. Dios sostiene cuando sostenemos, cuando solidariamente damos una mano para sostener cualquier fragilidad; allí Dios sostiene. Él está cerca y nos invita a hacernos servidores de la vida, de los pequeños y los que nos son amados, de los que sufren injusticias y son excluidos. Nos llama a vivir sabiendo que quien no es servidor es un aprovechador, y siguiendo a Jesús Servidor hacemos el camino del éxito según Dios.

En este “Domingo de Ramos” bendecimos a Dios con los ramos que recuerdan que la gente recibió a Jesús con palmas y ramos de olivo cuando llegó a Jerusalén; acá en la Patagonia los ramos son de coigüe. Estos ramos que llevamos a nuestras casas son signo de nuestra acogida a Jesús, el Servidor. Con el signo del ramo le decimos al Señor Jesús: “bienvenido a este hogar, aquí te aclamamos como el Señor de nuestras vidas”. Al poner los ramos en nuestras casas, le decimos a Jesús, el Servidor, que Él es el verdadero dueño de casa y de nuestras vidas.

Pin It on Pinterest

Pin It on Pinterest